26-04-2026, 02:15 AM
Narrador / María Merlot
¿Se abrió la herida?
¿Ahora si sería Ketchup?
¿Ahora si sería Ketchup?
La mirada ámbar de la hermosa y risueña joven se enfoco en el vendaje que poco a poco se iba cubriendo de carmesí. Eso, aunque colorido y llamativo, no parecía muy… adecuado para una herida que se suponía suturada y en proceso de curarse. Su ceño se frunció levemente mostrando la preocupación y meditación sobre el asunto. María continuaba sentada de rodillas en la cama, con su largo cabello atado en una cola alta, un poco desajustado por la caída de antes pero que le daba un plus de naturalidad a su encanto innato.
De todas las preguntas y comentarios que realizo, el hombre no contestó ninguna. Parecía aun aturdido por el despertar luego del desmayo. Por un momento María pensó que estaba asustado por estar en un lugar desconocido ¡Hasta ella lo estaría! Aunque le pasaba con más frecuencia de lo que pudiese imaginar cualquiera, no exactamente por su propia culpa sino a causa de su “entorno”, si fuera por ella no saldría de su celda, prisión o habitación de turno.
De todas las preguntas y comentarios que realizo, el hombre no contestó ninguna. Parecía aun aturdido por el despertar luego del desmayo. Por un momento María pensó que estaba asustado por estar en un lugar desconocido ¡Hasta ella lo estaría! Aunque le pasaba con más frecuencia de lo que pudiese imaginar cualquiera, no exactamente por su propia culpa sino a causa de su “entorno”, si fuera por ella no saldría de su celda, prisión o habitación de turno.
Esto… ¿Cómo te llamas y por qué me llamas Tómate?
Su voz, sonaba un poco rasposa aunque con el mismo matiz agradable del primer encuentro. La mirada ámbar de la chica subió a su único ojo, uno verde musgo muy bonito. ¿No era obvio por qué le decía así? ¿Solo ella veía al tomate en su cabello? Por un segundo desvió la vista a la bolsa en el suelo más allá de la cama: los tomates que trajo eran igualitos a él… rojos y con tallos verdes. Cuando volvió a prestarle atención, le dedico una media sonrisa, y no lo interrumpió porque se notaba que tenía algo más que decir.
Me llamo Jesse, encantado. Y gracias, supongo que tu me ayudaste
Se presento, se llamaba “Jesse”. María inclino la cabeza unos grados hacia la izquierda procesando la información de su nombre, le gustaba más Tomate. Cuando le agradeció ella le sonrió con más amplitud, le gusto ese agradecimiento… la hizo sentir ¿bien? ¿útil? ¿normal? ¿limpia? Ayudo a un ciudadano random, hizo una buena acción. Su padre estaría orgulloso, desde el cielo de los cangrejos. Cuando vio que él le dedicaba una sonrisa, una seductora porque sabía reconocerla, dudo sobre si el sujeto estaba coqueteándole, por un breve segundo quiso apartarse de su cercanía… pero desterró la idea, él no estaba haciendo eso… simplemente parecía ser algo natural… como la propia belleza de la semi sirena.
Mierda, seguramente se han abierto los puntos. ¿Podrías avisar al matasanos, cielo?
Hablo otra vez, aprovechando el intervalo de duda de la mestiza. Al parecer ya se había dado cuenta del color rojo en las vendas blancas, claro, ella se lo había hecho notar. El término “cariñoso” que salió de sus labios como una caricia aterciopelada la hizo congelarse por un segundo. No le molesto, solo fue inesperado… ¿Le decía así por el color de su cabello? Eso sería un agradable detalle ¿O le decía así a todos las mujeres? Lo que sería un término corriente y vulgar.
— ¿Avisar al matasanos? Claro que sí, ya vengo, no te muevas… estará todo bien, solo es un poco más de Ketchup, no es nada comparado con lo de ayer. Ayer era una cascada, sangre y más sangre... — comento levantándose de la cama y caminando de espaldas hacia la puerta mientras gesticulaba con las manos chispas. Por alguna razón su petición sonó a algo muy imperativo, ella sentía la necesidad de cumplir con esta. Le dedico una leve sonrisa, se dio media vuelta y salió de la habitación.
