[Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi!
#2
¿Defectos? No tengo. Defectos, lo que se dice defectos, ninguno.

Bueno, a ver, déjeme pensar...

¡Eureka! Sí, uno tengo. Uno solo: este corazón mío, que es grande, grande, coño, ¡grande como una nación!, y voluntarioso. Tengo un corazón que no me cabe en la caja torácica, y mire usted qué caja, haga el favor. Mire qué pechito. Toque, toque. Kairoseki puro. Y todo natural, ¿eh? Todo, todito...

¿Qué le estaba yo contando...? ¡Ah, sí, mi defecto!

Como le venía diciendo, si de algo peco es de ser un tipo de natural dispuesto, ¿sabe? Generoso, bondadoso, atento, solícito. ¿Que necesita que le echen una mano? Tsunamaro. ¡Tsé! Y el primero, que no se diga.

Alguna vez, fíjese lo que le digo, alguna vez me ha pasado que le confieso a alguien esta tara mía, y se creerá usted que más de uno me sale con que no, que no es un defecto. ¿Que no es un defecto?... ¡Tsk! Lo sabré yo, que lo padezco.

Anda que no me ha traído a mí problemas este... este altruismo que yo exudo por todos los poros del cuerpo. El otro día, sin ir más lejos, aquí mismo, en la plaza del puerto... Todavía lo pienso y parece que hubiera pasado hoy mismo.



—¡Ay, esas jovencitas guapas por la tarde! —le canturreé sin detenerme.

Por el rabillo del ojo me pareció ver cómo ella, que de joven tenía lo que yo de humilde, dejaba de enrollar telas de colores y levantaba la cabeza para negar en silencio. Con una sonrisilla en la boca, eso sí.

Yo, con haberle decorado un momento la cara de contento, me daba con un canto en los dientes. Aquella anciana era tan amable conmigo. Sin sus auspicios, un servidor exhibiría en estos momentos sus vergüenzas al céfiro vespertino, porque yo, para gastar en telas y ropas, no tengo.

Así, satisfecho, dirigí mis pasos hacia la taberna. Sin embargo, pronto advertí que había por allí un marine. No le vi haciendo nada en particular, sino quieto, sospechosamente quieto, y a mí, que, aunque lo sea de poca monta, sigo siendo un pirata, aquello no me olió bien, así que me di media vuelta y decidí rodear toda la plaza para alcanzar mi destino, pensando que, dioses mediante, me alcoholizaría solo con cinco minutos de retraso.

El paseíto, no obstante, resultó algo más accidentado de lo que tenía previsto, toda vez que casi me como al chavalito este... ¿cómo se llama? Sí, hombre, el muchachito este tan simpático que va siempre pegado a las faldas de su madre. Se me ha ido el nombre, pero bueno, ese, ese niño. Casi me lo como porque había pillado un carro de a saber dónde y jugaba a manejarlo por la plaza. Iba y venía empujando aquella cosa que sonaba como un gato arañando cristales.

—Cuidaaaado, maestro —alcancé a decirle antes de que me esquivara—. ¡Joooder! ¿Pero tú qué desayunas, pimpollo, vigas de roble? Estás cada día más alto. Pensé que me iba a atropellar una farola.

La verdad es que parecía un tontatta, el angelito, pero como no era la primera vez que le endilgaba la chanza y me constaba que se descacharraba cada vez que la oía, pues se la solté. Uno, que es así de campechano, qué le vamos a hacer.

A todo esto, el chiquillo seguía erre que erre con el carrito de los cojones, así que no tengo del todo claro si me escuchó o si el sonido infernal de su juguetito opacó mis bienintencionadas hipérboles. Lo seguí unos instantes con la mirada, principalmente porque me pareció que jugaba peligrosamente cerca del bordillo del muelle, justo al lado de un cajón que, tan pronto como me percaté de su existencia, atrajo toda mi atención.

