25-04-2026, 11:22 PM
Básicamente, puede ser un estorbo llevar consigo una mascota que dependa tanto de los humanos. Sin embargo, ¿eso importa realmente? Puede que la tripulación de la que Kiyoshi y Uker forman parte se esfuerce en ser fuerte y no dejarse amedrentar por los peligros que presente la Gran Línea, pero tampoco es que se apeguen al pie de la línea en cuanto a qué es útil y qué no. Se esfuerzan, sufren, pero también intentan pasarla bien, disfrutar el viaje y de la amistad que se ha ido formando entre los cuatro. — No importa. Si quieres llevarte ese tonto mapache, puedes hacerlo. — Aunque también hay que ver si la cazadora querrá aceptar eso. Según sus palabras, se encarga de cuidar la fauna de la zona. En ese aspecto, se gana un poco el respeto de Kiyoshi. — Como capitán temporal, apruebo la presencia de una mascota. Eso sí, a la primera que vea que hace sus necesidades en cualquier parte, te regañaré como nunca antes alguien lo ha hecho. — No es específico al decir que el verdadero capitán está fuera de combate, pues darle información tan delicada a una desconocida puede ser crucial. Aún en tiempos de crisis, Kiyoshi sigue siendo un ser racional y pensante. En ese sentido, no se puede desconfiar de él.
Escucha atento la historia que Uker cuenta, pudiendo al fin conocer parte del pasado de su compañero. Al final, resulta que los relatos entre ambos, humano y mink, calzan en un punto. Se concluye que hay una confusión por parte de la mujer, pero tampoco estaba tan perdida. Esta experiencia también les permite entender lo pequeño que es el mundo y lo efímero que es el paso del tiempo. ¿Qué probabilidad había de que la mink conociera al abuelo del cocinero y navegante, esperando aquí hasta la llegada del hombre que le prometió? Realmente parece escrito por la auténtica Diosa del Destino. Aun así, presenta fallas. Parece ser que, en estricto rigor, no es Uker Rackham la persona que lleva tanto tiempo aguardando. Es una lástima. Kiyoshi piensa: ¿qué sentiría si él si creyese estar frente a su objetivo para que, al final, todo resulte en una confusión? Sería horrible. Ojalá a él no le pase.
— O sea que todo pudo resolverse si hubiese estado presente un médico capacitado para que esa bebé no fuera abandonada por su mala salud. — Aprovecha la oportunidad para realizar la importancia de su profesional. Nunca la ha visto subestimada, pero es regocijante para él mismo decirlo, para así sentirse orgulloso del camino que decidió tomar desde temprana edad. — Afortunadamente para ti, tonto, conmigo aquí, no tendrás que vivir algo parecido. Así que, cuando tengas un hijo, estará más sano que todos nosotros juntos. — ¿Será que seguirán compartiendo tripulación para cuando llegue el momento en que El Marcado tenga descendencia? Para empezar, ¿aquel pirata querrá ese futuro para él? No importa. Desde ya, Kiyoshi se pone a disposición como médico. Desde el principio lo dijo: para los suyos, siempre estará presente.
Ante la incomodidad de la mink de tener esas burbujas presentes, Kiyoshi hace un leve gesto con la mano libre para que todas exploten, dejando levemente húmeda la espalda ajena. No se puede evitar. — No te quejes, tonta. Fuiste tú quien apareció de la nada a atacarnos. Nosotros no tendemos a buscar problemas, pero si alguien se mete con uno de los nuestros, es imposible que nos quedemos quietos. Nunca olvides eso de los Piratas de la Sepultura. — Si algo ha aprendido de Eros durante todos estos meses compartiendo bando, es ese espíritu protector con los compañeros. Incluso un antiguo cobarde como Kiyoshi, que pecaba de ser prudente para mantener su seguridad, hoy en día demuestra valentía para poner el pecho por los suyos.
De hecho, a la más mínima intención hostil de la mink, Kiyoshi hace el amague de mover su rifle para apuntarle, pero cuando se comprueba que nada pasará, regresa a la calma. También es bueno aclarar que no sirve de nada si, repentinamente, el propio Uker sugiere que podrían utilizarse mutuamente para incrementar su fuerza. — Si llegas a ser tú quien le busca pelea, ni creas que me ensuciaré las manos para ayudarte. Mientras sea una pelea justa, no hay motivo para que me enfade.
Curiosamente, el mapache se escapa de los otros y se acerca a Kiyoshi. Parece haberle gustado un poco al tacharlo como el culpable de que los rastros de suciedad hayan escapado de su pelaje y ahora se sienta perfectamente limpio. El médico se agacha y lo toma con ambas manos, pero asegurándose de no acercárselo a la ropa para que no le manche con pelo que se le pueda salir. Sus manos enguantadas están aseguradas para sujetarlo. Cabe recalcar que, para hacer esto, ha debido antes posicionar nuevamente el rifle en su espalda, sujetado por una correa. Esto también indica que ya no siente la necesidad de defenderse de la mink.
