23-04-2026, 12:26 AM
Cansada de escuchar palabras tras palabras, y viendo que su objetivo no volvía a atacar, giró su rostro hacia un lado y miró a Kiyoshi, mientras que sus brazos se movían de forma errática. - Solo quiero una pelea con alguien fuerte. ¿Es tan difícil de entender para un debilucho como tú? -. Llevó sus manos a la cara y las movió varias veces, como si quisiera quitarse el aburrimiento como si fuera una capa de ropa. - Si fuera tan fuerte como debería no tendría que tener ayuda de ningún… -.
Fue el propio cocinero quien no la dejó terminar, pues apareció como un rayo a su lado, con la espada ya trazando un arco horizontal hacia su estómago. Pudo notarlo con sus reflejos, decidió que recibiría el ataque pero aprovecharía el momento para tomarlo por la cara y levantarlo. - ¡Eres aburrido! -. Uker pudo sentir como su agarre se hacía más potente, llegando a extremos peligrosos. Levantó su mano derecha y sostuvo la muñeca ajena, mientras que la izquierda se movió con la intención de dar otro ataque, pero su rival actuó con más velocidad, lanzándolo nada más que un par de metros hacia el lado. Su espalda resonó contra otro de los árboles del lugar, haciéndolo temblar por el choque. En cuanto levantó la vista, tenía a la mink parada frente a él.
- Él me dijo que serías fuerte, pero no eres más que un debilucho -. Levantó ambos puños para golpearlo en la cabeza, pero esta vez fue interrumpida por el ataque del médico. Las burbujas impactaron contra su costado izquierdo, moviéndola un poco y sorprendiéndola. La acción la molestó, moviendo su rostro hasta encontrar al culpable de eso. - Solo quería una buena pelea… -. La mano de Uker apretó su arma, listo para atacar de nuevo, pero antes de que pudiera hacerlo, algo cayó desde una de las ramas sobre él. Atrapó esa cosa en un acto reflejo, dándose cuenta de lo que era. - No eres digno de ese apellido -.
La mujer ya estaba preparada para golpear de nuevo. Su brazo se catapultó hacia él con gran rapidez, al mismo tiempo que el espadachín movía su arma y buscaba alcanzarla también. Podría haber sido un choque majestuoso a ojos de la extraña, ese ataque desenfrenado que buscaba del pirata, pero ambos ataques se detuvieron justo antes de impactar. La punta de la katana se encontraba a milímetros del ojo derecho de la animal, así como su propio puño también amenazaba con hundir el ojo del cocinero con un movimiento mal dado.
Aún así, sus miradas se habían conectado y no se habían separado, ambos estaban dispuestos a recibir ese ataque.
Entonces, ¿Qué fue lo que detuvo la contienda?
Un pequeño sonido rompió el silencio que se había formado de repente, proveniente de aquello que Uker había atrapado antes de caer al suelo. Ambos luchadores se separaron y observaron esa cosa, ese animal: un pequeño cachorro de mapache se hallaba temblando, claramente asustado por la acción a su alrededor. Uker echó un pequeño vistazo a la mink, asegurándose de que no iba a atacarlo, antes de recostarse contra el árbol a su espalda y sentarse en el suelo. - Tranquilo, no te haremos daño -. Le habló a la pequeña criatura, como si pudiera entenderlo.
La mujer pareció entender el momento, imitando al pirata y sentándose rápidamente en el suelo, cruzando las piernas. Lo vio cuidar y tratar suavemente al animal en silencio. - Lo repetiré, no soy esa persona que te prometieron -. Levantó su vista para verlo a la cara mientras hablaban, al mismo tiempo que el hombre rebuscaba en su bolsillo por si tenía alguna fruta o cosa comestible que darle al animal, que se había acomodado, con muchas dudas, en su regazo. - Aún así, no dejaré que trates a mi compañero como si fuera una basura, o que insultes el apellido de mi madre -. Sus ojos mostraban enojo, pasión, una emoción que ella no le había sentido en todo el corto combate. Eso la enojaba un poco.
- ¿Por qué comparten apellido entonces? -. Preguntó la mink, sin mucho ánimo. - Supongo que es un apellido común, no lo sé -. Nunca había conocido otra persona con su apellido, mucho menos con el de su madre. - ¿Simplemente supusiste que yo era esa persona por tener el mismo apellido? -. La mujer sintió que la trataban de imbécil, por lo que su rostro mostró enojo, pero respondió con una calma asombrosa para alguien que había actuado como ella había actuado. - Sus ojos, son del mismo celeste, exactamente el mismo -.
Hubo silencio, el cual Uker aprovechó para mirar en dirección a Kiyoshi y llamarlo con un gesto de la cabeza, si es que no lo había hecho ya. - Lo siento por eso, pero no soy quien buscas… -. El hombre dejó que el animal en su regazo venciera el miedo y se acomodara contra su mano. ¿Estaría perdido? No creía haber visto otros mapaches por la zona, tal vez la pelea los ahuyentó. Que horrible, quedarse solo…
- Eres demasiado bueno -. La vista de ambos luchadores volvió a encontrarse. - Demasiado bueno para ser fuerte -. Uker no podía negarle eso, era débil, al menos lo suficiente para sufrir en combates así. - Supongo que si… -. ¿Qué más quedaba por decir? - ¿Estás bien Kiyoshi? -. Sabía que el medico no había sido lastimado, pero nunca estaba de más preguntar.
