23-04-2026, 07:53 PM
Las palabras del doctor sobre el nombre de aquel desdichado fueron escuchadas por absolutamente nadie, pues la vida ya habia abandonado al hombre de las heridas en espiral.
Sin embargo, la ultima visión que tuvo de aquellos orbes color oro lo tranquilizaron y pudo morir en paz. Nuestro doctor en un acto increible de coherencia, le quito el gorro, de nada le servía al muerto, como tambien habia sopesado que los órganos de este no le servirían, quizás este narrador juzgo mal las acciones o el pensar del doctor, era evidente que este era practico, no falto de ética.
La mente del doctor se inundo con dudas referente al hecho de que un pirata se encontrara en una sala así, a pesar de todo sus pensamientos iban por buen camino y los hombres que lo habían atraído hasta este lugar, sabían cosas de él, cosas que el mismo doctor quizás ignoraba.
Aun así, haciendo gala de su excelente manera de posicionarse o de tomar direcciones se detuvo ante 2 puertas que estaban casi una al lado de la otra, la 4 y la 6, tiro una moneda al aire y un viento muy sutil con forma de iguana, imperceptible para los orbes oro del doctor, influyo para que la moneda le dijera que deberia ir a la sala 4.
Una vez frente a la puerta el doctor giro el pomo y entro, quedando a solo medio metro de la puerta y la luz de la sala se encendió, Hyak pudo ver algo que quizás salió de la mente del mas perverso y sádico de los atunes del mar.
Una mujer esperaba a 5 metros de nuestro hermoso protagonista, esta estaba vestida totalmente de cuero, sus cabellos eran rubios, tenia un corazón gigante tatuado en la frente, y unos ojos rosados con la esclerótica negra, una máscara negra cubría una parte de su rostro y portaba ademas un látigo negro con puas, que hizo chasquear al instante en que el cuarto se iluminó, pero lo más llamativo de la sala no era ella, sino el hombre que estaba como crucificado al izquierdo de esta particular mujer, sin embargo lo que lo mantenía atado a la gran X no eran clavos en sus manos y pies, sino cadenas, el hombre blanco como el cristal, al escuchar el sonido del látigo rio como un degenerado, pero su risa se vio amortiguada por la mascara de cuero que cubría toda su cabeza, mascara un tanto peculiar pues le sobresalían un monton de puas, su cuerpo estaba casi al desnudo salvo por un boxer de cuero, sumamente apretado que dejaba ver su muy atrofiado “amigo”. La mujer poso sus ojos rosados sobre el doctor y con otro chasquido del látigo dijo. – No esperaba a alguien que no fueran los maestros, si estas en esta versión de la casa, puede que sucedan 2 cosas, eres un maestro o eres un juguete y la única forma de saber que eres en realidad es simple…Ven y juega con mi sumiso o ven y déjame a mi jugar contigo. Una risa macabra y sádica inundo el espacio, mientras el hombre en el traje se retorcía y reía…
Resumen
Bélico
Apariencia de la Feria
Apariencia de Armando y Cactus
Croquis de la casa del terror
Ronda
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