Cuarto Frío [Priv. Jin] [Pasado]
#1
Día 27 de Otoño, año 14
Sorbet Norte
 
En su mente repasó el guion una y otra vez.
 
No, no por nervios, era más bien por esas ansias que se generan antes de cualquier cita de negocios.
 
Debía estar acostumbrado. No, de hecho, ya estaba acostumbrado; sin embargo, sus problemas de memoria con los nombres y rostros solían jugarle en contra si no estudiaba antes, pero ahora debía estar listo.
 
Releyó varias veces la fecha, hora y lugar del encuentro y, finalmente, salió de su casa dos horas antes, para llegar a tiempo al sitio, después de todo, sabía que lo más probable es que se perdería mil y un veces antes de llegar, debido a su mala orientación.
 
Esa tarde, para su buena suerte, el clima era agradable. Los rayos del sol iluminaban los caminos de las calles de Sorbet Norte, pero no eran tan potentes como para que el calor fuera un problema, además, el viento soplaba con ligereza, regalando una frialdad que hacía que la caminata fuera relajante, aunque el caminante estuviera perdido y lejos de su destino.
 
Varias veces tuvo que mirar el papel en donde la dirección estaba anotada, incluso preguntó a algunas personas en la calle, la mayoría, por no decir todos, le respondían de muy buena gana, después de todo ¿Quién le negaría la palabra a un inocente y hermoso ser andrógino? Solo bastaba una mirada inocente y confusa, seguido de una sonrisa para que las personas cedieran de buena manera a ayudarlo y más al verlo ataviado con un elegante kimono de tonos turquesas y un haori blanco que, a todas luces, lucía como la bata de un médico. Sí, a simple vista parecía un elegante médico extranjero. Llamativo, sí, pero solo un médico… ¿Por qué no confiar en él?
 
Por esa causa un marine de cabellos entre rubios y rojizos fue quien terminó guiándolo a la calle en donde se supone que encontraría el sitio acordado para su reunión. El hombre de la ley incluso le dejó su tarjeta “por cualquier eventualidad”, una razón que dejó al médico sonriendo de medio al haberse ganado una cita de gratis con alguien que podría darle buenos contactos en el futuro.
 
Guardó la tarjeta en su billetera y, luego de despedirse del uniformado lanzándole un beso al aire con dos de sus dedos, algo que hizo que el marine se sonrojara y sonriera con timidez, el pelirrosa caminó por la calle hasta encontrarse, afuera de un establecimiento bastante lujoso.
 
No había que ser un genio para darse cuenta de que se trataba de un club de lujo, de esos que suelen reservarse la admisión de sus clientes y que, generalmente, prefiere tratar con personas influyentes. Aquel lugar solo hizo que el médico sonriera con sarcasmo… ¡Vaya manera de esconderse! Era increíble como a veces el llamar la atención resultaba la mejor estrategia para, precisamente, desviar la atención.
 
Caminó hacia la puerta, con su maletín negro en una de sus manos y con un aura de autosuficiencia y belleza que era imposible de ignorar…Un aura que distaba de la distraída que solía presentar en los días comunes y corrientes, algo que solo salía a la luz cuando de su trabajo se trataba, a fin de cuentas, esto era de las pocas cosas en las que podía sentirse seguro cuando hablaba, era su refugio de memoria, algo que su mente se negaba a que se escurriera de ella y, por eso, le fascinaba.
 
Un hombre alto, mucho más alto que él, lo recibió en la entrada, de brazos cruzados y con cara de pocos amigos. El médico, en cambio, solo rodó los ojos cuando lo vio ponerse a la defensiva en la puerta y, como a todos, le sonrió con ingenuidad, haciendo gala de esa belleza que era imposible de ignorar.
 
—Buenas tardes, caballero —. Al hablar su voz sonó melódica, pero seria y nada dubitativa ni distraída. —He venido a ver a In…—Y hasta ahí llegó su seguridad. Respiró hondo y sacó de su bolsillo el papel en donde tenía anotado con lujo de detalles todo lo que debía saber para el encuentro del día. —Inu…Onizuka Jin. Me ha citado hoy, día 27 de otoño, a las 6:00 de la tarde para hablar sobre…negocios. Mejor dicho, vengo a demostrarle mis habilidades para manejar mercancía, piezas intercambiables —. Cuando pudo pronunciar el nombre del hombre al que debía ver, sus siguientes palabras salieron con tanta elocuencia que cualquiera olvidaría su desliz con el nombre.
 
—Y son las 5:30 de la tarde…espero que a su jefe no le importe que haya llegado un poco antes. No me molesta esperar de todos modos, aunque preferiría que fuera dentro del establecimiento, entonces… ¿Me dejaría usted pasar? —Cuando hizo la pregunta parpadeó con gracia, haciendo que sus pestañas se vieran más largas de lo normal, algo que hacía para ganarse al serio tipo de la entrada, porque no tenía intención alguna de esperar en medio de la calle; sin embargo, antes de que el enorme sujeto de tres metros pudiera decirle algo, la puerta se abrió y un hombre joven de rojos cabellos salió del lugar.
 
El pelirrosa lo miró, confundido, mientras empezaba a morder el interior de su boca con algo más de fuerza de lo normal, aquella mala maña lo ayudaba a pensar mejor...¿Y pensar en qué? Pues simple...encontraba algo familiar en el pelirrojo... ¿Lo había visto antes? Estaba seguro de que sí, pero no podía recordar cómo ni donde y, mucho menos, podría recordar su nombre y, por el otro lado, el chico pelirrojo, de su rostro casual pasó a uno sorprendido y luego a uno ilusionado, el médico pudo notar como los ojos le brillaron un poco al verlo… ¿Acaso habían sido amantes o algo así? No, imposible, el pelirrosa prefería a los rubios, pero… ¡Ah! Si el chico no hablaba entonces no podría recordar jamás de donde se conocían.

Botiquín. Solo abrir en caso de emergencia.
[Imagen: hyakocheja.png]
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Cuarto Frío [Priv. Jin] [Pasado] - por Hyákinthos - 21-04-2026, 08:35 AM

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