23-04-2026, 05:51 PM
El contacto del extraño hizo que fuera Kenta el que reaccionara. Y por supuesto, no lo hizo de la mejor manera en un principio. Se espantó. Se espantó bastante. Tanto que dio un salto en el aire y gritó con terror al ver la bolsa de víveres caerse a su lado, pensó que ahora le iban a culpar por el accidente y se espantó tanto que no tuvo otra reacción que la ya mencionada... y por supuesto, esto también puso de los nervios a su compañera, Saki. Los gemelos iban a salir corriendo de allí, incluso dispuestos a olvidar las pocas monedas que les habían arrojado. Pero entonces oyeron al hombre hablar y se calmaron un poco.
Quien hablaría en respuesta sería, por supuesto, Saki. Aunque se había espantado al igual que su hermano, era la única que mantenía el pulso de su corazón lo suficientemente bajo como parap oder pensar en algo inteligible para el extraño que despedía un intenso olor a tabaco.
—M-mi n-no-nombre es S-s-sa-saki...m-mucho gusto. —Dijo avanzando hacia él—. Y-y-y él es m-mi herm-mano Ke-ke-kenta. —Y dichos los nombres aún con el miedo consumiéndola, ofreció su manita al alto -a su parecer- humano que les había saludado. Notó que tenía lentes oscuros y el bastón. Entendió la estupidez que había hecho. ¿Cómo iba a poder ver que le había ofrecido su mano?
Mientras Saki pensaba y saludaba, Kenta, quien ya se había relajado lo suficiente, corría y recogía con rapidez, aún en su estado, las cosas de la bolsa. Se le veía bastante hábil. Pero ahora se le notaba serio. Muy serio. Tan pronto como terminó de recoger las cosas, el mink se apresuraría para dejar la bolsa en la mano del hombre ciego; y mientras lo hacía, miraba a su hermana, como si la juzgara por lo que había hecho. Era notorio que el hombre no veía y ella se había puesto a ofrecer su mano sin más, ¿Cómo iba a darle la mano si no la veía? Tonta. Tonta. Tonta. Eso pensaba Kenta.
—Nos han robado, Señor Yamaguchi. Nos han robado y nadie nos ha querido ayudar. Lamento mucho que hayamos estorbado su caminar. He recogido todo y verá que no le falta nada. Lo sabrá por el peso. Sí. Sí. —Tenía una voz parecida a la de su hermana, pero un poco más grave—. No es que no quiera que nos ayude. De hecho agradecemos que, de todos, sea usted quien nos tiende una mano... —Recordó la estupidez de su hermana y se avergonzó. Saki reiría un poco ante la ironía— ...pero no quiero sonar grosero, ¿Cómo podría ayudarnos? Quienes nos asaltaron fueron al menos cinco. Y tienen más con ellos.
Saki asentiría y tomaría la mano de Ryu que sostenía el bastón con sus dos manitas. El recordarlo todo la hacía llorar ahora.
—Sabemos dónde se ocultan. Pero cuando fuimos, a Kenta le dieron una paliza. ¿Conoce usted a alguien que nos pueda ayudar? Por favor, hay cosas que nos quitaron que son muy importantes para nuestro viaje.
Kenta le siguió la palabra a su hermana. —Saliendo de este mercado por el camino que sale hacia la montaña, hay un dojo abandonado no muy lejos. Allí están los cobardes. Quise luchar, pero no soy tan fuerte. Si puedes hacer que alguien vaya y recupere nuestras cosas, te daremos todo...menos eso que realmente necesitemos. ¿Te lo podemos encargar?
Los dos ahora tenían ambas manos puestas en cada una de las manos de Ryu. Lo miraban a lo alto, aún pensando que él no podía verlos a través de sus propios ojos. Pero Ryu podría notar que estaban desesperados y que toda su esperanza estaba puesta en él. No quisieron hablar del trato que les habían dado lso guardias y luchadores de la isla, sin embargo, era claro que no tenían a nadie más a quién acudir y hasta el ofrecimiento más humilde y amable de un pobre ciego era para ellos un alivio que no habían podido recibir en días.
Mientras tanto, en un dojo abandonado, unos karatecas, aún vestidos con sus karate-gi de sus respectivos dojos, se reúnen para contar el botín que han reunido en la última semana, en donde no solo estan los bienes arrebatados a los hermanos mink. Estan de pie, formando un circulo alrededor de la pila del botín y, justo junto a ella, esta quien parece ser el líder de ese grupo. Son alrededor de una docena.
—Angus, ¿Hace falta más para construir nuestro propio dojo? Digo. Ese tesoro es más que suficiente, ¿No?
Ante la pregunta de uno de los karatecas, el líder lanzaría una poderosa patada, que derribaría al hombre, haciendo que ahora fueran solo 11.
—¡Idiota! No queremos un dojo cualquiera. Queremos un dojo de campeones. ¡Y por eso vamos a necesitar mucho más oro! UJUAUJUAUJUAUJUAJAJA.
