25-04-2026, 12:02 PM
Parecía ser que Garnet no era el genio que él mismo creía ser. Tras explicar y justificar "magistralmente" su modus operandi, Jolyne "Gatillo Loco" Jones se transformó parte de su cuerpo en una lagartija, más concretamente lo que le correspondía a la cola del animal. Garnet se quedó perplejo, al no entender el por qué de la transformación de la pelirrosa.- ¿Todo bien, colegui? - Preguntó, instantes antes de que la tiradora de los Alas Negras le asestara un latigazo con el rabo en su mejilla, resonando en un chasquido al chocar contra el rostro de Garnet.- ¡Pweh! -Emitió de forma dramática, tirándose al suelo incluido - quedando tumbado de lado -, como si acabara de recibir uno de los ataques de Sohem que le dejaron para el arrastre.
- ¿Qué ha hecho... El menda mal? - Se repetía una y otra vez mentalmente el pelirrojo, mientras veía su vida pasar ante el correctivo de la skypiean. Fue entonces cuando pudo escuchar como su respuesta había sido incorrecta, haciendo hincapié en lo despreocupado que era dar de comer a alguien que podía ser potencialmente una ladrona de huertos.- Tch, ¿era una trampa entonces? - Se preguntó a si mismo, cayendo en la cuenta de que había caído en las triquiñuelas de una mujer, una vez más. Jolyne, con el afán de enseñar y mostrar a Garnet el verdadero camino de la cosecha, explicaba punto por punto que era lo que había que conocer y saber sobre cada variable y, en base a esa información, cuál era la mejor forma de actuar. Y, aunque había atinado de lleno - o en su mayoría -con que hacer y que no hacer con cada uno de los animales, había fallado estrepitosamente con la hija del panadero.- Así que nadie va al huerto de otra peña, ¿huh? -Recabó esa información, mientras se alzaba del suelo y procedía a sentarse en el descuidado suelo del camarote de Jolyne.
La - aparente - décima lección llegaba a su fin con la conclusión de que, efectivamente, era una pérdida de tiempo tratar de cubrirlo todo. No sabía en que momento habían dado diez lecciones pero, lo cierto era que a Garnet ya ni le importaba. Cada vez estaba más obnubilado por la forma de vida de la granjera.- Quién mucho abarca, poco aprieta, ¿es o no es? - Respondió a Jolyne, usando una expresión que - seguramente - ella misma usaría para que entendiera que estaba todo más que entendido.- Me ha quedado más que clarinete, toda la paranoia de los animales me he imaginado que sería tal y como has dicho. - Expresaba el pelirrojo, con una sonrisa que rezumaba confianza.- Pero dos tetas tiran más que dos carretas, y fue eso lo que me separó del camino de la cosecha. - Añadió, con una expresión que reflejaba decepción consigo mismo, pasando a inclinarse hacia Jolyne, como si le estuviera haciendo una reverencia.- El menda te pide perdón en nombre del rock 'n roll, maestra. - Se disculpó, volviendo a erguirse.- Ahora me he coscado de que tengo que proteger mis tomates con mi vida, ¡sigamos con la lección que toque! - Exclamó motivado por seguir aprendiendo de mano de la diosa de la cosecha. Sin saber que lo que le esperaba era el mismísimo infierno.
Otro hipotético caso entraría en acción, una situación de verano, con el sol en todo lo alto dando luz y calor a todo a su alrededor. Podía imaginarse a la perfección a su vecino, Skippy, con su perro Jake descansando a la sombra de su porche. Para su sorpresa, y a pesar de la anterior actuación con Breda, los tomates habían conseguido crecer y madurar estupendamente, faltando ya tan sólo dos semanas para la recolección.- ¡Esa es! - Exclamó de alegría al enterarse de tan buena noticia, sin interrumpir a la camaleónica integrante de la banda, quien seguía informando sobre el cuidado que había que tener sobre una especie de mosquitos que devoraba tomates.- Hijos de puta. - Musitó, con el ceño fruncido, cuando Jolyne exclamó una negación que parecía indicar una situación peliaguda.- ¿¡Ahora qué!? - Preguntó alarmado, pensando en que se acercaba otro inconveniente que pondría en peligro sus amados tomates. Y así era.
