23-04-2026, 06:50 PM
(Última modificación: 23-04-2026, 06:50 PM por Yamaguchi Ryu.)
Tragó saliva cuando saltaron, pero pudo ver como uno de ellos recogía diligentemente sus raciones, mientras la otra había mantenido la mano en el aire para intentar ayudarlo, en el interior de su ser algo se quebraba por dentro cuando pensaba que en la necesidad en vez de tenderles una mano le habían dado una paliza, se veía que el mayor había intentando proteger a la pequeña y por ello se había llevado la peor parte, cuando le acerco la bolsa y notó el tacto de la misma en sus brazo libre, la sujetó ya de pie con el baston en la zurda y la bolsa en la diestra escuchó todo lo que aquellos Minks habían pasado.
[b]No es de necesidad profesar una disculpa muchachos, ¿Saki y Kenta? que nombre más bonitos. [/b]esbozaría una sonrisa acompañada de una elevación de cejas para mostrar menos preocupación relajación, algo que necesitaban aquellos jóvenes, al parecer les habían robado y ahora no tenían nada, el pequeño estaba tan desesperado que incluso teniendo la certeza de que un hombre ciego poco podría hacer, le había pedido con la angustia de aquel que no le quedan más opciones, que le tendiera la mano y lo ayudase ¿Qué clase de hombre sería si apartase mi camino de aquellos que me necesitan?, hizo amagos de palpar en el aire hasta llegar a una de sus cabezas y cuando tocó la cabeza de la chica que parecía ser la que tenía el brazo mejor les mencionó. Claro que os voy ayudar, conozco a alguien fuerte que podrá hacer algo por ambos, pero no vais a quedaros aquí esperando, tomad mi bolsa de la compra y llevadla hasta un dojo que hay saliendo del mercado, a las afueras. se incorporaría una vez la bolsa fuera tomada por alguno de los dos pequeños minks. En el cartel vereis que pone mi apellido, Yamaguchi, era el dojo de mi padre y está regentado por sus alumnos, pero también está mi casa ahí, decid que vais en mi nombre, que teneís que dejar la compra ahí y esperarme, son amables os dejarán pasar. entonces sin más dilación saldría de esa escena memorizando las coordenadas que ellos le habían dado.
![[Imagen: 70d805e8496e4202e8e9486e748caf22.jpg]](https://i.ibb.co/DfZ7qthP/70d805e8496e4202e8e9486e748caf22.jpg)
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Se encendería el tabaco que se había llevado hasta la boca con su encendedor plateado, un objeto de gran valor sentimental para él, volvería a guardarlo en el bolsillo trasero de su pantalón, caminaba con cierta tranquilidad usando su bastón pensando en como las pequeñas manos de Saki minutos antes habían sujetado esa misma mano, esa mirada le recordaba a la de su amada, o mejor dicho su amiga ya que nunca logró expresar sus sentimientos antes de que ella abandonase el mundo, esa angustia e incertidumbre por no comprender por que el mundo les trata así. Salió del mercado por el camino que iba hacia las montañas tal y como Kenta le había dicho, no tardó en encontrarse con el dojo abandonado, el césped alrededor del dojo estaba alto, las paredes no estaban bien, descuidadas... encima de ser unos vulgares ladrones no mostraban respeto por un lugar de que debería ser la cúspide de la disciplina.
No había puerta de entrada al dojo, quizás la humedad la había carcomido, o la habían arrancado para poder entrar, entró dando movimientos con su palo de izquierda a derecha y comenzó a escuchar los ruidos de todos, que se reunían ante aquel botín de cosas que claramente no eran pertenencia de ellos. Debo haberme confundido de camino sin duda, pensé que llegaría a mi dojo y resulta que he llegado a un sitio que solo huele a pis esperaba ser confundido como siempre por un mero ciego, nadie se esperaba al fin y al cabo que oculto en su bastón hubiera la hoja de una katana. Vengo por aquí quizás por error, y sin embargo me pareció escuchar algo de oro, no parece que esto sea una reunión de samaritanos, haceis mucho ruido y vuestro olor es repugnante, por lo que entenderé que sois gente que mancha el buen nombre de los dojos de verdad. realmente no sabía a que olían, su olfato era realmente malo, pero si podía escucharlos bien, su mirada estaba fija como si no viera pero los veía, simplemente actuaba como si se guiase por el oído.
Os propongo algo, si hacéis por devolver lo que dos inocentes y peluditos amigos me han dicho que habéis robado, os daré un lugar en un dojo de verdad, con gente disciplinada, si no, tendréis que enfrentar la furia de un pobre ciego. el tono final se había vuelto una sentencia autoritaria, se mantenía a unos tres metros de todos, y esperaba no tener que recurrir a la violencia, pero si había que hacerlo esta vez no sería como en su infancia, si tenía que cortar, cortaría, el mal de raíz debe ser exterminado.
No había puerta de entrada al dojo, quizás la humedad la había carcomido, o la habían arrancado para poder entrar, entró dando movimientos con su palo de izquierda a derecha y comenzó a escuchar los ruidos de todos, que se reunían ante aquel botín de cosas que claramente no eran pertenencia de ellos. Debo haberme confundido de camino sin duda, pensé que llegaría a mi dojo y resulta que he llegado a un sitio que solo huele a pis esperaba ser confundido como siempre por un mero ciego, nadie se esperaba al fin y al cabo que oculto en su bastón hubiera la hoja de una katana. Vengo por aquí quizás por error, y sin embargo me pareció escuchar algo de oro, no parece que esto sea una reunión de samaritanos, haceis mucho ruido y vuestro olor es repugnante, por lo que entenderé que sois gente que mancha el buen nombre de los dojos de verdad. realmente no sabía a que olían, su olfato era realmente malo, pero si podía escucharlos bien, su mirada estaba fija como si no viera pero los veía, simplemente actuaba como si se guiase por el oído.
Os propongo algo, si hacéis por devolver lo que dos inocentes y peluditos amigos me han dicho que habéis robado, os daré un lugar en un dojo de verdad, con gente disciplinada, si no, tendréis que enfrentar la furia de un pobre ciego. el tono final se había vuelto una sentencia autoritaria, se mantenía a unos tres metros de todos, y esperaba no tener que recurrir a la violencia, pero si había que hacerlo esta vez no sería como en su infancia, si tenía que cortar, cortaría, el mal de raíz debe ser exterminado.
¡Viva la revolución!