Afuera el matasanos seguía atendiendo al mismo paciente que cuando ella llego... parecía una emergencia. La mujer le explico la situación, él suspiro y le dijo que tenia que hacer: tomar unas vendas nueva, un poco de agua que olía a mar y una pomada especial de su autoria. ¡María no tenía ni idea que hacer! Y solía entender todo al revés… sin embargo, no tenía tiempo y debía ayudar al Tomate a no seguir perdiendo salsa de su cuerpo.
Llevando todo en la mano, abrió la puerta de la destartalada habitación y luego la cerró tras de si — ¡Regrese! — anuncio su llegada con una sonrisa brillante tan característica de ella, tan deslumbrante como el sol — … el matasanos está ocupado pero me dio un curso teórico de un minuto y medio sobre enfermería básica para tratar heridas de balas en Tomates… — comento llena de optimismo sobre el procedimiento que estaba a punto de ejecutar, se tenía fé… ¿Qué mal podría salir? Dejo todo en el lado de la cama dónde se durmió al principio, luego evaluó al enfermo mirándolo de arriba abajo con las manos en la cintura, que buen cuerpo tenia, musculoso… aunque ese no era el punto — ¡Seré tu enfermera! Puedes llamarme Enfermera Mar… — declaró con alegría como si estuvieran a punto de… jugar un juego, antes de decir su nombre se calló, y la sonrisa se borró. La celeste desvió la mirada a la izquierda mientras mordía su labio roto, el dolor propio la hizo recordar que estaba prohibido llamarse a sí misma “María Merlot”, si alguien la escuchaba… y llegaba a Pedro, la castigaría… detestaba que dijera su nombre antiguo. Ese momento de duda duro un segundo, o menos, entonces subió la mirada al ojo verde y la sonrisa volvió a deslumbrar su alrededor — Enfermera Kassandra… — se presento oficialmente ante el Tomate, odiaba ese nombre pero tenía que aprender a vivir con eso — … y solo hay una manera de hacer esto, puede doler pero sé fuerte como una roca… ¿sabías que algunas rocas pueden flotar en el mar? Un tipo una vez me lo contó, dijo que era un explorador y lo había visto en uno de sus viajes… ¿has visto una roca flotar, Tomate? — la voz suave salía de sus labios, el contenido de las frases aleatorio como su misma personalidad. ¿Cuál era el mejor lugar para hacer la limpieza? Fácil, subirse encima de él.
Una rodilla, luego la otra, estaba de rodillas sobre la cama, se subió el vestido hasta los muslos mostrando la perfecta piel de porcelana de sus piernas, alzo una y la paso por encima de su abdomen, hasta quedar a horcajadas sobre Jesse. Soltó la falda del vestido — Quitar, poner, limpiar… — dijo viendo y analizando los implementos que había dejado de un lado — o era… limpiar, poner, quitar — empezó a decir en susurros, aunque eran muy audibles para él, después de todo estaba encima del enfermo — Da igual, primero quitemos las vendas y luego veamos — termino decidiendo inclinándose hacia delante para con cuidado quitar las vendas, aunque como pasaban por su espalda era complicado — Creo… que vamos a tener que sentarnos… — llego a la conclusión volviendo a una posición erguida pero sin dejar de estar a horcajadas sobre el masculino, entonces, en vez de quedar sentada sobre su abdomen, retrocedió para quedar sentada sobre los muslos del hombre — La Enfermera Kassandra necesita que te levantes… ¿Puedes, Tomate? ¿Necesitas ayuda? — le pregunto extendiendo sus manos para que se la sujetara si lo necesitaba. Se quedo ahí, esperando su respuesta.