Angus era un luchador temido entre su grupo, y había asumido el liderazgo luego de derrotar a quien había formado la pandilla aquella. Era un expirata que antes habia sido marine. Infeliz con las dos vidas, pensó que seria mejor intimidar a otros en u. Lugar donde los puños hacían la ley...
Quien hablaría en respuesta sería, por supuesto, Saki. Aunque se había espantado al igual que su hermano, era la única que mantenía el pulso de su corazón lo suficientemente bajo como parap oder pensar en algo inteligible para el extraño que despedía un intenso olor a tabaco.
—M-mi n-no-nombre es S-s-sa-saki...m-mucho gusto. —Dijo avanzando hacia él—. Y-y-y él es m-mi herm-mano Ke-ke-kenta. —Y dichos los nombres aún con el miedo consumiéndola, ofreció su manita al alto -a su parecer- humano que les había saludado. Notó que tenía lentes oscuros y el bastón. Entendió la estupidez que había hecho. ¿Cómo iba a poder ver que le había ofrecido su mano?
Mientras Saki pensaba y saludaba, Kenta, quien ya se había relajado lo suficiente, corría y recogía con rapidez, aún en su estado, las cosas de la bolsa. Se le veía bastante hábil. Pero ahora se le notaba serio. Muy serio. Tan pronto como terminó de recoger las cosas, el mink se apresuraría para dejar la bolsa en la mano del hombre ciego; y mientras lo hacía, miraba a su hermana, como si la juzgara por lo que había hecho. Era notorio que el hombre no veía y ella se había puesto a ofrecer su mano sin más, ¿Cómo iba a darle la mano si no la veía? Tonta. Tonta. Tonta. Eso pensaba Kenta.
—Nos han robado, Señor Yamaguchi. Nos han robado y nadie nos ha querido ayudar. Lamento mucho que hayamos estorbado su caminar. He recogido todo y verá que no le falta nada. Lo sabrá por el peso. Sí. Sí. —Tenía una voz parecida a la de su hermana, pero un poco más grave—. No es que no quiera que nos ayude. De hecho agradecemos que, de todos, sea usted quien nos tiende una mano... —Recordó la estupidez de su hermana y se avergonzó. Saki reiría un poco ante la ironía— ...pero no quiero sonar grosero, ¿Cómo podría ayudarnos? Quienes nos asaltaron fueron al menos cinco. Y tienen más con ellos.
Saki asentiría y tomaría la mano de Ryu que sostenía el bastón con sus dos manitas. El recordarlo todo la hacía llorar ahora.
—Sabemos dónde se ocultan. Pero cuando fuimos, a Kenta le dieron una paliza. ¿Conoce usted a alguien que nos pueda ayudar? Por favor, hay cosas que nos quitaron que son muy importantes para nuestro viaje.
Kenta le siguió la palabra a su hermana. —Saliendo de este mercado por el camino que sale hacia la montaña, hay un dojo abandonado no muy lejos. Allí están los cobardes. Quise luchar, pero no soy tan fuerte. Si puedes hacer que alguien vaya y recupere nuestras cosas, te daremos todo...menos eso que realmente necesitemos. ¿Te lo podemos encargar?
Los dos ahora tenían ambas manos puestas en cada una de las manos de Ryu. Lo miraban a lo alto, aún pensando que él no podía verlos a través de sus propios ojos. Pero Ryu podría notar que estaban desesperados y que toda su esperanza estaba puesta en él. No quisieron hablar del trato que les habían dado lso guardias y luchadores de la isla, sin embargo, era claro que no tenían a nadie más a quién acudir y hasta el ofrecimiento más humilde y amable de un pobre ciego era para ellos un alivio que no habían podido recibir en días.
Mientras tanto, en un dojo abandonado, unos karatecas, aún vestidos con sus karate-gi de sus respectivos dojos, se reúnen para contar el botín que han reunido en la última semana, en donde no solo estan los bienes arrebatados a los hermanos mink. Estan de pie, formando un circulo alrededor de la pila del botín y, justo junto a ella, esta quien parece ser el líder de ese grupo. Son alrededor de una docena.
—Angus, ¿Hace falta más para construir nuestro propio dojo? Digo. Ese tesoro es más que suficiente, ¿No?
Ante la pregunta de uno de los karatecas, el líder lanzaría una poderosa patada, que derribaría al hombre, haciendo que ahora fueran solo 11.
—¡Idiota! No queremos un dojo cualquiera. Queremos un dojo de campeones. ¡Y por eso vamos a necesitar mucho más oro! UJUAUJUAUJUAUJUAJAJA.
Angus era un luchador temido entre su grupo, y había asumido el liderazgo luego de derrotar a quien había formado la pandilla aquella. Era un expirata que antes habia sido marine. Infeliz con las dos vidas, pensó que seria mejor intimidar a otros en u. Lugar donde los puños hacían la ley...
¡Pastel de cumpleaños!

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)