23-04-2026, 01:13 AM
Otoño, año 17
Desde aquel encuentro con la curiosa pirata MM y los posteriores que habían sucedido los pensamientos de Dean estaban desordenados. Pasó casi toda su vida pensando que los piratas eran tan detestables como la marina y el gobierno, que solo eran otra parte del puzle que debía caer para que el mundo pueda acercarse a eso que todos llaman de forma idílica como "paz".
Sin embargo, en el último tiempo ha conocido a personas que luchan bajo una bandera con calaveras por aparentes buenas intenciones, o al menos eso parecía. No los había visto hacer nada malo o que se pueda considerar como malvado, eso ya era más que suficiente para que su estigma esté presentando sus primeras grietas, aunque aún está lejos de estar roto.
Aún sin tener del todo claro qué pensar se adentró en la isla de Baquella, aquel pueblo que le hizo temer por su vida por primera vez desde que se unió al ejercito revolucionario. Por suerte, esta vez no tenía ninguna misión que llevar a cabo ni intentar salvar la vida de nadie, un pequeño, pero necesario descanso para poder dedicarse a despejar la mente, aunque eso fuera imposible.
Tuvo algunas conversaciones con sus superiores sobre qué pensar de los piratas, pero las respuestas de ellos no ayudaban mucho - Con el tiempo y experiencia sacarás tus propias conclusiones - Eso era algo que ya sabía y era demasiado obvio, pero tampoco iba a discutir con alguien que puede echarlo de la organización en cualquier momento.
Suspiró para si mismo antes de mirar a todos lados, buscando algún panorama que pudiera despejarlo un poco. Lo que menos quería es pensar en piratas, ya que eso traía consigo recuerdos ingratos que le gustaría mandar al fondo del océano, lamentablemente aquellos episodios solo morirán con él y los pocos que consiguieron salir.
Otra vez el peliblanco se estaba quedando pegado en momentos que ahora debe usar como motor para luchar por lo que cree justo. Sacudió la cabeza y se puso a caminar antes de que sus dudas lo vuelvan loco o al menos lo hagan ver como un rarito que se queda parado sin hacer nada.
Recorrió un poco los alrededores del pueblo y si no tan privilegiada vista pudo divisar algo que llamó poderosamente la atención. Una persona de más de dos metros con unos rasgos que nunca en su vida había podido observar. Lo que más le llamó la atención fue lo que parecía ser el cabello rojizo, que a lo lejos parecía un pulpo sobre su cabeza, algo que a su criterio era genial y lo más cercano a estilo que había visto en ese pueblo.
Iba camino a entablar una conversación con aquel tipo, pues quería preguntarle donde se hizo ese corte de cabello. Lamentablemente ahí fue cuando recordó que sus habilidades sociales son más bien escasas. Nunca iniciaba una conversación y ahora tenía que hacerlo. Su timidez se acentuó al ver que estaba hablando con una mujer, ¿será su novia? interrumpir sería considerado una falta de respeto.
Cuando estuvo a unos escasos cinco metros de distancia se pudo dar cuenta de que aquel tipo era un gyojin. No había tenido la oportunidad de ver a muchos en su vida, menos con aspectos tan peculiares. Era una buena oportunidad para conocer a uno, pues la única referencia que tenía era del tal pez morado que le mencionó MM y no tenía la imaginación suficiente como para recrear su aspecto en su mente.
Antes poder interrumpir la conversación pudo oír de rebote lo que entendió como quejas sobre la marina. El tema parecía serio por lo que optó por no meterse y seguir de largo, a la espera de que esa conversación termine para poder atraer la atención de aquel sujeto, del cual aún no sabía ni su nombre.
No pasaron más de 10 minutos antes de que se separaran y fue entonces cuando el peliblanco lo abordó, con la intención de que sus dudas fueran respondidas, pero todo a su tiempo. Se acercó al sujeto de extraña cabellera lo suficiente como para tocarle uno de los codos con la punta de su índice para llamar su atención - Hola, perdona que te moleste. Va a sonar un poco raro, pero siempre he querido conversar con un gyojin ¿por que lo eres, verdad? - Mientras decía esto mantenía su mano izquierda alzada y meneándola de derecha a izquierda, extendiendo el saludo más de lo debido.
Era una de las primeras veces que iniciaba una conversación, por lo que no estaba seguro de que aquello fuera a funcionar muy bien, pero bueno, de perdidos al río, como solía decir su por ahora extraviada madre.
