21-04-2026, 04:21 PM
Aún me estaba recobrando del susto que me había dado aquel estruendo de cristales rompiéndose, que precedió al vuelo de un taburete de taberna cruzando la calle. Aquella ciudad podría ser el sitio más ruidoso en el que había estado nunca, incluso mucho más que aquel antro de Samba en el que coincidí con DaSilva. Peleas de bar, peleas callejeras y peleas de ajustes de cuentas. Otras veces tan solo eran piratas demasiado ruidosos como para poder mantener una conversación en un tono de voz normal. En fin. Ruido, ruido y más ruido.
Caminé junto a Kiyoshi, atendiendo a sus preocupaciones acerca de nuestro cocinero. Para mí, Uker era alguien menos cercano que el resto. No por falta de confianza —navegar por estos mares y enfrentar poderosos enemigos unía bastante— sino más bien por ser el último de los que se habían unido a la tripulación. No era así para el doctor, pues Kiyoshi ya había navegado junto a él en el pasado. Bien es cierto que Uker parecía cocinar poco para ser cocinero, pero siempre tenía algún trozo de fruta fresca preparado para nosotros. Algo que era de agradecer, ya que en el mar no es fácil mantener una buena alimentación.
—¿A qué crees que se debe ese cambio? —pregunté sin mirar al doctor. Mis ojos saltaban de un rincón a otro en busca del siguiente objeto doméstico aprendiendo a volar.
Quedé sorprendido por la respuesta de mi compañero. Nunca hubiera imaginado que no tener pareja sentimental fuese el motivo de un cambio de actitud tan notable como el que destacaba Kiyoshi. ¿Acaso yo también cambiaría así si algún día tuviese novia? Esperaba que no fuese así. Sí que había algunos detalles de mi que me gustaría cambiar: podría ser menos cobarde, tal vez mejorar mis dotes comunicativas, incluso convertirme en alguien menos reservado... Había estado trabajando en ello durante meses y... ¿podría resolverse teniendo novia? Deseaba que pudiese haber un camino más fácil, pues en veintisiete años, nunca había encontrado pareja.
Sorteé un pirata borracho que yacía en el suelo y entonces comprendí por qué me había pedido Kiyoshi que lo acompañara aquella mañana. Estábamos en busca de una pareja para nuestro cocinero. Un sudor frío recorrió mi mente al pensar en mi poca experiencia con mujeres. Solo deseaba que Kiyoshi fuese más capaz que yo en ese área. Pensé lo complicado que sería para nosotros encontrar alguna fémina. Desde que los piratas del Cabaret se hundieron, no me había topado con muchas. Bien es cierto que en aquella ciudad, habíamos visto bastantes mujeres piratas. Mujeres rudas y corpulentas, otras finas pero letales. Sin duda encontraríamos alguien del gusto de Uker.
—Que cómo me gustan a mi? —respondí a la pregunta de Kiyoshi, más por ganar tiempo que por sorpresa. Pensé en las características que me serían atrayentes en una mujer. Me imaginé unas zarpas suaves, una mirada sincera, una figura voluptuosa... Antes de darme cuenta, mi mente volaba con la imagen de una mink gata recostada en mi regazo, ronroneando. —Ehm... Yo... —aflojé el cuello de mi camisa con un dedo, el sudor corriendo por mi frente—. Supongo que estaría bien una con buenas... maneras.
—¿A qué crees que se debe ese cambio? —pregunté sin mirar al doctor. Mis ojos saltaban de un rincón a otro en busca del siguiente objeto doméstico aprendiendo a volar.
Quedé sorprendido por la respuesta de mi compañero. Nunca hubiera imaginado que no tener pareja sentimental fuese el motivo de un cambio de actitud tan notable como el que destacaba Kiyoshi. ¿Acaso yo también cambiaría así si algún día tuviese novia? Esperaba que no fuese así. Sí que había algunos detalles de mi que me gustaría cambiar: podría ser menos cobarde, tal vez mejorar mis dotes comunicativas, incluso convertirme en alguien menos reservado... Había estado trabajando en ello durante meses y... ¿podría resolverse teniendo novia? Deseaba que pudiese haber un camino más fácil, pues en veintisiete años, nunca había encontrado pareja.
Sorteé un pirata borracho que yacía en el suelo y entonces comprendí por qué me había pedido Kiyoshi que lo acompañara aquella mañana. Estábamos en busca de una pareja para nuestro cocinero. Un sudor frío recorrió mi mente al pensar en mi poca experiencia con mujeres. Solo deseaba que Kiyoshi fuese más capaz que yo en ese área. Pensé lo complicado que sería para nosotros encontrar alguna fémina. Desde que los piratas del Cabaret se hundieron, no me había topado con muchas. Bien es cierto que en aquella ciudad, habíamos visto bastantes mujeres piratas. Mujeres rudas y corpulentas, otras finas pero letales. Sin duda encontraríamos alguien del gusto de Uker.
—Que cómo me gustan a mi? —respondí a la pregunta de Kiyoshi, más por ganar tiempo que por sorpresa. Pensé en las características que me serían atrayentes en una mujer. Me imaginé unas zarpas suaves, una mirada sincera, una figura voluptuosa... Antes de darme cuenta, mi mente volaba con la imagen de una mink gata recostada en mi regazo, ronroneando. —Ehm... Yo... —aflojé el cuello de mi camisa con un dedo, el sudor corriendo por mi frente—. Supongo que estaría bien una con buenas... maneras.
Me detuve junto a mi compañero. Un ruido reconocible salía de la puerta junto a nosotros. Sin duda, una trifulca había comenzado en aquella cantina. Así la correa de mi rifle con firmeza. Para asegurarme de que seguía allí, para asegurarme de que podría encañonar a enemigos sin mucha dificultad. Observé la fachada y supe que aquel era un lugar tan bueno como otro en aquella ciudad para encontrar alguien para Uker.
—¿Acaso es posible encontrar algo relajado en esta isla? Llevo días sin poder concentrarme en ninguna de mis lecturas —me encogí de hombros mirando a Kiyoshi. Agarré el ala de mi sombrero y asentí. —Después de ti, doctor. Tal vez tengamos suerte y podamos encontrar alguien para Uker. Aunque dudo mucho que podamos encontrar alguien inteligente en un lugar así.
Inteligente. Esa debía de haber sido mi respuesta. Eso era lo que de verdad me gustaba de alguien.
