25-04-2026, 06:48 PM
Narrador / María Merlot
La cueva los abrigaba del exterior, los resguardaba en una unidad de dos. Por esos breves momentos de aislamiento la joven pudo olvidar, o más bien no pensar, en lo sucedido semanas atrás con Maki D. Zenin. Esos recuerdos la carcomían por dentro, la atormentaban por las noches, la hacían evitar a la peliverde y alejarse de sus queridos nakamas… ¿la razón? se sentía terriblemente mal por su incapacidad de ayudarlos, por su inutilidad en los momentos más críticos. ¿Por qué no la echaban? ¡Deberían venderla y sacarle algún provecho! Justo como siempre hizo “ÉL”.
¿Qué te ocurre? Llevo tiempo notando que algo perturba tu forma de ser natural.
La voz, aunque fuerte del gigante, se sentía tan familiar y cálida. No fue como lo dijo sino el trasfondo de sus palabras… ¿Acaso se había dado cuenta de su estado emocional? María bajo el molinete que lo apuntaba y con la mano opuesta se rasco la nuca en un gesto de nerviosismo que intento ocupar su mano. La pregunta fue directa, sin medias tintas o lagunas para la duda. Él demostró ser muy analítico cuando se encontraron con Howard… ¿Vio a través de ella? Ciertamente, no era cien por ciento ella…
Puedes contármelo, y si puedo, te ayudaré a superarlo.
Los ojos de María se abrieron como platos viéndolo hacia arriba, no por la petición sino porque él se ofrecía a ayudarla a superarlo. Luego de ese momento bajo la mirada a sus propios zapatos, y sintió picar los ojos. ¿Qué pensaría él si supiera que abandono a su amiga, su hermana, en el medio de una batalla de vida o muerte? ¡Qué su incapacidad casi le cuesta la vida a la segunda persona viva que más amaba! ¿La dejaría seguir siendo amiga del Príncipe Einarr? ¿Seguiría tratándola con amabilidad? Habían estado juntos en varias ocasiones, y aunque su relación había avanzado, no lo conocía lo suficiente para saber como reaccionaria a eso… no quería perder otra amistad… ¿Debería contárselo?
¡No!
¡Claro que no!
¡Claro que no!
Los gigantes eran seres valientes, honorables, de enormes corazones. Seguramente lo decepcionaría saber que estaba al lado de una inútil que abandono a su mejor amiga y que no tenía ningún valor para nada ni nadie. Los ojos se llenaron de lagrimas no derramadas, que limpio con la manga de su camisa. Respiro profundo llenando sus pulmones de aire para calmarse, para no romperse frente al hombre de cabellos negros. Al lograrlo... levanto la cabeza con una sonrisa vacía en los labios — Nunca lo he dudado, eres genialogintesco. ¡Como Thrym-sama! No te preocupes. Estoy bien… yo solo necesito un par de mini sándwiches de pepinos, juntare varios para hacerte uno acorde a tu tamaño. ¡Lo prometo Kelvin-sama! — poco a poco sus palabras iban llenándose de su toque alegre, aunque aun persistía esa melancolía que él detecto.
La del topo volador tampoco me parece una buena opción.
María rompió el espacio entre ambos, quedando a su lado cuando dijo aquel enunciado. Si la iguana estaba descartada y el topo también, ya tenían una opción ganadora — ¡Me gusta! Me gustan los mamíferos peluditos que pueda abrazar. Antes teníamos a Cara Melo pero se quedó en la Isla de los Cactus. ¡Vamos a descubrir si encontramos lagartijas con pelos! — empezó a caminar con la emoción de un misterioso chismoso por descubrir.
El masculino dijo algo más sobre una idea arriesgada, María solo le dedico una mirada curiosa pero las ganas de descubrir que había al final del túnel fue mayor, por esa razón siguió caminando — ¡Vamos, vamos! ¡La fiesta nos espera! — lo invito a seguirla sin soltar el molinete, y andando aleatoriamente, en zigzag para absorber de todo aunque no había gran cosa más que el sonido y la luz que se infiltraba. El sendero angosto, para un gigante supuso la joven, iba cuesta arriba. ¡Una pendiente! ¿Estaban subiendo? — ¿Estamos saliendo? ¿Llegaremos al cielo y tocaremos las nubes, Kelvin-sama? — pregunto la joven entre risas suaves imaginándose mordiendo aquellas formaciones blancas. Volar le hacia mucha ilusión, lástima que las alas del Príncipe Einarr no cumplieran esa función.
Al final del camino, siendo ella la más precipitada y primera en llegar (o más bien entrar) se encontró con una fiesta. ¡Una fiesta de verdad! Los dinosaurios continuaban moviendo el bote, ella quería bailar también. En su cabeza se veía como una especie de sala V.I.P., para divertirse y danzar sin parar. ¡Podría enseñarles Twerking! La flauta, su sonido era mayor, pero ella esta concentrada en el espectáculo frente a sus ojos. Dejando el molinete en el suelo, empezó a aplaudir al son de la melodía, estaba muy emocionada.
