25-04-2026, 07:43 PM
(Última modificación: 25-04-2026, 11:30 PM por Rackham Uker.)
La mujer quiso acariciar al animal, pero este se echó hacia atrás ante la visión de sus manos. Le pareció extraño en un inicio, pero al darse cuenta del error, decidió corregirlo. Quitó de sus manos sus armas y procedió a atarlas a una soga que colgaba de su cintura, al mismo tiempo que Kiyoshi llegaba asegurando que si volvía a atacarlos iba a estar en problemas. - Oye, metiche -. Por si no quedaba claro, le hablaba al médico, quien había interferido en su ansiado combate. - ¿Cómo me quito esto? -. Levantó su brazo izquierdo y se mostraron las burbujas que el tirador utilizó para atacarla, que se mantenían en su cuerpo como si fueran el material más resistente y pegajosos de la galaxia. - Y me está entrando sueño, y este imbécil no fue capaz de dar una pelea decente, así que debo asumir que estas cosas tienen algo que ver -.
La respuesta del medico no fue hacia esa pregunta, sino que hacia Uker, pero cuestionándolo sobre si el universo tenía algo contra él. - Oye, no fui yo quien sugirió apostar mi libertad en Drum -. Lo dijo con una sonrisa, pues al fin y al cabo no existía algún tipo de riña o rencor por eso. No fue más que un plan que se torció un poco.
- Hay varios con mascotas en esta isla, pero suelen ser animales más… independientes -. Las palabras de la mink surgieron de su boca mientras observaba al animal, el cual era limpiado un poco por Kiyoshi, encontrándose confundido por el uso de las burbujas. - Muchos llevan aves, son capaces de encontrar su propia comida y no están en peligro si sus embarcaciones caen en el mar. Algunos otros intentan venir por estas zonas en busca de animales más grandes y salvajes. Creen que se ganaran algún tipo de respeto si muestran tener control sobre algo 3 veces más grande que ellos -. Mientras decía eso, miraba alrededor, intentando asegurarse de que ningún animal así se les acerque. - En cuanto se encuentran conmigo, les doy una buena paliza y sigo protegiendo a estas criaturas. No me gusta que solo los vean como trofeos -.
Al escuchar eso, Uker observó al pequeño cachorro en su hombro, el cual le devolvió la mirada como si pudiera entender lo que se estaba diciendo. - Ese hombre tenía un loro -. La nueva información trajo la atención del cocinero de nuevo hacia la mink. Un Rackham con un loro… - Ese hombre… ¿era rubio? -.
- Así es… -. Respondió la mujer, alzando una ceja. - Y tenía una cicatriz… -.
- Aquí -. Uker la interrumpió, apuntando a la comisura derecha de sus labios. - Una cicatriz vertical, no más grande que las dimensiones de una katana -.
La respuesta enfureció a la desconocida. - Osea que si lo conoces, y te atreviste a decirme que… -. Fue interrumpida de nuevo, otra vez por Uker, pero ahora se detuvo al verlo levantar su mano izquierda con su palma apuntando a ella. El pirata giró hacia su compañero, el cual ahora preguntaba la cosa más razonable. - Al parecer… esta mujer conoció a mi abuelo -.
La revelación no sorprendió a la mink, solo la hizo levantar una ceja y cruzarse de brazos. - ¿Lo conoces o no? -. Uker bajó la mirada, llevando una de sus manos a su nuca para comenzar a rascar la zona. - Es complicado… -. Pero valía la pena explicarlo antes de que esa tipa volviera a atacarlos.
- Mi madre fue abandonada en la isla que se convirtió en su hogar permanente por su padre, un pirata. El único recuerdo que tenía de él era una fotografía que se hizo con la madre de su bebe, solo para abandonarlas cuando la recién nacida demostró que era tan enfermiza que tal vez no podría pasar de los 3 meses de vida -. Mientras lo explicaba, buscó la mirada de su compañero, por instinto, pues parecía querer apoyo cuando se trataba de cosas sobre enfermedades. - Cuando encontré esa foto, mi padre me regañó y me dijo incontables veces que en nuestra casa no iba a haber nada sobre piratas, que ese hombre se marchó para no volver nunca, y era verdad -. Su mano acarició con cuidado la cabeza del animal en su hombro, el cual recibió el gesto con gusto. - Nunca conocí a mi abuelo, nunca lo vi, me marché de esa isla cuando tenía 12 y cambie mi apellido al de mi madre, sin saber que ese tipo seguía con vida -.