Y es que, por lo visto, se acercaba el aclamado y famoso concurso de camisetas local del pueblo y, al haberse quedado sin juez, la única solución que tenían era que, el propio Garnet fuera el que juzgara que todas las camisetas estuvieran bien ajustadas y empapadas, imaginándose todo tipo de imágenes lascivas en referentes al cuerpo femenino.- ¡¡QWUAAAAH!! - Bramó super exaltado y llevándose las manos a la cabeza, ante tal inesperada situación, pareciendo por instantes que se había transformado en piedra. ¿Qué haría en esa situación? Esa era la pregunta que le dejaba Jolyne y cuya respuesta debía darle a su maestra.- ¿¿Qué debe hacer el menda?? - Se preguntaba a sí mismo, estrujándose los sesos y revolviéndose sus cabellos, agobiado por la disyuntiva que se le presentaba.- Por un lado, están los ricos tomates, que tanto tiempo, amor y dedicación le ha puesto el menda para que se pusieran bien gordotes y sabrosos. - Meditó, en primera instancia.- Por el otro, está la mandanga que solo pasa una vez al año... Tatianas en camisetas mojadas y con las perolas bien marcaditas... - Se quedó varios segundos en silencio, hasta que al final estalló.- ¡ARGHHHHH QUE DÍFICIL! ¡JODER! ¿ES O NO ES? - Se frustraba más con aquella encrucijada situación, hasta que una bombilla se le encendió, adoptando una expresión más calmada y confiada.
- Lo tengo. - Enunció.- Si algo le ha enseñado Breda al menda, es que no hay que fiarse de nada, y que todo tiene una vuelta de mula. - Cruzó los brazos, sonando totalmente confiado.- No prestarle atención a los tomates, después de todos los días de lluvia, penurias y alegrías que hemos pasado juntos... Sería como abandonar a un colegui de los nuestros en apuros, ¿es o no es? - Asentía el pelirrojo, ante su propia afirmación.- Los tomates son eternos, mientras que las tatianas son momentáneas, es lo que me has querido enseñar, ¿es o no es? - Esbozó una sonrisa más amplia.- Así que el menda, escoge quedarse con los tomates... - La sonrisa se transformó en una llena de perversión, hinchándose sus fosas nasales.- Y una vez que maduren, parte de los tomates se usarán para un concurso de camisetas mojadas de tomates... - Sacó la lengua, dejando una imagen repulsiva.- ¡Así tendremos dos concursos de camisetas mojadas al año PUEJE PUEJE! - Fue la respuesta que dio el pelirrojo, declarando que, para bien o para mal, su prioridad serían los tomates.
- ¿Qué ha hecho... El menda mal? - Se repetía una y otra vez mentalmente el pelirrojo, mientras veía su vida pasar ante el correctivo de la skypiean. Fue entonces cuando pudo escuchar como su respuesta había sido incorrecta, haciendo hincapié en lo despreocupado que era dar de comer a alguien que podía ser potencialmente una ladrona de huertos.- Tch, ¿era una trampa entonces? - Se preguntó a si mismo, cayendo en la cuenta de que había caído en las triquiñuelas de una mujer, una vez más. Jolyne, con el afán de enseñar y mostrar a Garnet el verdadero camino de la cosecha, explicaba punto por punto que era lo que había que conocer y saber sobre cada variable y, en base a esa información, cuál era la mejor forma de actuar. Y, aunque había atinado de lleno - o en su mayoría -con que hacer y que no hacer con cada uno de los animales, había fallado estrepitosamente con la hija del panadero.- Así que nadie va al huerto de otra peña, ¿huh? -Recabó esa información, mientras se alzaba del suelo y procedía a sentarse en el descuidado suelo del camarote de Jolyne.