El masculino dijo algo más sobre una idea arriesgada, María solo le dedico una mirada curiosa pero las ganas de descubrir que había al final del túnel fue mayor, por esa razón siguió caminando — ¡Vamos, vamos! ¡La fiesta nos espera! — lo invito a seguirla sin soltar el molinete, y andando aleatoriamente, en zigzag para absorber de todo aunque no había gran cosa más que el sonido y la luz que se infiltraba. El sendero angosto, para un gigante supuso la joven, iba cuesta arriba. ¡Una pendiente! ¿Estaban subiendo? — ¿Estamos saliendo? ¿Llegaremos al cielo y tocaremos las nubes, Kelvin-sama? — pregunto la joven entre risas suaves imaginándose mordiendo aquellas formaciones blancas. Volar le hacia mucha ilusión, lástima que las alas del Príncipe Einarr no cumplieran esa función.
Al final del camino, siendo ella la más precipitada y primera en llegar (o más bien entrar) se encontró con una fiesta. ¡Una fiesta de verdad! Los dinosaurios continuaban moviendo el bote, ella quería bailar también. En su cabeza se veía como una especie de sala V.I.P., para divertirse y danzar sin parar. ¡Podría enseñarles Twerking! La flauta, su sonido era mayor, pero ella esta concentrada en el espectáculo frente a sus ojos. Dejando el molinete en el suelo, empezó a aplaudir al son de la melodía, estaba muy emocionada.
Os daré una única oportunidad de que os vayáis.
Una voz se superpuso a su atención, haciendo que la mirada ámbar viajara a un tipo… que se veía bajo y salvaje. ¡Otro enano gruñón no! ¡Con Howard tuvieron suficiente! ¿Acaso era el hábitat natural de esos homosapiens: Little Garden? ¿Y por qué tendrían que irse?
de lo contrario tendréis que ser comida de dinosaurios, sobre todo el grandullón
Aquellas palabras la hicieron inclinar la cabeza unos pocos grados a la izquierda procesando sus palabras. ¿Estaba amenazando a Kelvin-sama? ¡ESTABA AMENAZANDO A KELVIN-SAMA! ¿Qué le pasaba? Ellos no estaban haciendo nada malo, solo querían unirse a la fiesta. Tal vez era eso, un tipo introspectivo con cara de gruñon que no sabía como interactuar con otros… María decidió confiar en la bondad de los corazones, y no tomar sus palabras como una no oportunidad para entablar una nueva amistad.
— ¿Y por qué harías eso? ¡Si ellos se ven rechonchitos y felices! ¡Deberíamos de bailar todos y ser amigos! ¡También tengo un moño como tú! Pensé en hacerme una clineja esta mañana pero me quedaba sin tiempo… — le comento con alegría en cada vocablo pronunciado, lo cierto es que la dama prefería confiar en que habían más personas buenas, que malas, en el mundo. Tal vez ese enano era diferente a Howard.
María sin ningún tipo de malicia avanzo en línea recta alejándose de Kelvin, rompiendo los 10 metros con el sujeto y pasando a su lado, le guiño uno de sus ojos, hasta detenerse 4 metros más allá, más cerca de la “fiesta de los dinos” — Oye… ¿Puedes tocar algo más movido? ¡Quiero mover mi trasero! ¿Conocen el twerking? Modestia aparte soy una especialista en la materia… — se volteo a verlos quedando de espalda a los dinos, primero al desconocido sonriéndole con su encantadora manera de ser, esa que alumbraba y deslumbraba a cualquiera, luego miro a su compañero — … en ti seguro se ve majestuoso porque tu trasero es mas grande — bromeo haciendo un gesto con sus brazos como si intentara calcular con estos el tamaño de las nalgas del gigante.
— ¿Y por qué harías eso? ¡Si ellos se ven rechonchitos y felices! ¡Deberíamos de bailar todos y ser amigos! ¡También tengo un moño como tú! Pensé en hacerme una clineja esta mañana pero me quedaba sin tiempo… — le comento con alegría en cada vocablo pronunciado, lo cierto es que la dama prefería confiar en que habían más personas buenas, que malas, en el mundo. Tal vez ese enano era diferente a Howard.
María sin ningún tipo de malicia avanzo en línea recta alejándose de Kelvin, rompiendo los 10 metros con el sujeto y pasando a su lado, le guiño uno de sus ojos, hasta detenerse 4 metros más allá, más cerca de la “fiesta de los dinos” — Oye… ¿Puedes tocar algo más movido? ¡Quiero mover mi trasero! ¿Conocen el twerking? Modestia aparte soy una especialista en la materia… — se volteo a verlos quedando de espalda a los dinos, primero al desconocido sonriéndole con su encantadora manera de ser, esa que alumbraba y deslumbraba a cualquiera, luego miro a su compañero — … en ti seguro se ve majestuoso porque tu trasero es mas grande — bromeo haciendo un gesto con sus brazos como si intentara calcular con estos el tamaño de las nalgas del gigante.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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