Pero todavía no encontraba el sentido en algo. - Dijiste que te habló de que alguien con su apellido vendría a darte una buena pelea. ¿Cuándo fue eso? -. La mink tardó en responder, más por desconfianza que por pensarlo. - Hace unos 5 o 6 años -.
Uker se llevó la mano libre a la barbilla, pensativo. - Es cierto que en ese tiempo yo ya tenía este apellido, pero nunca vi en mi vida a ese hombre. Mi renombre como pirata comenzó hace 1 año, así que… -. No podía tratarse de él, era imposible. - Lo más seguro es que se refiriera a alguien más, tal vez otro hijo que dejó abandonado en algún lugar -. No lo conocía como para asegurarlo, pero viendo el historial… - Hace 5 años no era más que un cocinero en el South Blue, ni yo hubiera pensado que llegaría hasta esta isla, así que tu pelea tan ansiada puede llegar luego -.
Debía decirle eso, al menos para calmarla.
¿Su abuelo seguía vivo? Nunca le prestó atención, tampoco es que lo recuerde cada día de su vida, supuso que en algún punto murió, pero si logró llegar al Grand Line, a Jaya… Demasiado complicado, ese hombre no lo conoce, no debería significar un problema para la tripulación ni para él en el futuro, pero había algo que sí debía importarle. - Debo ser más fuerte… -.
Observó a la mujer, quien no pareció seguir su tren de pensamiento en un inicio. - No me interesa lo que ese tipo te prometió, no lo conozco y tampoco espero cumplir con expectativas de un extraño, pero si quiero ser más fuerte, lo necesito -. La mink por fin comprendió lo que decía, apoyando una de sus manos en una de sus rodillas con fuerza, hablando claramente y emanando un aura amenazante peor que antes. - Y esperas que me deje usar para que entrenes -. El cocinero sonrió, con sus ojos demostrando la confianza que antes no había salido a la luz. - Tú puedes ver si ese ansiado combate llega, yo puedo medir mis fuerzas contra alguien que se encuentra al menos al nivel de un tipo que ya pasó por esta isla -.
La intensidad de ambos podría dar a entender que volverían a combatir en ese momento, que en cualquier segundo ambos abandonan sus posiciones y volverían a chocar ataques. Eso no sucedió, fue el cocinero quien relajó el ambiente. - Pero será luego, ahora debemos irnos. Hay que cocinar y verificar que este pequeño este bien -. Mientras volvía a hablar, miró a Kiyoshi, a la vez que su mano tocaba levemente la cabeza del animal en su hombro dos veces. - A menos que tengas algo más que contarnos, o que preguntar -.
La respuesta del medico no fue hacia esa pregunta, sino que hacia Uker, pero cuestionándolo sobre si el universo tenía algo contra él. - Oye, no fui yo quien sugirió apostar mi libertad en Drum -. Lo dijo con una sonrisa, pues al fin y al cabo no existía algún tipo de riña o rencor por eso. No fue más que un plan que se torció un poco.
- Hay varios con mascotas en esta isla, pero suelen ser animales más… independientes -. Las palabras de la mink surgieron de su boca mientras observaba al animal, el cual era limpiado un poco por Kiyoshi, encontrándose confundido por el uso de las burbujas. - Muchos llevan aves, son capaces de encontrar su propia comida y no están en peligro si sus embarcaciones caen en el mar. Algunos otros intentan venir por estas zonas en busca de animales más grandes y salvajes. Creen que se ganaran algún tipo de respeto si muestran tener control sobre algo 3 veces más grande que ellos -. Mientras decía eso, miraba alrededor, intentando asegurarse de que ningún animal así se les acerque. - En cuanto se encuentran conmigo, les doy una buena paliza y sigo protegiendo a estas criaturas. No me gusta que solo los vean como trofeos -.
Al escuchar eso, Uker observó al pequeño cachorro en su hombro, el cual le devolvió la mirada como si pudiera entender lo que se estaba diciendo. - Ese hombre tenía un loro -. La nueva información trajo la atención del cocinero de nuevo hacia la mink. Un Rackham con un loro… - Ese hombre… ¿era rubio? -.
- Así es… -. Respondió la mujer, alzando una ceja. - Y tenía una cicatriz… -.
