25-04-2026, 10:56 PM
La situación se había vuelto tensa. Kiyoshi llevaba su mano al rifle y la joven de pelo verde amenazaba al doctor. Ninguno de los presentes se atrevía a realizar ningún gesto. Tanto es así, que pareciese que no eran capaces ni de respirar, no fuese a ser que aquello hiciese estallar el enfrentamiento ante ellos. Los movimientos de la chica eran veloces y se mostraba confiada. ¿Acaso sería capaz de derrotar a Kiyoshi o tan solo era una insensata? El doctor era un pistolero muy capaz, el mejor que había visto, y aún así esa mujer se encaraba con él como si no fuese rival para ella.
Genio. Las palabras de Kiyoshi resonaron en mi mente como música festiva. No solo era uno de los pocos halagos que me había hecho mi amigo, sino que era el que más podía valorar viniendo de él. Y no solo tuvieron efecto sobre mi, pues sin que supiese bien cómo, la tensión del ambiente se diluyó. Al menos, para el resto. Yo no tuve tanta suerte, pues la joven se acercó a mi, inclinó su cuerpo en mi dirección y aproximó su rostro al mío. Mucho. Demasiado. Una distancia tan corta que incomodaría a cualquiera. Al menos a cualquiera celoso de su espacio vital. ¿Qué decía aquella bruta? ¿Navegar con nosotros a cambio de un abrigo de piel? No supe bien si se trataba de algún tipo de amenaza a proposición, solo sentí que un pequeño escalofrío recorrió mi espalda al poder notar la respiración de la mujer.
—Disculpe, se... ¿señorita? —dije mientras me separaba de ella con mis nudillos empujando en su hombro—.Si estamos tan cerca, alguien se podría enfermar.
Al fin la situación pareció relajarse por completo cuando Kiyoshi se dirigió hacia la única mesa que había evitado la anterior contienda. Desinfectó el espacio, cosa que agradecí en silencio, y se sentó. La mujer al fin se apartó de mi, lo cual me permitió hacer un gesto hacia el cantinero para que nos trajese algo de beber. Un simple cruce de miradas y un asentimiento bastaron para hacer el pedido. Ya había perdido la esperanza de encontrar algún cóctel afrutado o tan siquiera un vino que no estuviera picado. Por aquel entonces, me conformaba con que nos sirviesen algo que no nos hiciera perder la vista o que al menos no hubiese sido destilado en una bañera en la trastienda.
Me dirigí hacia la mesa. Me quedé de pie junto a la mesa, pues solo había dos sillas y uno nunca puede olvidar los buenos modales. Eso y que no acababa de fiarme de aquella mujer. Mejor mantenerme en pie por si había que echar a correr. Recorrí la imagen de la joven de arriba a abajo mientras el doctor aseguraba que se parecía a la anterior novia de Uker. ¿De verdad aquella era el tipo de mujer que le gustaba al cocinero? Una nueva amenaza por parte de la mujer no se hizo esperar, aunque esta vez pude entrever que no se trataba de una hostilidad real, sino parte de su personalidad. Justo el tipo de persona que quería a bordo de nuestro barco...
La reacción de los presentes ante la propuesta de Kiyoshi fue unánime. Yo entendía bien esa sorpresa, pues hace unos meses nunca hubiera imaginado que algún temible pirata de los que encabezan las listas de los más buscados tuviera tiempo para historias de amor. La joven respondió de la misma manera, pero su pregunta me perturbó aún más.
— Eeemm... Yo... Novia?? No, no, no —mis palmas hacia delante—. Además. Yo? —me señalé encogiendo los hombros—. Con alguien con tanto...? —giré mi mano derecha repetidas veces— y con tan poco...? —giré la otra mano.
El tabernero llegó portando una botella y tres pequeños vasos llenos todos con un líquido ambarino de aspecto algo turbio, algo que en otra ocasión me hubiese echado para atrás, pero en aquel momento, y con la fama del alcohol para diluir los nervios, no me importó lo más mínimo. Cogí uno de los vasos y apuré el liquido de un solo trago. No era suficiente. Agarré el segundo vaso y lancé aquel supuesto ron añejo a mi garganta. Fue una mala idea, pues en ese momento comencé a sentir el ardor del primer trago bajando por mi interior. Una sacudida se apoderó de mi.
—Lo que quiero decir —carraspeé— es que nuestro Uker es mucho mejor partido que yo. Es más atractivo, un hombre temible como... tú —no me atreví a concluir la frase—, y más alto. A las mujeres os gustan los hombres altos, ¿no es así? —El sudor bajaba por mi frente como si de un río bravo se tratase—. Además, yo...
¿Alguna vez me había imaginado teniendo pareja? Mi vida se había dado de una manera en la que pensar más allá de la inmediatez no era más que fantasear. Nunca había desperdiciado mi tiempo pensando en compartir mi vida con alguien, en tener proyectos de futuro, ni siquiera en imaginar historias de amor como las que en ocasiones, aparecían en mis lecturas. Nada de tiempo para imaginar pequeños cachorros mink correteando a mi alrededor. ¡Eso era!
—...yo no podría. ¿Qué pensarían en la tribu mink si apareciese por allí con una camada de cachorros sin pelaje? —comencé a abanicarme utilizando mi sombrero—. Seguro que más de uno pensaría que son comida. Disculpe, bru... señorita. No puede ser.
Rellené de nuevo los tres vasos, como si pensase que Kiyoshi fuese a estar dispuesto a beber de un vaso que no hubiera desinfectado antes.
—Bueno, entonces... ¿qué es lo siguiente, Kiyoshi? ¿Deberíamos organizarles una cena? Yo no tengo mucha... —me detuve, me acerqué a Kiyoshi y volví a aproximar el reverso de mi mano a mi hocico para susurrar— Yo no tengo mucha experiencia con mujeres.
No apreciaba a aquella mujer, pero si a Uker. Si ella podía resolver sus problemas, fueran cuales fueran, yo debía ayudarle.
