21-04-2026, 11:38 AM
Para su sorpresa aquella chica al despertarse parecía más preocupada por el que por otra cosa, lo cierto es que la chica actuaba de una forma bastante peculiar, pero lo cierto es que se quedó embobado unos segundos cuando ella le dedicó esa sonrisa encantadora… ¡Que mona era la jodia! Pero tenía más preguntas que otra cosa… La primera era… ¿Por qué le llamaba tómate? Era algo que no terminaba de explicarse.
Una retahíla de preguntas completamente seguidas las cuales era obvio que no iba a recordar todas las que le había hecho, y mucho menos responderlas en orden, por lo que suspiro, se incorporó un poco sobre la cama sin darse cuenta de que probablemente la herida se le había abierto por el esfuerzo, pero por el momento no sentía nada.
– Esto… ¿Cómo te llamas y por qué me llamas Tómate? – Preguntó extrañado. – Me llamo Jesse, encantado. Y gracias, supongo que tu me ayudaste. – Sin quererlo le dedicó una sonrisa seductora, le salía casi sin querer.
Lo cierto es que mirando alrededor aquella si parecía un clínica de un matasanos, no es que hubiera visitado muchos, pero si le hablaban de uno se podía imaginar algo así, lejos de algo que diera confianza, pero bueno, al menos seguía con vida que no era poco, aunque claro, por lo general nadie se muere de un tiro en el hombro, a no ser que haga la estupidez de no buscar de inmediato un médico… ¡Tal y como hizo él! Suerte que esa chica tuvo bastante más cabeza que él, cosa que observando su comportamiento le sorprendía.
Escuchaba y analizaba sus palabras acerca del sustrato o cosas así, de las cuales él no entendía, pues no era científico, cuando la chica señaló que el vendaje se estaba poniendo rojo… Y cuando lo miro, evidentemente, así era.
– Mierda, seguramente se han abierto los puntos. – Murmuró. – ¿Podrías avisar al matasanos, cielo? – Le volvió a sonreír a la muchacha, usando ese término cariñoso para poder convencerla. Realmente no estaba muy preocupado por eso, pero era importante que lo viera quien le había curado.
Suspiró y se frotó el puente de la nariz, solo él iniciaba una mañana de copa y acababa con un tiro y en la clínica de un matasanos, probablemente medio muerto.
Una retahíla de preguntas completamente seguidas las cuales era obvio que no iba a recordar todas las que le había hecho, y mucho menos responderlas en orden, por lo que suspiro, se incorporó un poco sobre la cama sin darse cuenta de que probablemente la herida se le había abierto por el esfuerzo, pero por el momento no sentía nada.
– Esto… ¿Cómo te llamas y por qué me llamas Tómate? – Preguntó extrañado. – Me llamo Jesse, encantado. Y gracias, supongo que tu me ayudaste. – Sin quererlo le dedicó una sonrisa seductora, le salía casi sin querer.
Lo cierto es que mirando alrededor aquella si parecía un clínica de un matasanos, no es que hubiera visitado muchos, pero si le hablaban de uno se podía imaginar algo así, lejos de algo que diera confianza, pero bueno, al menos seguía con vida que no era poco, aunque claro, por lo general nadie se muere de un tiro en el hombro, a no ser que haga la estupidez de no buscar de inmediato un médico… ¡Tal y como hizo él! Suerte que esa chica tuvo bastante más cabeza que él, cosa que observando su comportamiento le sorprendía.
Escuchaba y analizaba sus palabras acerca del sustrato o cosas así, de las cuales él no entendía, pues no era científico, cuando la chica señaló que el vendaje se estaba poniendo rojo… Y cuando lo miro, evidentemente, así era.
– Mierda, seguramente se han abierto los puntos. – Murmuró. – ¿Podrías avisar al matasanos, cielo? – Le volvió a sonreír a la muchacha, usando ese término cariñoso para poder convencerla. Realmente no estaba muy preocupado por eso, pero era importante que lo viera quien le había curado.
Suspiró y se frotó el puente de la nariz, solo él iniciaba una mañana de copa y acababa con un tiro y en la clínica de un matasanos, probablemente medio muerto.
Liame
