23-04-2026, 05:19 AM
(Última modificación: 23-04-2026, 05:26 AM por Hyákinthos.)
Frunció el ceño, apretó sus puños e, incluso, se vio tentado a cerrar la boca de Maki con un puñetazo cuando la escuchó llamarlo traidor…o sea, sí, lo era. Traicionó a su antigua tripulación, era de los pocos recuerdos que quedaron almacenados en su memoria. Traicionaba a cada rato a cualquier pareja que tuviera y dijera amarlo, pero… ¿Qué sabía la iguana? ¡Ella no sabía las razones!
Tuvo que morderse la piel interna de la boca con fuerza para no responder a esas provocaciones…de todos modos… ¿Por qué se enojaba? Maki no sabía sobre su pasado, no sabía sobre sus andanzas, de hecho, en realidad no sabía nada sobre él, pero…aun así…sus palabras le molestaban lo suficiente para hacerse sangrar mientras se mordía el interior de la boca, algo que lo llevó a chasquear la lengua cuando sintió el sabor metálico en su boca… ¿Por qué tanta rabia? Simple, no soportaba que le dijeran una verdad tan clara sobre sí mismo.
Ella podía estar diciendo palabras al azar, pero había dado en el clavo.
Avanzó un metro, aún con los puños apretados con fuerza y dispuesto a seguir con la pelea que… ¿Quién había empezado en verdad? Ya no lo recordaba, pero, entonces…la voz de Merlot hizo eco en el ambiente y, con ella, un viento frío llegó…como si la naturaleza la ayudara con alguna especie de efecto secundario.
“MIRAME, NO LO VOLVERE A REPETIR: CON HYAKINTHOS NO. GOLPEA A QUIEN QUIERAS, HASTA A MI, PERO A ÉL NO, NUNCA, JAMÁS, NI EN JUEGOS”
¿Debía detenerla?
Sí, quizá sería lo correcto.
Lo único que necesitaba era moverse con rapidez y sujetar las muñecas de la chica o, tal vez, su cintura. Inmovilizarla no sería problema, pero…
La verdad es que todo ese amor y devoción no le molestaba para nada…entonces… ¿Por qué no observar a los toros desde la barrera? Así podría analizar hasta que punto era capaz de llegar Merlot solo por él.
Sonrió, más que satisfecho por la situación y, mientras esa sonrisa se ensanchaba en su rostro, cerró sus ojos por un leve instante y se cruzó de brazos, entonces el viento sopló de nuevo, esta vez con más fuerza y trayendo un aire más frío que antes. En ese momento, los brazos cruzados del pelirrosa no fueron solo por satisfacción, si no que se convirtió en un abrazo a sí mismo para intentar olvidarse del repentino frío que el ambiente traía consigo.
—Oigan…No les parece que empieza a hacer… ¿Fr…ío? —Tembló y abrió los ojos. Había decidido ignorar los ruidos externos, incluso la pelea que podría estar desarrollándose frente a sus ojos, así que, cuando volvió a mirar a su alrededor, lo primero que vio fue el cuerpo de Merlot siendo usado como un proyectil que iba directo hacia él.
—Oh…mierda…
Intentó moverse, pero otra corriente de aire frío chocó con el barco y, por lo tanto, contra él. Por instinto volvió a abrazarse en lugar de correr de la Merlot Bala. Grave error.
Recibió el peso de la chica directo en su abdomen, sacándole el aire por un momento, aunque, a pesar del frío que empezaba a sentir, pudo sostener a Merlot en sus brazos y, además, sus piernas se fijaron bien al suelo para evitar caer, manteniéndolo tanto a él como a la chica en el mismo lugar que antes.
—Jmmm… ¿Estas bien, sirena? —No pudo recibir una respuesta inmediata, pues, más temprano que tarde, la ex peliverde estuvo frente a ellos y no precisamente en son de paz.
No pudo reaccionar a lo que siguió. Maki no solo había crecido gracias a esa fruta del diablo que había consumido, si no que su velocidad para atacar usando ese palo de madera que simulaba una espada, era más de lo que el pelirrosa podía admitir. No podía evitarla, no importa que tan rápido se agachara o corriera.
Lo que si pudo hacer fue girarse para recibir mayor cantidad de daño… ¿Por qué? No…no era por un instinto protector ni nada por el estilo, solo quería proteger la belleza de quien servía como mercancía de emergencia… ¿Qué pasaría si golpeaban sus valiosas escamas y estas se dañaban? Podían volver a crecer, pero…No, simplemente no podía permitirlo.
La mayor cantidad del golpe lo recibió en su costado derecho, mientras que, con ese mismo brazo, abrazaba a Merlot para que no resultara más afectada que él, aunque…con la potencia de ese golpe, ahora no estaba seguro de nada.
Tuvo que cerrar los ojos por un instante, pues su mente empezó a sentirse confundida, además, su cuerpo entero se sentía entumecido y, sus piernas, en especial, dieron pasos en falso que lo hicieron darse cuenta de que estaba algo desorientado, lo suficiente para que el brazo con el que sostenía a Merlot cayera a su costado y soltara a la chica, pero…más importante… ¿Cuándo había cambiado de posición en el barco? Ni siquiera se dio cuenta de que Maki lo había empujado al menos unos 3 metros.
—Ja… ¿Di…discul…parse? —Empezó a temblar de frío, las corrientes de aire helado eran más evidentes ahora. Bastaba con mirar al cielo para darse cuenta de que habían entrado en una zona en donde algunas nubes grises empezaban a formarse sobre sus cabezas, aunque, por el este, el sol aun brillaba con fuerza.
El clima del Grand Line era una locura. En algún momento fue consciente de ello, pero ahora, lo había olvidado…claro, era eso o que estaban entrando en los mares cercanos a esa isla de la que Thrym les había hablado.
—¿Qué tal si empiezas tu con una disculpa? ¿Querías tirar el mástil y dejarnos en medio de este mar helado? ¡Joder! No quiero morir congelado por tu culpa —. Gritó desde su lugar, separado de Maki por esos tres metros que ella misma lo había empujado, aunque quizá, lo que más lo molestó es que la chica se diera la espalda…pero ¡Oh! Por supuesto, él no era alguien que temiera apuñalar por la espalda… ¡Era un pirata! Las peleas justas no estaban en sus libros.
Se movió con toda la rapidez que le permitió su cuerpo entumecido y, además, con la mente algo nublada. No se sentía al 100%, pero eso no lo iba a detener ahora, así que, antes de que la ex peliverde pudiera analizar lo que estaba pasando, el médico cerró el espacio entre ellos y se acercó con la agilidad suficiente para poder golpear con sus puños, al mismo tiempo, cada uno de los hombros de Maki, por la espalda, justo en la zona en la que terminaba el hombro y empezaba el antebrazo y, luego, antes de que la chica pudiera girarse y pegarle con su cola o algo por el estilo, el pelirrosa dio un salto hacia atrás para alejarse cinco metros de ella, volviendo a quedar más al lado izquierdo que el derecho del barco, es decir, a babor, pero no cerca del barandal del barco. No iba a arriesgarse a caerse al agua.
—¡Mierda! ¡Me estoy congelando! Tsk… ¿Ya dejarán la estupidez de estarse golpeando? ¿O me obligarán a paralizarlas a ambas? —dijo a sabiendas lo que su ataque era capaz de provocar en el cuerpo ajeno, aunque, apenas abandonó el calor de la pelea, volvió a abrazarse a sí mismo, su nariz empezaba a enrojecer por culpa del clima…deseaba entrar a la cocina y buscar algo de calor.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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