23-04-2026, 01:58 PM
El agarre llegó. Frak lo sintió en la muñeca los dedos del gyojin cerrándose sobre el hueso, el giro, la intención clara de arruinar algo, y la respuesta de su cuerpo fue tan inmediata que casi fue antes que el pensamiento, giró el antebrazo en el sentido del giro para acompañarlo. En el mismo instante vio el otro puño levantarse y vio algo más que un puño. Vio las púas, afiladas, húmedas, orientadas hacia él. Fue eso exactamente, el brillo específico de aquellas puntas bajo la luz del atardecer de Baquella, lo que le puso el cuerpo en alerta antes de que la cabeza terminara de construir la imagen completa. La adrenalina llegó como agua fría vertida de golpe.
Su cuerpo giró sobre sí mismo siguiendo el impulso del agarre, convirtiendo el movimiento del rival en combustible para el suyo propio, y en el mismo giro la pierna derecha salió disparada hacia el costado del gyojin seca, directa, sin el adorno de quien necesita demostrar que sabe pelear. Era la respuesta automática de un cuerpo que lleva suficientes años en situaciones exactamente como esta como para actuar antes de que nadie le pida permiso. Luego se separó. Dos metros de adoquines blanqueados entre ambos, y el sonido del puerto llenando el silencio que dejaron los cuerpos al separarse.
Miró sus propias manos. El antebrazo derecho donde habían estado los dedos del gyojin. Luego al gyojin."Veneno. El pececillo lleva veneno en los pinchos." Eso era nuevo o no nuevo exactamente, pero verlo en movimiento, ver la intención activa de clavárselos. Frak archivó el dato en algún lugar útil de la cabeza y luego dejó que su cara hiciera lo que quería hacer desde que el gyojin había abierto la boca por primera vez en la plaza. Se rió.
Esta vez sí era una risa. Corta y áspera, con la mandíbula abierta de par en par y los colmillos amarillos al aire, el sonido de algo que no había planeado salir y salió de todas formas porque el cuerpo a veces toma esas decisiones sin consultar. Se cortó sola porque no había suficiente humor genuino en ella para durar más de dos segundos. Pero esos dos segundos fueron reales. -Eres asqueroso hasta para golpear. Esos pinchos... - Hizo una mueca. Algo que vivía a medio camino entre el asco y la fascinación de quien acaba de ver un insecto que no conocía. -Ehg.-
La voz había cambiado de registro sin que él lo hubiera decidido conscientemente. -Un gyojin con carita de humano intentando hacerse el listo. - Se sacudió el puño derecho una vez, despacio, con la parsimonia de quien elimina polvo de algo que no estaba sucio para empezar. Sus ojos no se movieron del gyojin mientras lo hacía. - Las escamas por dentro, la lengua por fuera. Mitad pez, mitad charlatán, completamente inútil. Lo peor de los dos mundos y sin lo bueno de ninguno.- A seis metros de allí, sin que Frak lo mirara, Hideo seguía con las monedas apretadas en el puño. Inmóvil de esa manera específica que tienen las personas cuando han aprendido que el menor movimiento puede recordarle a alguien que existen. -De donde vengo, los críos de cuatro años pegan más fuerte que tú. Con la mano que no usan. Con los ojos cerrados e incluso dormidos -
Se encogió de hombros. Un gesto breve, casi involuntario. El tipo de gesto que no se ensaya porque nace solo cuando alguien está genuinamente convencido de lo que acaba de decir, sin necesidad de convencer a nadie más. -Los minks no negociamos con basura de río. -
La última frase la dijo más despacio que las anteriores. No para que sonara más amenazante, sino porque ya no había ninguna urgencia en decirla. Era una conclusión, no una advertencia. Se quedó quieto. Expectante. Con las manos sin prisa y los ojos fijos, esperando ver qué decidía hacer el pez con el tiempo que le quedaba.
Su cuerpo giró sobre sí mismo siguiendo el impulso del agarre, convirtiendo el movimiento del rival en combustible para el suyo propio, y en el mismo giro la pierna derecha salió disparada hacia el costado del gyojin seca, directa, sin el adorno de quien necesita demostrar que sabe pelear. Era la respuesta automática de un cuerpo que lleva suficientes años en situaciones exactamente como esta como para actuar antes de que nadie le pida permiso. Luego se separó. Dos metros de adoquines blanqueados entre ambos, y el sonido del puerto llenando el silencio que dejaron los cuerpos al separarse.
Miró sus propias manos. El antebrazo derecho donde habían estado los dedos del gyojin. Luego al gyojin."Veneno. El pececillo lleva veneno en los pinchos." Eso era nuevo o no nuevo exactamente, pero verlo en movimiento, ver la intención activa de clavárselos. Frak archivó el dato en algún lugar útil de la cabeza y luego dejó que su cara hiciera lo que quería hacer desde que el gyojin había abierto la boca por primera vez en la plaza. Se rió.
Esta vez sí era una risa. Corta y áspera, con la mandíbula abierta de par en par y los colmillos amarillos al aire, el sonido de algo que no había planeado salir y salió de todas formas porque el cuerpo a veces toma esas decisiones sin consultar. Se cortó sola porque no había suficiente humor genuino en ella para durar más de dos segundos. Pero esos dos segundos fueron reales. -Eres asqueroso hasta para golpear. Esos pinchos... - Hizo una mueca. Algo que vivía a medio camino entre el asco y la fascinación de quien acaba de ver un insecto que no conocía. -Ehg.-
La voz había cambiado de registro sin que él lo hubiera decidido conscientemente. -Un gyojin con carita de humano intentando hacerse el listo. - Se sacudió el puño derecho una vez, despacio, con la parsimonia de quien elimina polvo de algo que no estaba sucio para empezar. Sus ojos no se movieron del gyojin mientras lo hacía. - Las escamas por dentro, la lengua por fuera. Mitad pez, mitad charlatán, completamente inútil. Lo peor de los dos mundos y sin lo bueno de ninguno.- A seis metros de allí, sin que Frak lo mirara, Hideo seguía con las monedas apretadas en el puño. Inmóvil de esa manera específica que tienen las personas cuando han aprendido que el menor movimiento puede recordarle a alguien que existen. -De donde vengo, los críos de cuatro años pegan más fuerte que tú. Con la mano que no usan. Con los ojos cerrados e incluso dormidos -
Se encogió de hombros. Un gesto breve, casi involuntario. El tipo de gesto que no se ensaya porque nace solo cuando alguien está genuinamente convencido de lo que acaba de decir, sin necesidad de convencer a nadie más. -Los minks no negociamos con basura de río. -
La última frase la dijo más despacio que las anteriores. No para que sonara más amenazante, sino porque ya no había ninguna urgencia en decirla. Era una conclusión, no una advertencia. Se quedó quieto. Expectante. Con las manos sin prisa y los ojos fijos, esperando ver qué decidía hacer el pez con el tiempo que le quedaba.
Resumen
Bélico