- Aquí -. Uker la interrumpió, apuntando a la comisura derecha de sus labios. - Una cicatriz vertical, no más grande que las dimensiones de una katana -.
La respuesta enfureció a la desconocida. - Osea que si lo conoces, y te atreviste a decirme que… -. Fue interrumpida de nuevo, otra vez por Uker, pero ahora se detuvo al verlo levantar su mano izquierda con su palma apuntando a ella. El pirata giró hacia su compañero, el cual ahora preguntaba la cosa más razonable. - Al parecer… esta mujer conoció a mi abuelo -.
La revelación no sorprendió a la mink, solo la hizo levantar una ceja y cruzarse de brazos. - ¿Lo conoces o no? -. Uker bajó la mirada, llevando una de sus manos a su nuca para comenzar a rascar la zona. - Es complicado… -. Pero valía la pena explicarlo antes de que esa tipa volviera a atacarlos.
- Mi madre fue abandonada en la isla que se convirtió en su hogar permanente por su padre, un pirata. El único recuerdo que tenía de él era una fotografía que se hizo con la madre de su bebe, solo para abandonarlas cuando la recién nacida demostró que era tan enfermiza que tal vez no podría pasar de los 3 meses de vida -. Mientras lo explicaba, buscó la mirada de su compañero, por instinto, pues parecía querer apoyo cuando se trataba de cosas sobre enfermedades. - Cuando encontré esa foto, mi padre me regañó y me dijo incontables veces que en nuestra casa no iba a haber nada sobre piratas, que ese hombre se marchó para no volver nunca, y era verdad -. Su mano acarició con cuidado la cabeza del animal en su hombro, el cual recibió el gesto con gusto. - Nunca conocí a mi abuelo, nunca lo vi, me marché de esa isla cuando tenía 12 y cambie mi apellido al de mi madre, sin saber que ese tipo seguía con vida -.
Pero todavía no encontraba el sentido en algo. - Dijiste que te habló de que alguien con su apellido vendría a darte una buena pelea. ¿Cuándo fue eso? -. La mink tardó en responder, más por desconfianza que por pensarlo. - Hace unos 5 o 6 años -.
Uker se llevó la mano libre a la barbilla, pensativo. - Es cierto que en ese tiempo yo ya tenía este apellido, pero nunca vi en mi vida a ese hombre. Mi renombre como pirata comenzó hace 1 año, así que… -. No podía tratarse de él, era imposible. - Lo más seguro es que se refiriera a alguien más, tal vez otro hijo que dejó abandonado en algún lugar -. No lo conocía como para asegurarlo, pero viendo el historial… - Hace 5 años no era más que un cocinero en el South Blue, ni yo hubiera pensado que llegaría hasta esta isla, así que tu pelea tan ansiada puede llegar luego -.
Debía decirle eso, al menos para calmarla.
¿Su abuelo seguía vivo? Nunca le prestó atención, tampoco es que lo recuerde cada día de su vida, supuso que en algún punto murió, pero si logró llegar al Grand Line, a Jaya… Demasiado complicado, ese hombre no lo conoce, no debería significar un problema para la tripulación ni para él en el futuro, pero había algo que sí debía importarle. - Debo ser más fuerte… -.
Observó a la mujer, quien no pareció seguir su tren de pensamiento en un inicio. - No me interesa lo que ese tipo te prometió, no lo conozco y tampoco espero cumplir con expectativas de un extraño, pero si quiero ser más fuerte, lo necesito -. La mink por fin comprendió lo que decía, apoyando una de sus manos en una de sus rodillas con fuerza, hablando claramente y emanando un aura amenazante peor que antes. - Y esperas que me deje usar para que entrenes -. El cocinero sonrió, con sus ojos demostrando la confianza que antes no había salido a la luz. - Tú puedes ver si ese ansiado combate llega, yo puedo medir mis fuerzas contra alguien que se encuentra al menos al nivel de un tipo que ya pasó por esta isla -.
La intensidad de ambos podría dar a entender que volverían a combatir en ese momento, que en cualquier segundo ambos abandonan sus posiciones y volverían a chocar ataques. Eso no sucedió, fue el cocinero quien relajó el ambiente. - Pero será luego, ahora debemos irnos. Hay que cocinar y verificar que este pequeño este bien -. Mientras volvía a hablar, miró a Kiyoshi, a la vez que su mano tocaba levemente la cabeza del animal en su hombro dos veces. - A menos que tengas algo más que contarnos, o que preguntar -.