La pieza en cuestión, a mis ojos, no porque fuera yo un portento —que, modestia aparte, lo soy y a la vista está—, sino por ser un gyojin y, por tanto, conocedor de los efectos que tiene el contacto con los ambientes marinos en la madera, había despertado mi curiosidad por varios motivos.

En primer lugar, la madera era oscura y se mantenía oscura. Bastaba echar un vistazo rápido a la gama cromática de la siempre cansada plaza del mercado de Baquella para darse cuenta de que la madera de uso diario de los trabajadores del mar estaba blanqueada por la sal y comida por la humedad.

«Este cajón ha venido no hace mucho de afuera y metido en algún sitio», deduje.
Mi hipótesis se vio reforzada cuando, además, noté que no tenía marcas de agua ni olor a mar.

Sin darme del todo cuenta, me había desviado e ido acercando al cajón. Era visible porque la lona que lo abrigaba había ido desplazándose, al parecer, por el viento, lo que me indujo a pensar que quienquiera que la hubiese atado lo había hecho o con una falta evidente de diligencia o con prisa.

«¿Tal vez quien lo dejó no se tomó la molestia de asegurarla porque pensaba volver rápido a por él?»

La curiosidad me estaba matando y estuve a punto, pero a puntito, de descorrer yo mismo la lona y abrir la caja. Lo habría hecho, ¿eh? Juradito. Pero un destello me cegó antes de poder ponerle la aleta encima y me hizo recuperar la cordura. El fulgor provenía de la base del cajón, de algo metálico que había allí y que, al contacto con la luz de la tarde, había soltado aquel brillo. Así, me agaché para contemplarla y lo que vi fue...

¡A mí!
(Mi reflejo, entiéndaseme...)

Dioses benditos, aquel día estaba todavía más guapo que el anterior y solo menos apuesto de lo que lo estaría al día siguiente. Tanto me obnubiló mi reflejo que lo que fuera que estuviera grabado en aquella placa —aunque algo vi, algo leí, y en mi subconsciente quedó— tardaría un tiempo en procesarlo. Además, no era el momento de entretenerme con aquello.

Que no se me malentienda: no descartaba volver luego; es solo que, estando allí, medio agazapado tras el cajón, presencié una escena que me recordó a mis tiempos mozos en el Distrito Gyojin: un mink extorsionando al viejito de los pescados.

¡Al viejito de los pescados! ¿Hola? Ese pobre hombre debería haberse jubilado hace, lo menos, dos lustros. ¿Acaso no sabe con quién está tratando? Claro que lo sabe: no es la primera vez que lo hace, ni se molestó en disimular tamaña bellaquería.

Yo no había visto a ese fulano en mi vida. El tipo tenía presencia: un mozallón altote, con su chupita de cuero, peinadito para arriba. Le sacaba partido a los rasgos de hiena con los que lo había hecho la madre, que muy probablemente lo malcrió. Tenía, en mi nada modesta opinión, facha. Si me lo hubiera topado antes, lo recordaría.

Mal asunto cuando un ejemplar así se dedica a sacudirle la badana a los más débiles. Por su parte, el marine apostado a pocos metros, por descontado, ni se enteró ni quiso enterarse —o eso me pareció, que es lo que suele suceder con los tipos de uniforme—. En fin, que, a falta de otros cuerpos, sería el mío serrano el que se lanzaría a imponer su justicia.

[Imagen: lYDha5rD_o.png]
Tsunamaro —¡Presente!— no iba a consentir que la cosa quedase así.

A su vez, el chucho ni se inmutó. Soltó al pobre señor y se quedó "mirando la plaza, decidiendo a quién se le tocaba a continuación".


—¿Sí? ¿Ajá? ¿Ha tomado nota de todo, verdad? —hablaba alto, con la mano pegada a los morros, fingiendo tener un den den mushi y de espaldas a aquel mink hiena, con la clarísima intención de que el condenado chucho escuchara bien lo que decía—. Testigo presencial de los hechos, eso es. Tomó nota antes su compañera de mi nombre.