— Pues parece que este tonto animalito está conforme con que lo cargue yo. Si tienen algo que resolver, pueden hacerlo ahora. Yo de mientras debería pensar en un hombre para este tontito. — Ah, y falta un detalle que aún no se aclara. — ¿Y cuándo nos dirás tu nombre, tonta? Así podré contar que cierta mujer le dio una paliza a nuestro cocinero. De seguro el resto se ríe un rato.
Escucha atento la historia que Uker cuenta, pudiendo al fin conocer parte del pasado de su compañero. Al final, resulta que los relatos entre ambos, humano y mink, calzan en un punto. Se concluye que hay una confusión por parte de la mujer, pero tampoco estaba tan perdida. Esta experiencia también les permite entender lo pequeño que es el mundo y lo efímero que es el paso del tiempo. ¿Qué probabilidad había de que la mink conociera al abuelo del cocinero y navegante, esperando aquí hasta la llegada del hombre que le prometió? Realmente parece escrito por la auténtica Diosa del Destino. Aun así, presenta fallas. Parece ser que, en estricto rigor, no es Uker Rackham la persona que lleva tanto tiempo aguardando. Es una lástima. Kiyoshi piensa: ¿qué sentiría si él si creyese estar frente a su objetivo para que, al final, todo resulte en una confusión? Sería horrible. Ojalá a él no le pase.
— O sea que todo pudo resolverse si hubiese estado presente un médico capacitado para que esa bebé no fuera abandonada por su mala salud. — Aprovecha la oportunidad para realizar la importancia de su profesional. Nunca la ha visto subestimada, pero es regocijante para él mismo decirlo, para así sentirse orgulloso del camino que decidió tomar desde temprana edad. — Afortunadamente para ti, tonto, conmigo aquí, no tendrás que vivir algo parecido. Así que, cuando tengas un hijo, estará más sano que todos nosotros juntos. — ¿Será que seguirán compartiendo tripulación para cuando llegue el momento en que El Marcado tenga descendencia? Para empezar, ¿aquel pirata querrá ese futuro para él? No importa. Desde ya, Kiyoshi se pone a disposición como médico. Desde el principio lo dijo: para los suyos, siempre estará presente.
Ante la incomodidad de la mink de tener esas burbujas presentes, Kiyoshi hace un leve gesto con la mano libre para que todas exploten, dejando levemente húmeda la espalda ajena. No se puede evitar. — No te quejes, tonta. Fuiste tú quien apareció de la nada a atacarnos. Nosotros no tendemos a buscar problemas, pero si alguien se mete con uno de los nuestros, es imposible que nos quedemos quietos. Nunca olvides eso de los Piratas de la Sepultura. — Si algo ha aprendido de Eros durante todos estos meses compartiendo bando, es ese espíritu protector con los compañeros. Incluso un antiguo cobarde como Kiyoshi, que pecaba de ser prudente para mantener su seguridad, hoy en día demuestra valentía para poner el pecho por los suyos.
De hecho, a la más mínima intención hostil de la mink, Kiyoshi hace el amague de mover su rifle para apuntarle, pero cuando se comprueba que nada pasará, regresa a la calma. También es bueno aclarar que no sirve de nada si, repentinamente, el propio Uker sugiere que podrían utilizarse mutuamente para incrementar su fuerza. — Si llegas a ser tú quien le busca pelea, ni creas que me ensuciaré las manos para ayudarte. Mientras sea una pelea justa, no hay motivo para que me enfade.
Curiosamente, el mapache se escapa de los otros y se acerca a Kiyoshi. Parece haberle gustado un poco al tacharlo como el culpable de que los rastros de suciedad hayan escapado de su pelaje y ahora se sienta perfectamente limpio. El médico se agacha y lo toma con ambas manos, pero asegurándose de no acercárselo a la ropa para que no le manche con pelo que se le pueda salir. Sus manos enguantadas están aseguradas para sujetarlo. Cabe recalcar que, para hacer esto, ha debido antes posicionar nuevamente el rifle en su espalda, sujetado por una correa. Esto también indica que ya no siente la necesidad de defenderse de la mink.
— Pues parece que este tonto animalito está conforme con que lo cargue yo. Si tienen algo que resolver, pueden hacerlo ahora. Yo de mientras debería pensar en un hombre para este tontito. — Ah, y falta un detalle que aún no se aclara. — ¿Y cuándo nos dirás tu nombre, tonta? Así podré contar que cierta mujer le dio una paliza a nuestro cocinero. De seguro el resto se ríe un rato.
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