Desde aquel encuentro con la curiosa pirata MM y los posteriores que habían sucedido los pensamientos de Dean estaban desordenados. Pasó casi toda su vida pensando que los piratas eran tan detestables como la marina y el gobierno, que solo eran otra parte del puzle que debía caer para que el mundo pueda acercarse a eso que todos llaman de forma idílica como "paz".
Sin embargo, en el último tiempo ha conocido a personas que luchan bajo una bandera con calaveras por aparentes buenas intenciones, o al menos eso parecía. No los había visto hacer nada malo o que se pueda considerar como malvado, eso ya era más que suficiente para que su estigma esté presentando sus primeras grietas, aunque aún está lejos de estar roto.
Aún sin tener del todo claro qué pensar se adentró en la isla de Baquella, aquel pueblo que le hizo temer por su vida por primera vez desde que se unió al ejercito revolucionario. Por suerte, esta vez no tenía ninguna misión que llevar a cabo ni intentar salvar la vida de nadie, un pequeño, pero necesario descanso para poder dedicarse a despejar la mente, aunque eso fuera imposible.
Tuvo algunas conversaciones con sus superiores sobre qué pensar de los piratas, pero las respuestas de ellos no ayudaban mucho - Con el tiempo y experiencia sacarás tus propias conclusiones - Eso era algo que ya sabía y era demasiado obvio, pero tampoco iba a discutir con alguien que puede echarlo de la organización en cualquier momento.
Suspiró para si mismo antes de mirar a todos lados, buscando algún panorama que pudiera despejarlo un poco. Lo que menos quería es pensar en piratas, ya que eso traía consigo recuerdos ingratos que le gustaría mandar al fondo del océano, lamentablemente aquellos episodios solo morirán con él y los pocos que consiguieron salir.
Otra vez el peliblanco se estaba quedando pegado en momentos que ahora debe usar como motor para luchar por lo que cree justo. Sacudió la cabeza y se puso a caminar antes de que sus dudas lo vuelvan loco o al menos lo hagan ver como un rarito que se queda parado sin hacer nada.
Recorrió un poco los alrededores del pueblo y si no tan privilegiada vista pudo divisar algo que llamó poderosamente la atención. Una persona de más de dos metros con unos rasgos que nunca en su vida había podido observar. Lo que más le llamó la atención fue lo que parecía ser el cabello rojizo, que a lo lejos parecía un pulpo sobre su cabeza, algo que a su criterio era genial y lo más cercano a estilo que había visto en ese pueblo.
Iba camino a entablar una conversación con aquel tipo, pues quería preguntarle donde se hizo ese corte de cabello. Lamentablemente ahí fue cuando recordó que sus habilidades sociales son más bien escasas. Nunca iniciaba una conversación y ahora tenía que hacerlo. Su timidez se acentuó al ver que estaba hablando con una mujer, ¿será su novia? interrumpir sería considerado una falta de respeto.
Cuando estuvo a unos escasos cinco metros de distancia se pudo dar cuenta de que aquel tipo era un gyojin. No había tenido la oportunidad de ver a muchos en su vida, menos con aspectos tan peculiares. Era una buena oportunidad para conocer a uno, pues la única referencia que tenía era del tal pez morado que le mencionó MM y no tenía la imaginación suficiente como para recrear su aspecto en su mente.
Antes poder interrumpir la conversación pudo oír de rebote lo que entendió como quejas sobre la marina. El tema parecía serio por lo que optó por no meterse y seguir de largo, a la espera de que esa conversación termine para poder atraer la atención de aquel sujeto, del cual aún no sabía ni su nombre.
No pasaron más de 10 minutos antes de que se separaran y fue entonces cuando el peliblanco lo abordó, con la intención de que sus dudas fueran respondidas, pero todo a su tiempo. Se acercó al sujeto de extraña cabellera lo suficiente como para tocarle uno de los codos con la punta de su índice para llamar su atención - Hola, perdona que te moleste. Va a sonar un poco raro, pero siempre he querido conversar con un gyojin ¿por que lo eres, verdad? - Mientras decía esto mantenía su mano izquierda alzada y meneándola de derecha a izquierda, extendiendo el saludo más de lo debido.
Era una de las primeras veces que iniciaba una conversación, por lo que no estaba seguro de que aquello fuera a funcionar muy bien, pero bueno, de perdidos al río, como solía decir su por ahora extraviada madre.