El hombre movió con cuidado al mapache y lo dejó sobre la tierra, dejando que se fuera mientras él se levantaba. - Si no nos apuramos, vamos a quedarnos sin sol y… -. No pudo terminar su oración antes de sentir como unas pequeñas garritas se clavaban en su pierna y trepaban por esta, hasta llegar a su espalda y su finalizar en su hombro. El mapache parecía haberle agarrado cariño. - Oye… No creo que Kiyoshi te acepte en el barco estando tan sucio -.
Fue el propio cocinero quien no la dejó terminar, pues apareció como un rayo a su lado, con la espada ya trazando un arco horizontal hacia su estómago. Pudo notarlo con sus reflejos, decidió que recibiría el ataque pero aprovecharía el momento para tomarlo por la cara y levantarlo. - ¡Eres aburrido! -. Uker pudo sentir como su agarre se hacía más potente, llegando a extremos peligrosos. Levantó su mano derecha y sostuvo la muñeca ajena, mientras que la izquierda se movió con la intención de dar otro ataque, pero su rival actuó con más velocidad, lanzándolo nada más que un par de metros hacia el lado. Su espalda resonó contra otro de los árboles del lugar, haciéndolo temblar por el choque. En cuanto levantó la vista, tenía a la mink parada frente a él.
- Él me dijo que serías fuerte, pero no eres más que un debilucho -. Levantó ambos puños para golpearlo en la cabeza, pero esta vez fue interrumpida por el ataque del médico. Las burbujas impactaron contra su costado izquierdo, moviéndola un poco y sorprendiéndola. La acción la molestó, moviendo su rostro hasta encontrar al culpable de eso. - Solo quería una buena pelea… -. La mano de Uker apretó su arma, listo para atacar de nuevo, pero antes de que pudiera hacerlo, algo cayó desde una de las ramas sobre él. Atrapó esa cosa en un acto reflejo, dándose cuenta de lo que era. - No eres digno de ese apellido -.
La mujer ya estaba preparada para golpear de nuevo. Su brazo se catapultó hacia él con gran rapidez, al mismo tiempo que el espadachín movía su arma y buscaba alcanzarla también. Podría haber sido un choque majestuoso a ojos de la extraña, ese ataque desenfrenado que buscaba del pirata, pero ambos ataques se detuvieron justo antes de impactar. La punta de la katana se encontraba a milímetros del ojo derecho de la animal, así como su propio puño también amenazaba con hundir el ojo del cocinero con un movimiento mal dado.
Aún así, sus miradas se habían conectado y no se habían separado, ambos estaban dispuestos a recibir ese ataque.
Entonces, ¿Qué fue lo que detuvo la contienda?
Un pequeño sonido rompió el silencio que se había formado de repente, proveniente de aquello que Uker había atrapado antes de caer al suelo. Ambos luchadores se separaron y observaron esa cosa, ese animal: un pequeño cachorro de mapache se hallaba temblando, claramente asustado por la acción a su alrededor. Uker echó un pequeño vistazo a la mink, asegurándose de que no iba a atacarlo, antes de recostarse contra el árbol a su espalda y sentarse en el suelo. - Tranquilo, no te haremos daño -. Le habló a la pequeña criatura, como si pudiera entenderlo.
La mujer pareció entender el momento, imitando al pirata y sentándose rápidamente en el suelo, cruzando las piernas. Lo vio cuidar y tratar suavemente al animal en silencio. - Lo repetiré, no soy esa persona que te prometieron -. Levantó su vista para verlo a la cara mientras hablaban, al mismo tiempo que el hombre rebuscaba en su bolsillo por si tenía alguna fruta o cosa comestible que darle al animal, que se había acomodado, con muchas dudas, en su regazo. - Aún así, no dejaré que trates a mi compañero como si fuera una basura, o que insultes el apellido de mi madre -. Sus ojos mostraban enojo, pasión, una emoción que ella no le había sentido en todo el corto combate. Eso la enojaba un poco.
- ¿Por qué comparten apellido entonces? -. Preguntó la mink, sin mucho ánimo. - Supongo que es un apellido común, no lo sé -. Nunca había conocido otra persona con su apellido, mucho menos con el de su madre. - ¿Simplemente supusiste que yo era esa persona por tener el mismo apellido? -. La mujer sintió que la trataban de imbécil, por lo que su rostro mostró enojo, pero respondió con una calma asombrosa para alguien que había actuado como ella había actuado. - Sus ojos, son del mismo celeste, exactamente el mismo -.
Hubo silencio, el cual Uker aprovechó para mirar en dirección a Kiyoshi y llamarlo con un gesto de la cabeza, si es que no lo había hecho ya. - Lo siento por eso, pero no soy quien buscas… -. El hombre dejó que el animal en su regazo venciera el miedo y se acomodara contra su mano. ¿Estaría perdido? No creía haber visto otros mapaches por la zona, tal vez la pelea los ahuyentó. Que horrible, quedarse solo…
- Eres demasiado bueno -. La vista de ambos luchadores volvió a encontrarse. - Demasiado bueno para ser fuerte -. Uker no podía negarle eso, era débil, al menos lo suficiente para sufrir en combates así. - Supongo que si… -. ¿Qué más quedaba por decir? - ¿Estás bien Kiyoshi? -. Sabía que el medico no había sido lastimado, pero nunca estaba de más preguntar.
El hombre movió con cuidado al mapache y lo dejó sobre la tierra, dejando que se fuera mientras él se levantaba. - Si no nos apuramos, vamos a quedarnos sin sol y… -. No pudo terminar su oración antes de sentir como unas pequeñas garritas se clavaban en su pierna y trepaban por esta, hasta llegar a su espalda y su finalizar en su hombro. El mapache parecía haberle agarrado cariño. - Oye… No creo que Kiyoshi te acepte en el barco estando tan sucio -.
