L'ironie du chat et du géant [AV|T1|PA]
#1
Día 44 de otoño, año 17, Baterilla, South Blue. 

Baterilla, una isla tropical perdida en los mares del South Blue, se alzaba discreta y serena bajo el abrazo constante del sol. No era vasta ni imponente, sus dimensiones modestas la hacían parecer casi insignificante en los mapas del mundo. Sin embargo, en su aparente sencillez residía una vida tranquila, marcada por el ritmo del mar y el ir y venir de sus habitantes. Un pequeño cuartel de la Marina se erguía cerca de la costa, hogar de no más de cuarenta soldados cuya presencia bastaba para mantener el orden o al menos, para intentarlo. Más allá, el pueblo costero respiraba salitre y trabajo duro, pescadores que cada madrugada se lanzaban al océano, comerciantes que ofrecían su captura como el principal sustento de la isla, y familias que habían aprendido a vivir en armonía con la marea.
 
Pero si algo rompía la monotonía de Baterilla, algo que la arrancaba de la categoría de “una isla más”, era la imponente presencia del Goldreich. No era solo un banco; era el banco. Una institución conocida en todo el mundo, símbolo de riqueza, poder y secretos bien guardados. Bajo la dirección de Sohem un hombre tan acaudalado como enigmático, cuya belleza y reputación como ex cazador de piratas lo precedían, el Goldreich dominaba la isla con una autoridad silenciosa. A pesar de su calma, Baterilla no era ajena a los problemas. Nunca lo son las islas que parecen demasiado tranquilas. Había discusiones, malas actitudes, historias de crianza torpe y decisiones cuestionables y, recientemente, algo más.
 
No hacía mucho tiempo, un enorme barco había zarpado desde sus costas rumbo al Grand Line. Según los carteles que inundaban el pueblo, se trataba de un parque de diversiones, una promesa de maravillas y entretenimiento. Una cantidad considerable de marines había abordado la nave, no solo para proteger a los civiles atraídos por la oferta, sino también con un objetivo menos festivo, la captura de criminales buscados que, curiosamente, también habían respondido al llamado.
 
Ahora, en el presente, la isla volvía a respirar una inquietud apenas perceptible. Una nueva oleada de crímenes menores comenzaba a surgir entre sus calles, como pequeñas grietas en una superficie que hasta hace poco parecía firme. Nada demasiado alarmante aún. Pero en lugares como Baterilla, incluso los problemas más pequeños podían ser el preludio de algo mucho más grande.
 
Sin embargo, y de manera casi irónica, si había algo verdaderamente grande en aquella isla, no era el banco ni su reputación sino uno de sus propios soldados. El soldado raso Alex destacaba literalmente por encima de todo. Un gigante que superaba los veinticinco metros de altura, cuya sola presencia bastaba para alterar el paisaje de Baterilla. Donde otros veían casas, él veía techos; donde otros recorrían calles, él avanzaba como si diera pasos entre maquetas.
 
Aquel día, Alex había sido llamado a una zona algo apartada del puerto. No se trataba de una emergencia, ni de criminales, ni de nada que requiriera fuerza militar, al menos no en el sentido habitual. Un grupo de ciudadanos lo había solicitado para una tarea mucho más peculiar, rescatar a una mascota que, en un arranque de torpeza o curiosidad, había quedado atrapada en la copa de un árbol. El árbol, alto y robusto, se erguía desafiante para cualquiera que intentara escalarlo. Nadie en el lugar tenía el valor o la habilida para subir hasta allí, pero para Alex, aquello no era más que una nimiedad. Mientras los habitantes observaban con una mezcla de esperanza y asombro, el gigante se acercó con calma, como si incluso sus movimientos tuvieran que adaptarse a la fragilidad del mundo que lo rodeaba, para él, lo que para otros era una hazaña, no era más que extender la mano.

Estanque de peces
[Imagen: Yp0arSh.jpeg]


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L'ironie du chat et du géant [AV|T1|PA] - por Melly Jellyfish - 22-04-2026, 08:45 PM

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