Proseguí la pantomima, mirando de reojo cada dos por tres al fulano al que, en mi infinita bondad, había decidido conceder el honor de ser embaucado por el gyojin más apuesto de los siete mares mediante el noble ardid de fingir una comunicación urgente con la Marina con fines incriminatorios.

—No, caballero, no. Tsunamaru no, Tsunamaro. Ter-mi-na-do en «o». Eso es. De acuerdo, aquí les espero.

Y colgué. Fingí que colgaba, más bien. Y que me guardaba algo del tamaño de un caracol transmisor en el bolsillo de mi sobrecamisa. Hasta me tomé la molestia de fonetizar por lo bajini el gacha (ガチャ). Que lo clavo, ¿eh? Atento:


[Imagen: sUMYAFAn_o.png]

—Je... —entoné todavía de espaldas, a una distancia prudencial; era evidente que me dirigía al mink—. Lamento tener que interrumpir de una manera tan tosca su encomiable farmeo de pulgas...

Ahí ya me giré y...

[Imagen: h0siYWZQ_o.png]
(Mierda…)

A ver, las cosas como son, de cerca, el hombre, así, de primeras, me impresionó. Que sí, que casi me cago. Mira, cuando tengas delante un hombre hiena de dos metros bailoteando el belfo para dejar expuesta esa dentadura amarillenta, con colmillos del tamaño de sardinas, hablamos. Cada vez que exhalaba por esa bocota desprendía un tufo a cosa muerta...

Suerte que uno, que es precavido, tuvo a bien hacer sus cálculos y, como el cánido mide —palmo arriba, palmo abajo— lo mismo que yo, unos dos metros y poco, me mantuve alejado unos tres metros: lo suficiente para que no pudiera alcanzarme de un mordisco sin desplazarse primero; tiempo que, suponía, podría usar para contraatacar.

Total, que el telón ya se había levantado; Show must go on. Hice de tripas corazón y, sin apenas coger aire, di una segunda vida a mi verbo:

—...Pero me temo que debo ilustrarle acerca del inminente devenir de su biografía. Y es que, dentro de un suspiro escaso, va a comparecer por esta plaza una cuadrilla de uniformados de la Marina a quienes se les ha trasladado que un pulguino mamarracho, todavía presente en la escena del crimen, ha tenido la osadía de cometer un delito continuado de extorsión. De modo que, apelando a su instinto de conservación, le propongo llegar ambos a un entendimiento temprano que satisfaga los intereses de ambas partes.

—LO QUE LE PROPONGO —elevé el tono si hacía ademán de interrumpirme— es que devuelva usted al venerable pescadero hasta la última moneda mangada, cese en sus achantes y desaparezca para siempre de la humilde Baquella. A cambio, quien le habla, que es hombre de natural caritativo, se encargará personalísimamente de informar a los agentes de que vio al culpable embarcar, con sospechosa premura, rumbo al Calm Belt. Se evitará la cárcel, el bochorno y la mentada de madre que un servidor va a propinarle si no cesa en sus fechorías.

Listo.

Yo creía haber sonado convincente.

En aquel momento hasta se me ocurrió que quizá podríamos hacer buenas migas. Siempre había querido tener una mascota.


Karmas

Resumen


Mensajes en este tema
[Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por Kazan - 19-04-2026, 11:26 AM
RE: [Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por Tsunamaro - 21-04-2026, 04:37 PM
RE: [Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por Kazan - 22-04-2026, 07:24 AM
RE: [Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por Tsunamaro - 23-04-2026, 01:37 AM
RE: [Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por Kazan - 23-04-2026, 01:58 PM
RE: [Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por Tsunamaro - 25-04-2026, 02:29 AM
RE: [Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por Kazan - 27-04-2026, 09:35 AM
RE: [Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por Tsunamaro - 29-04-2026, 02:40 AM
RE: [Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por Kazan - 29-04-2026, 10:06 AM
RE: [Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por PX-6 - 01-05-2026, 11:09 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)