[Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi!
#6
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personaje


IMPACTO RECIBIDO


NOTA SOBRE MI HIDE DEL TURNO ANTERIOR


Joder.

Exánime, caí de rodillas.

Había fracasado miserablemente en mi intento de atizarle en el mentón a mi oponente. Para más inri, el patadón con que el mink coronó el desaguisado me sembró una punzada feroz en el hipocondrio, dejándome sin aliento y a merced de las burlas del hombre hiena, que tuve que encajar mudo y con el rostro descompuesto en una mueca poco decorosa.

Aturdido, aguanté el chaparrón todavía dando gracias de que mi oponente hubiera optado por el escarnio en lugar de aprovechar mi momento de debilidad para arrearme una tercera vez. Durante un instante, la vista se me nubló y los contornos se difuminaron. «Qué humillación». No quise ni siquiera imaginar cómo de pusilánime se me tendría que estar viendo desde fuera.

Así, y aunque me costó lo mío, porque orgulloso soy un rato, acabé rindiéndome a la evidencia de que estaba haciendo el ridículo. Cuando lo asimilé, no pude mantener la cabeza en alto frente al cabrón del mink y quise bajar la vista a donde correspondía, a los adoquines que alfombraban mi querida Baquella. Al intentarlo, los astros quisieron que me topase con los ojos del anciano al que yo, en mi infinita (no diremos bondad, sino egolatría), había querido usar de excusa para montar mi numerito del día y comprendí, de una vez por todas, la cagada enciclopédica que acababa de cometer.

«Pobre hombre».

Y es que, si bien mis intenciones habían sido honestas al tratar de socorrerle, lo cierto es que enseguida me había podido el personaje y había acabado tomándomelo a guasa, queriendo lucirme. Así, le había buscado las cosquillas en público a un tipo cuyos garbanzos dependían enteramente del miedo que era capaz de infundir en sus víctimas habituales.

«Maldita sea, ¿pero qué he hecho?». Aquella mecánica la conocía de memoria desde niño y no podía creer que hubiera sido tan imbécil como para no haberme dado cuenta de aquello antes de meter las aletas donde no me llamaban.

Ocurre que, en contextos de extorsión, cuando un tercero interviene en la relación entre agresor y víctima, la violencia suele redirigirse hacia la víctima original una vez despachado el intruso, porque su intervención introduce una variable de incertidumbre en el control percibido por el extorsionador, al poner en duda la eficacia de su dominio.

En ese tipo de perfiles, tan habituales en barrios, digamos, humildes y alejados de la resolución pacífica de conflictos como aquel en el que me había criado, la pérdida de certidumbre sobre la propia autoridad es inaceptable, por lo que tienden a restablecerla reforzando el castigo sobre la víctima como mecanismo de reafirmación.

En román paladino: Hideo, el bueno de Hideo, tenía todas las papeletas para llevarse, por mi culpa, una somanta de palos en cuanto el mink terminase conmigo.

«Soy un mierda...».

Vaya brete; no tenía agallas para mirar al pescador, por vergüenza, ni redaños para encarar al hombre hiena, que continuaba clavándome banderillas entre carcajadas de… bueno, de hiena.

(Por cierto, aquel día entendí a qué se debía la fama de su risa; qué sonido tan molesto, por todos los dioses, qué ganas de tupirme con silicona los pabellones auditivos).

A lo que iba: me decía que si era un charlatán —y en eso no le faltaba razón—, que si era un inútil —a la vista estaba, tampoco se lo iba a discutir—, que los críos de donde él venía pegaban más fuerte que yo con la mano mala, que era una basura de río. Bla, bla, bla… Vale que no era el ofensor más elocuente del South Blue, pero razón no le faltaba.

Tal vez fue por eso, porque le asistía la razón, por lo que sus puyas empezaron a dolerme. Puede que incluso más que el costado de la patada y, desde luego, bastante más que el estómago, donde antes me había plantado el puñetazo y…


[Imagen: JrSZYzdT_o.png]
¡Un momento!
El puñetazo. El primero. Ya casi no lo notaba.
¿Podía ser que…?

«Oh, por todos los dioses marinos, ¿cómo había podido estar tan ciego?».

Resulta que, en mis trifulcas en el Distrito Gyojin, yo solía ser el rápido, el escurridizo, el que esquivaba los golpes —aunque necesitara una decena para tumbar al rival—. Siempre había sido así; de peso voy justo, y seguiré yendo justo mientras no me sobre el dinero para manjares. Pero ahora…

«¿Podía ser que los papeles se hubieran invertido?».

El mink me había golpeado ya dos veces seguidas, y yo seguía de una pieza. Dolorido, sí; aletargado, también; pero en condiciones de pelear un rato más.

Quizá… quizá ahora era yo el que debía apostarlo todo a un golpe.

«Levántate, Tsunamaro», me ordené. Respiré hondo. Y me incorporé.

Pude ponerme de pie, para mi sorpresa. Sus golpes dolían lo suyo, pero aguantaba.

—Lo siento —murmuré, entonces.

Hablaba en un tono demasiado bajo para que me oyera nadie, ni siquiera el pescador, al que en teoría me dirigía. Pero necesitaba vomitar aquella disculpa antes de continuar.

—Actué sin pensar. Prometo que haré todo lo que esté en mi mano para arreglarlo.

Una vez hube dicho aquello, sentí como si acabase de parir un cachalote. Notaba las extremidades ligeras y volvía a poder mirar a la gente de frente. De aquella forma, escupí al suelo y crují el cuello, primero a un lado y luego al otro, hasta sentir cómo se soltaban las vértebras. Y ya con el cuerpo a punto, tocaba poner en marcha mi plan de aguantar y atacar, aguantar y atacar, aguantar y atacar con todo lo que tenía hasta lograr encajar algún golpe.

—Tú, perrito —le dije al mink, acercándome—. ¿Querrías hacer el favor…

Adelanté la pierna derecha y dejé la izquierda atrás, bien plantada en el adoquín, con todo el peso cargado sobre ella.

—…de cerrar…

En un movimiento explosivo, tomé impulso desde el pie de atrás, giré sobre mí mismo y descargué todo mi peso contra él.

—…esa bocaza…

Y, finalmente, lancé el puño como punta de lanza, con todo el cuerpo detrás, derecho al morro de aquel infeliz.

—…DE UNA PUTA VEZ?

(Por cortesía y como a diferencia de otros, soy más caballero que animal, evitaría siempre causar daños permanentes. Por ejemplo, nada de clavarle las púas en los ojos).


KARMAS


BÉLICO


TÉCNICAS


POSICIÓN FINAL
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 201 - 46 = 155
Energia: 208 + 0 = 208
Espiritu: 24 + 0 = 24


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[Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por Kazan - 19-04-2026, 11:26 AM
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RE: [Aventura|T1|P.A] ¡Alto ahi! - por PX-6 - 01-05-2026, 11:09 PM

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