— ¿Avisar al matasanos? Claro que sí, ya vengo, no te muevas… estará todo bien, solo es un poco más de Ketchup, no es nada comparado con lo de ayer. Ayer era una cascada, sangre y más sangre... — comento levantándose de la cama y caminando de espaldas hacia la puerta mientras gesticulaba con las manos chispas. Por alguna razón su petición sonó a algo muy imperativo, ella sentía la necesidad de cumplir con esta. Le dedico una leve sonrisa, se dio media vuelta y salió de la habitación.
Afuera el matasanos seguía atendiendo al mismo paciente que cuando ella llego... parecía una emergencia. La mujer le explico la situación, él suspiro y le dijo que tenia que hacer: tomar unas vendas nueva, un poco de agua que olía a mar y una pomada especial de su autoria. ¡María no tenía ni idea que hacer! Y solía entender todo al revés… sin embargo, no tenía tiempo y debía ayudar al Tomate a no seguir perdiendo salsa de su cuerpo.
Llevando todo en la mano, abrió la puerta de la destartalada habitación y luego la cerró tras de si — ¡Regrese! — anuncio su llegada con una sonrisa brillante tan característica de ella, tan deslumbrante como el sol — … el matasanos está ocupado pero me dio un curso teórico de un minuto y medio sobre enfermería básica para tratar heridas de balas en Tomates… — comento llena de optimismo sobre el procedimiento que estaba a punto de ejecutar, se tenía fé… ¿Qué mal podría salir? Dejo todo en el lado de la cama dónde se durmió al principio, luego evaluó al enfermo mirándolo de arriba abajo con las manos en la cintura, que buen cuerpo tenia, musculoso… aunque ese no era el punto — ¡Seré tu enfermera! Puedes llamarme Enfermera Mar… — declaró con alegría como si estuvieran a punto de… jugar un juego, antes de decir su nombre se calló, y la sonrisa se borró. La celeste desvió la mirada a la izquierda mientras mordía su labio roto, el dolor propio la hizo recordar que estaba prohibido llamarse a sí misma “María Merlot”, si alguien la escuchaba… y llegaba a Pedro, la castigaría… detestaba que dijera su nombre antiguo. Ese momento de duda duro un segundo, o menos, entonces subió la mirada al ojo verde y la sonrisa volvió a deslumbrar su alrededor — Enfermera Kassandra… — se presento oficialmente ante el Tomate, odiaba ese nombre pero tenía que aprender a vivir con eso — … y solo hay una manera de hacer esto, puede doler pero sé fuerte como una roca… ¿sabías que algunas rocas pueden flotar en el mar? Un tipo una vez me lo contó, dijo que era un explorador y lo había visto en uno de sus viajes… ¿has visto una roca flotar, Tomate? — la voz suave salía de sus labios, el contenido de las frases aleatorio como su misma personalidad. ¿Cuál era el mejor lugar para hacer la limpieza? Fácil, subirse encima de él.
Una rodilla, luego la otra, estaba de rodillas sobre la cama, se subió el vestido hasta los muslos mostrando la perfecta piel de porcelana de sus piernas, alzo una y la paso por encima de su abdomen, hasta quedar a horcajadas sobre Jesse. Soltó la falda del vestido — Quitar, poner, limpiar… — dijo viendo y analizando los implementos que había dejado de un lado — o era… limpiar, poner, quitar — empezó a decir en susurros, aunque eran muy audibles para él, después de todo estaba encima del enfermo — Da igual, primero quitemos las vendas y luego veamos — termino decidiendo inclinándose hacia delante para con cuidado quitar las vendas, aunque como pasaban por su espalda era complicado — Creo… que vamos a tener que sentarnos… — llego a la conclusión volviendo a una posición erguida pero sin dejar de estar a horcajadas sobre el masculino, entonces, en vez de quedar sentada sobre su abdomen, retrocedió para quedar sentada sobre los muslos del hombre — La Enfermera Kassandra necesita que te levantes… ¿Puedes, Tomate? ¿Necesitas ayuda? — le pregunto extendiendo sus manos para que se la sujetara si lo necesitaba. Se quedo ahí, esperando su respuesta.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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