La - aparente - décima lección llegaba a su fin con la conclusión de que, efectivamente, era una pérdida de tiempo tratar de cubrirlo todo. No sabía en que momento habían dado diez lecciones pero, lo cierto era que a Garnet ya ni le importaba. Cada vez estaba más obnubilado por la forma de vida de la granjera.- Quién mucho abarca, poco aprieta, ¿es o no es? - Respondió a Jolyne, usando una expresión que - seguramente - ella misma usaría para que entendiera que estaba todo más que entendido.- Me ha quedado más que clarinete, toda la paranoia de los animales me he imaginado que sería tal y como has dicho. - Expresaba el pelirrojo, con una sonrisa que rezumaba confianza.- Pero dos tetas tiran más que dos carretas, y fue eso lo que me separó del camino de la cosecha. - Añadió, con una expresión que reflejaba decepción consigo mismo, pasando a inclinarse hacia Jolyne, como si le estuviera haciendo una reverencia.- El menda te pide perdón en nombre del rock 'n roll, maestra. - Se disculpó, volviendo a erguirse.- Ahora me he coscado de que tengo que proteger mis tomates con mi vida, ¡sigamos con la lección que toque! - Exclamó motivado por seguir aprendiendo de mano de la diosa de la cosecha. Sin saber que lo que le esperaba era el mismísimo infierno.
Otro hipotético caso entraría en acción, una situación de verano, con el sol en todo lo alto dando luz y calor a todo a su alrededor. Podía imaginarse a la perfección a su vecino, Skippy, con su perro Jake descansando a la sombra de su porche. Para su sorpresa, y a pesar de la anterior actuación con Breda, los tomates habían conseguido crecer y madurar estupendamente, faltando ya tan sólo dos semanas para la recolección.- ¡Esa es! - Exclamó de alegría al enterarse de tan buena noticia, sin interrumpir a la camaleónica integrante de la banda, quien seguía informando sobre el cuidado que había que tener sobre una especie de mosquitos que devoraba tomates.- Hijos de puta. - Musitó, con el ceño fruncido, cuando Jolyne exclamó una negación que parecía indicar una situación peliaguda.- ¿¡Ahora qué!? - Preguntó alarmado, pensando en que se acercaba otro inconveniente que pondría en peligro sus amados tomates. Y así era.
Y es que, por lo visto, se acercaba el aclamado y famoso concurso de camisetas local del pueblo y, al haberse quedado sin juez, la única solución que tenían era que, el propio Garnet fuera el que juzgara que todas las camisetas estuvieran bien ajustadas y empapadas, imaginándose todo tipo de imágenes lascivas en referentes al cuerpo femenino.- ¡¡QWUAAAAH!! - Bramó super exaltado y llevándose las manos a la cabeza, ante tal inesperada situación, pareciendo por instantes que se había transformado en piedra. ¿Qué haría en esa situación? Esa era la pregunta que le dejaba Jolyne y cuya respuesta debía darle a su maestra.- ¿¿Qué debe hacer el menda?? - Se preguntaba a sí mismo, estrujándose los sesos y revolviéndose sus cabellos, agobiado por la disyuntiva que se le presentaba.- Por un lado, están los ricos tomates, que tanto tiempo, amor y dedicación le ha puesto el menda para que se pusieran bien gordotes y sabrosos. - Meditó, en primera instancia.- Por el otro, está la mandanga que solo pasa una vez al año... Tatianas en camisetas mojadas y con las perolas bien marcaditas... - Se quedó varios segundos en silencio, hasta que al final estalló.- ¡ARGHHHHH QUE DÍFICIL! ¡JODER! ¿ES O NO ES? - Se frustraba más con aquella encrucijada situación, hasta que una bombilla se le encendió, adoptando una expresión más calmada y confiada.
- Lo tengo. - Enunció.- Si algo le ha enseñado Breda al menda, es que no hay que fiarse de nada, y que todo tiene una vuelta de mula. - Cruzó los brazos, sonando totalmente confiado.- No prestarle atención a los tomates, después de todos los días de lluvia, penurias y alegrías que hemos pasado juntos... Sería como abandonar a un colegui de los nuestros en apuros, ¿es o no es? - Asentía el pelirrojo, ante su propia afirmación.- Los tomates son eternos, mientras que las tatianas son momentáneas, es lo que me has querido enseñar, ¿es o no es? - Esbozó una sonrisa más amplia.- Así que el menda, escoge quedarse con los tomates... - La sonrisa se transformó en una llena de perversión, hinchándose sus fosas nasales.- Y una vez que maduren, parte de los tomates se usarán para un concurso de camisetas mojadas de tomates... - Sacó la lengua, dejando una imagen repulsiva.- ¡Así tendremos dos concursos de camisetas mojadas al año PUEJE PUEJE! - Fue la respuesta que dio el pelirrojo, declarando que, para bien o para mal, su prioridad serían los tomates.
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