21-04-2026, 08:18 AM
(Última modificación: 21-04-2026, 08:19 AM por Sigurd Haakon.)
Mediodía
Día 39 de Otoño, Año 17
Día 39 de Otoño, Año 17
-¿Has conseguido reparar ese maldito cacharro de una puñetera vez?- grita un hombre impacientando. Su voz es aguda, aunque lo intenta disimular forzando un poco la garganta. Está en lo alto de la rama de un árbol viejo, oteando el horizonte con unos binoculares bastante rudimentarios y gastados. Sus ropas son demasiado elegantes para la actividad que está ejerciendo. Lleva puesto un pantalón negro de vestir con clase, rasgado y manchado por la propia fuerza de la naturaleza. Una camisa blanca remangada, sudada por la zona del cuello y las axilas, desabotonada por el punto más alto para filtrar un poco más el aire y no ir tan apretado. Los mocasines han dejado de ser negros para combinarse con la tierra y el polvo del lugar. Su piel es pálida, marcada por diversos cortes y moratones que se ven a simple vista. Lleva una barba recortada y la cabeza rapada, aunque sin llegar al cero, dándole un aspecto norteño o del este. -Estoy hasta la polla de esperar en este lugar de mierda.-
-No me seas intenso, coño. Voy tan rápido como puedo- le replica el compañero, algo agobiado. La respuesta es directa, aunque se le nota más amable y menos áspero que al anterior a la hora de hablar. Es un hombre más corpulento pero se le ve más cuidado y menos agresivo tan solocon verlo trabajar. La apariencia está cuidada en la medida de lo posible, conservando la integridad de los pantalones y conservando la americana sobre la camisa blanca, que está completamente abotonada. Quizás por eso resaltan menos las manchas de aceite y sangre que pueden ver los ojos más expertos y detallistas. Sin embargo, su rostro es más afilado, con una barba densa y un peinado que lo identifican como el veterano de la pareja. -Tú sigue vigilando y deja que me encargue de esto, hermano. Confía en mí.-
Y es que esta dupla tan peculiar está en mitad de una misión de alto secreto. Ambos agentes del Gobierno Mundial son del Grupo de Operaciones Especiales de Infiltración de La Marina. Soldados especializados en la intervención rápida sobre el terreno enemigo, ataques relámpago desapercibidos y eliminación de personas de alto valor. Son de los pocos agentes que han podido plantar un campamento oculto en mitad de una isla tan convulsa como Jaya, liderada por la banda criminal "Daten Shi" y operar desde dentro como agentes dobles. Si es que no los únicos. ¿Problema? El Agente A. , torpe como él solo, ha dejado caer el transmisor de comunicaciones por error contra una roca del camino, y ahora ha quedado totalmente inutilizado y sin señal aparente, convirtiendo el éxito de la hazaña en fracaso estrepitoso de un momento a otro. El Agente V. , más cuidadoso y espabilado con la tecnología, trata de reparar a velocidad récord el aparato, mientras el impaciente A. guarda vigilancia desde una posición elevada, sobre las ramas de un árbol viejo a escasos metros del refugio.
Base de Operaciones
-Sisi... Sí yo confío...- masculla el Agente A. , mientras se gira sobre la propia rama para continuar con sus funciones. -La putada es que la he liado parda...- maldice para si mismo, asumiendo la responsabilidad en silencio, deseando que su hermano arregle el desastre (como de costumbre). Con ambas manos, coge los binoculares y se pone a buscar peligros o anomalías cercanas. No tarda mucho en darse cuenta de que quizás no debería de haber alzado la voz tanto. -Mierda...-
Es relativamente temprano todavía, no pasarán de las 3 o 4 de la tarde. El Sol no pega demasiado duro, pero tampoco se ve una sola nube en el cielo. El clima es perfecto para darse un paseo por el monte y cruzar los bosques, arropado bajo la sombra de los grandes árboles. Hace varios días que vas a la tuya, alejado del Veldformir y sin noticias de Sigurd. Lo normal cada vez que llegáis a una nueva isla. Lo que sí le prometiste fue en ayudarlo en recolectar acero para nuevas armas y artilugios. Recuerdas lo ansioso que estaba tu hermano haciendo cuentas de cuánto material necesitaba y como te reias de él a carcajada limpia, pero aún así te ofreciste para echarle un cable. Eso os caracteriza sobre cualquier otra banda pirata: Lealtad y fraternidad llevadas al máximo nivel.
Paseas por Colubo, cumpliendo tu palabra. Estás atento a cualquier grieta o gruta mineral que se te presente para meter mano y a puño limpio, como ha de ser, quebrar la roca y obtener lo deseado. En una de estas, siguiendo caminos cada vez más escarpados y sinuosos, te topas con un árbol singular. Uno con la corteza más oscura y un nido de hormigas en las raíces. ¿Y que hace de ese árbol algo especial? Que lo recuerdas. Ya lo has visto antes. Mierda... Estás perdido.
Miras de un lado a otro, buscando algo que puedas indetificar para guiarte en mitad de este desierto verde. Tomas una ruta, luego otra, incluso retrocedes tus pasos tanto como tu memoria te lo permite. Pero acabas en el mismo lugar o en otro que te recuerda al anterior que te recuerda a otro que ya viste... Nada. Por un segundo se te pasa por la cabeza llamar a Sigurd, pero la idea es efímera, porque sabes que ese cabeza hueca se va a perder tanto o más que tú. Antes talaría el bosque en línea recta que encontrar la manera correcta de salir. Aunque, tal vez, podrías copiar su estrategia.
Le das vueltas por la cabeza un segundo. Barajas todo tipo de posibilidades, varias fundas y algunas plausibles. Te dispones a ello, escogiendo la idea que más lógica tiene para tí, que no dejas de ser un monstruo de 4 metros de alto capaz de derribar edificios con un par de golpes bien dados. Y en una de estas, al voltear el rostro... Le oyes.
Una voz humana. Una que llega desde un rincón oculto entre la maleza y que se queja de algo que no llegas a descifrar. Por unos instantes revisas el suelo, pues no quieres que te pase lo mismo que en Little Garden y estés rodeado por Tonttatas otra vez. Pero no. La voz replica y viene de arriba, es un grito humano. Rebuscas con avidez y cautela en la lejanía y ahí lo ves. Descubres a un hombre vestido de blanco, observándote desde la rama de un árbol. Estará a unos 50 metros, y parece demasiado formal como para ser un pirata vulgar, aunque va demasiado magullado para ser un noble del montón. Es un hayazgo curioso, sin duda, aunque inesperado.
-¿Qué pasa ahora, tío?- se pregunta el Agente V. , al escuchar como A. se lamenta. Aún ni con esas, despegaa vista del artefacto, conectando cables y buscando la solución al problema. Lo que no se espera es la respuesta, que cae como un jarrón de agua fría.
-Un bicho enorme a unos 50 metros más o menos...- titubea con voz temblorosa en respuesta. Si las cosas ya iban mal, ahora van peor. Se baja los binoculares y observa a la criatura en el tú por tú. -Y él también nos ha visto...-
Cajita feliz

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