22-04-2026, 12:00 PM
Ver a Miyori caminar junto a ella le daba algo de alegría, cosa que se pudo notar en la sonrisa que se le formó inmediatamente después de verla. Y mientras caminaba como si la calle le perteneciera, se acomodó la bolsa de berries al hombro, haciéndola sonar un poco y luego manteniéndola cuidadosamente en un sitio con sus alas; no servían para volar, pero bien que ayudaban a ocultar el tipo de botín que cargaba encima.
—¿Tarta de mora azul? ¡Ciertamente tienes buen gusto! —exclamó, recuperando su tono vibrante y amable luego de haberse hecho la tonta y muda ante los marines antes—. Yo soy más de los clásicos... un buen hojaldre con crema... aunque, a decir verdad, la tarta de mora azul se me antoja ahora mismo. Y es tu culpa.
Cuando Miyori lanzó las preguntas sobre su familia y sus alas, Yuuki se tensó un poco, aunque no por nada en especial. Simplemente los recuerdos se le desbloquearon muy pronto en su cabeza. Fue un gesto casi imperceptible, una sombra que cruzó sus ojos antes de que la despreocupación volviera a su sitio. Miró de reojo sus propias alas y luego miró hacia las nubes, como si buscara algo que ya no estaba allí.
—¿Familia? —repitió, y esta vez su sonrisa fue un poco más afilada—. Digamos que mi familia y yo tuvimos una pequeña diferencia de opiniones y no vamos a poder vernos en un rato. En cuanto a las alas...
Ya habían llegado a una zona más comercial del pueblo. La birkaniana se detendría frente al escaparate de una pequeña tienda de suministros navales, y luego hablaría señalando un mascarón de proa desgastado que representaba a una mujer alada.
—Pues sí, todos en mi familia tienen. Pero si miras con cuidado, verás que más de uno por ahí andará con algunas. Ya sea en su espalda o en su barco —hizo un gesto amplio hacia el bullicio del puerto, era como si quisiera mostrarle algo nuevo a Miyori. Incluso cuando sabía que ella había vivido crecido allí también—. Puede que mis alas tengan plumas. Pero todos tienen alas de algún tipo, amiga mía. ¿Las tuyas cómo serán? ¿Hm?
Retomó el paso, pero esta vez se acercó un poco más a Miyori, bajando el tono de voz de manera confidencial, como si fuera a contarle un secreto de estado.
—Y aunque me encanta cuando hablamos de mí. Es más sígueme diciendo lo hermosa que soy... Dime una cosa... si mañana apareciera un capitán en este puerto que buscara una violinista para recorrer el enorme Mar Azul, ¿te subirías sin mirar atrás? ¿O te quedarías pensando en qué dirían en casa?
Yuuki la miró con intensidad aunque sin detenerse, desafiándola con la mirada. En algún momento cuando habló, se había adelantado y ahora caminaba de espaldas frente a Miyori. Fue entonces cuando notó que ya habían llegado, incluso pasaron frente a la panadería. El olor a pan recién horneado y azúcar glaseada inundó el aire, era definitivamente el olor que esperaba recibir de aquella tienda. No podía creer que seguía allí y que todavía seguían haciendo postres con los mismos aromas.
—Genial, ¡Ahí están! —Yuuki señaló las galletas que estaban exhibidas en la vitrina con emoción infantil, olvidando por completo la seriedad de hace un segundo—. Y hay galletitas de varias formas. Seguro que también habrá tarta. ¿Llevamos una docena para después también? ¡Ciertamente hoy invito yo!
Se adelantó hacia la entrada de la panadería, pero antes de entrar, se giró hacia la pelirroja con una travesura brillándole en los ojos. El dueño de la panadería salió a recibirlas a las dos y aguardaría allí mirando a Miyori también. Se veía que era un hombre anciano. Bastante anciano. Y no parecía mirar a Yuuki como una desconocida.
—¿Tarta de mora azul? ¡Ciertamente tienes buen gusto! —exclamó, recuperando su tono vibrante y amable luego de haberse hecho la tonta y muda ante los marines antes—. Yo soy más de los clásicos... un buen hojaldre con crema... aunque, a decir verdad, la tarta de mora azul se me antoja ahora mismo. Y es tu culpa.
Cuando Miyori lanzó las preguntas sobre su familia y sus alas, Yuuki se tensó un poco, aunque no por nada en especial. Simplemente los recuerdos se le desbloquearon muy pronto en su cabeza. Fue un gesto casi imperceptible, una sombra que cruzó sus ojos antes de que la despreocupación volviera a su sitio. Miró de reojo sus propias alas y luego miró hacia las nubes, como si buscara algo que ya no estaba allí.
—¿Familia? —repitió, y esta vez su sonrisa fue un poco más afilada—. Digamos que mi familia y yo tuvimos una pequeña diferencia de opiniones y no vamos a poder vernos en un rato. En cuanto a las alas...
Ya habían llegado a una zona más comercial del pueblo. La birkaniana se detendría frente al escaparate de una pequeña tienda de suministros navales, y luego hablaría señalando un mascarón de proa desgastado que representaba a una mujer alada.
—Pues sí, todos en mi familia tienen. Pero si miras con cuidado, verás que más de uno por ahí andará con algunas. Ya sea en su espalda o en su barco —hizo un gesto amplio hacia el bullicio del puerto, era como si quisiera mostrarle algo nuevo a Miyori. Incluso cuando sabía que ella había vivido crecido allí también—. Puede que mis alas tengan plumas. Pero todos tienen alas de algún tipo, amiga mía. ¿Las tuyas cómo serán? ¿Hm?
Retomó el paso, pero esta vez se acercó un poco más a Miyori, bajando el tono de voz de manera confidencial, como si fuera a contarle un secreto de estado.
—Y aunque me encanta cuando hablamos de mí. Es más sígueme diciendo lo hermosa que soy... Dime una cosa... si mañana apareciera un capitán en este puerto que buscara una violinista para recorrer el enorme Mar Azul, ¿te subirías sin mirar atrás? ¿O te quedarías pensando en qué dirían en casa?
Yuuki la miró con intensidad aunque sin detenerse, desafiándola con la mirada. En algún momento cuando habló, se había adelantado y ahora caminaba de espaldas frente a Miyori. Fue entonces cuando notó que ya habían llegado, incluso pasaron frente a la panadería. El olor a pan recién horneado y azúcar glaseada inundó el aire, era definitivamente el olor que esperaba recibir de aquella tienda. No podía creer que seguía allí y que todavía seguían haciendo postres con los mismos aromas.
—Genial, ¡Ahí están! —Yuuki señaló las galletas que estaban exhibidas en la vitrina con emoción infantil, olvidando por completo la seriedad de hace un segundo—. Y hay galletitas de varias formas. Seguro que también habrá tarta. ¿Llevamos una docena para después también? ¡Ciertamente hoy invito yo!
Se adelantó hacia la entrada de la panadería, pero antes de entrar, se giró hacia la pelirroja con una travesura brillándole en los ojos. El dueño de la panadería salió a recibirlas a las dos y aguardaría allí mirando a Miyori también. Se veía que era un hombre anciano. Bastante anciano. Y no parecía mirar a Yuuki como una desconocida.

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)