25-04-2026, 01:11 AM
Primavera (62).
Año 16
Hace escasos días el ejercito revolucionario lo aceptó como nuevo miembro. No le dieron muchos detalles de qué es lo que tendría que hacer de aquí en adelante, pero sí le dieron una primera instrucción - Ve a Isla Karate, allá habrá otros como tú. Necesitamos que los nuevos se agrupen - Dean levantó los hombros con una media sonrisa y se puso en rumbo al mencionado lugar, no es que le hiciera mucha ilusión la idea, pero no podía hacer nada, eran sus primeras ordenes, tenía que acatarlas.
Por suerte fue el camino fue tranquilo y el clima que lo recibió era más de lo mismo, un sol presente, pero sin esa intensidad pesada. Dio sus primeros pasos en la isla antes de mirar para todos lados, le dieron pequeñas descripciones de las personas a las que debía "conocer", aunque no le dijeron donde estarían ni tampoco que debían hacer una vez se encontrasen.
Dean iba vestido con su clásico kimono y hakama blanco, donde escondía a su espada shinso, pues siempre estaba preparado para tener que enfrentar a cualquiera que quisiera perturbar su tranquilidad.
Mientras caminaba en busca de sus desconocidos compañeros iba tarareando una melodía que había inventando en ese mismo momento, si inventarán una canción con aquel ritmo sería un hit mundial, al menos eso pensaba el peliblanco mientras se adentraba cada vez más en la isla.
De a poco su curiosidad iba creciendo, pues él no era muy sociable, pero no iba a negar su intriga por ver que tipo de personas serán sus nuevos compañeros. Según lo que dijo aquel superior uno de los miembros a encontrar tiene la apariencia de un niño ¿será un niño? y si es así ¿de verdad aceptaron a un niño en el ejercito revolucionario? tiene que ser muy fuerte o al menos tener una cualidad que lo destaque, sino alguien está haciendo mal su trabajo.
La búsqueda no estaba siendo nada sencilla, la Isla Karate no destaca por su alta población, pero no podía distinguir a ninguna persona con las características que le habían entregado. - Este va a ser un día muy largo. - Se puso la mano en la frente para tapar el sol y poder mirar con mayor precisión... demás está decir que eso no sirvió de nada, pues el resultado era el mismo.
Otra cosa que le causaba curiosidad al albino es el porqué esos nuevos cadetes se unieron al ejercito. Él no tiene pensado contar su historia a desconocidos, al menos no por el momento, pero si le interesa saber qué lleva a otras personas a enemistarse con el mismo mundo.
Otra cosa que le alegraba de que el encuentro fuera en Isla Karate, es que la marina no solía frecuentar la zona. Tampoco es que fuera necesario, pues pocas veces se conocían conflictos en ese lugar. La presencia de maestros de todo tipo de artes marciales ahuyenta a aquellos tipos que solo buscan causar caos, esa era la teoría de Dean y para él, no hay pruebas que demuestren lo contrario.
Estuvo cerca de dos horas buscando sin resultado, por lo que optó por entrar a una de las pocas tiendas que componen la isla. Obviamente los productos que ofrecían no eran chucherías ni refrescos, todo lo que se podía ver estaba relacionado con las artes marciales: espadas, kimonos, guantes, todo lo que tiene relación con combates. No era algo que llame especialmente su atención, pero tras 120 minutos buscando personas que no conocía, cualquier otra cosa era un panorama mucho más llamativo.
Tenía pensando estar solo unos minutos en ese lugar, un pequeño descanso que no va a estirarse... ¿cierto?
Año 16
Hace escasos días el ejercito revolucionario lo aceptó como nuevo miembro. No le dieron muchos detalles de qué es lo que tendría que hacer de aquí en adelante, pero sí le dieron una primera instrucción - Ve a Isla Karate, allá habrá otros como tú. Necesitamos que los nuevos se agrupen - Dean levantó los hombros con una media sonrisa y se puso en rumbo al mencionado lugar, no es que le hiciera mucha ilusión la idea, pero no podía hacer nada, eran sus primeras ordenes, tenía que acatarlas.
Por suerte fue el camino fue tranquilo y el clima que lo recibió era más de lo mismo, un sol presente, pero sin esa intensidad pesada. Dio sus primeros pasos en la isla antes de mirar para todos lados, le dieron pequeñas descripciones de las personas a las que debía "conocer", aunque no le dijeron donde estarían ni tampoco que debían hacer una vez se encontrasen.
Dean iba vestido con su clásico kimono y hakama blanco, donde escondía a su espada shinso, pues siempre estaba preparado para tener que enfrentar a cualquiera que quisiera perturbar su tranquilidad.
Mientras caminaba en busca de sus desconocidos compañeros iba tarareando una melodía que había inventando en ese mismo momento, si inventarán una canción con aquel ritmo sería un hit mundial, al menos eso pensaba el peliblanco mientras se adentraba cada vez más en la isla.
De a poco su curiosidad iba creciendo, pues él no era muy sociable, pero no iba a negar su intriga por ver que tipo de personas serán sus nuevos compañeros. Según lo que dijo aquel superior uno de los miembros a encontrar tiene la apariencia de un niño ¿será un niño? y si es así ¿de verdad aceptaron a un niño en el ejercito revolucionario? tiene que ser muy fuerte o al menos tener una cualidad que lo destaque, sino alguien está haciendo mal su trabajo.
La búsqueda no estaba siendo nada sencilla, la Isla Karate no destaca por su alta población, pero no podía distinguir a ninguna persona con las características que le habían entregado. - Este va a ser un día muy largo. - Se puso la mano en la frente para tapar el sol y poder mirar con mayor precisión... demás está decir que eso no sirvió de nada, pues el resultado era el mismo.
Otra cosa que le causaba curiosidad al albino es el porqué esos nuevos cadetes se unieron al ejercito. Él no tiene pensado contar su historia a desconocidos, al menos no por el momento, pero si le interesa saber qué lleva a otras personas a enemistarse con el mismo mundo.
Otra cosa que le alegraba de que el encuentro fuera en Isla Karate, es que la marina no solía frecuentar la zona. Tampoco es que fuera necesario, pues pocas veces se conocían conflictos en ese lugar. La presencia de maestros de todo tipo de artes marciales ahuyenta a aquellos tipos que solo buscan causar caos, esa era la teoría de Dean y para él, no hay pruebas que demuestren lo contrario.
Estuvo cerca de dos horas buscando sin resultado, por lo que optó por entrar a una de las pocas tiendas que componen la isla. Obviamente los productos que ofrecían no eran chucherías ni refrescos, todo lo que se podía ver estaba relacionado con las artes marciales: espadas, kimonos, guantes, todo lo que tiene relación con combates. No era algo que llame especialmente su atención, pero tras 120 minutos buscando personas que no conocía, cualquier otra cosa era un panorama mucho más llamativo.
Tenía pensando estar solo unos minutos en ese lugar, un pequeño descanso que no va a estirarse... ¿cierto?
