26-04-2026, 04:12 PM
Pudo visualizar en detalle la forma en la que sus ojos le observaban. Resultaba curioso ver a la mujer delinear su propia cicatriz. No era molestia, muchos lo hacían en un primer encuentro, por eso no hizo comentarios al respecto, solo mantuvo su sonrisa, sin perder detalle en su mirada, contemplando una curiosidad que quién sabe si podría ser saciada. La forma de sonrojarse, para mejorar las cosas, era fascinante. Elevó su mano, ahora tomando su mentón cuando evitó su mirada. No podía ver la cicatriz de su cuello, pero sí le molestaba aquel collar. Quiso arrancarlo de cuajo, pero solo estropearía las cosas y podría ser negativo para ella. Su expresión, sin embargo, mostraba la misma calma que lo caracterizaba.
Sus palabras sonaron lentas al momento que su afilada mirada la contemplaba sin amenaza, más bien buscando que se sintiera cómoda, descendiendo su mano para evitar forzarla a mirarlo. Verlo nerviosa le hizo comprender que aquel detalle era algo que no se esperaba. Los toquecitos en sus mejillas, el rojo iluminando un tono de piel tan hermoso como delicado. Un desperdicio que se estuviera perdiendo en un lugar así, encerrada. Esta vez el pensamiento no era un plan, era algo real que sintió el propio yakuza.
Descendió la mirada, volviendo a prestar atención a las notas que le escribía para poder leerla. —Gracias señorita, es usted muy amable. — No era la primera vez que halagaban su belleza, le gustó que lo tomara en cuenta de todos modos. Esa mujer parecía dejar entrever su propia opinión, quizás estuviera realmente a tiempo de ser salvada, ya que no parecía un muñeco roto todavía.
Volteó la mirada hacia la fuente, luego hacia ella, elevando su mano para buscar el tacto de la ajena. —Si tiene miedo a caerse, yo puedo ayudarla a sostenerse, señorita. — No había burla, ni insistencia, solo una mano que claramente se ofrecía a ayudarla. —Lo digo en serio, es un desperdicio que esté aquí, sola y encerrada. — Elevó su mano, con cuidado, ahora peinando con sus dedos el cabello de la mujer con toques suaves. —Lo digo en serio cuando menciono su belleza. Quizás solo tenga miedo de verse a sí misma por no verse hermosa, o por lo que lleva encima, pero eso no quita que posea buena anatomía, señorita, al menos buena anatomía facial.
La forma de expresarse, pese a la inocencia que irradiaba, causaba un conflicto que despertó su interés y curiosidad. Una mujer, desde luego, de lo más interesante. Trató de elevar su brazo, tratando que la diferencia de alturas no la afectara demasiado. —Puedo intentar venir a verla más a menudo si quiere más compañía. — Comenzó a caminar, guiando a la mujer donde sabía que habían preparadas mesas con un buffet libre para comer. —No dudo que puede ser entretenida, pero no me dio una respuesta. — Sus ojos se elevaron, al momento que su voz descendía en volumen y tono.
Hizo un silencio, a la espera de cualquier reacción por parte de la fémina. La pregunta, eso sí, lo tomó por sospresa. Volteó la mirada, ahora buscando la contraria. No es que no estuviera buscando eso, pero, desde luego, era inesperablemente oportuno... O quizás estuviera sospechando algo. Quiso probar a presionar un poco, solo por cautela. —¿Y tú, Seraphine? ¿Quieres joder a tu Amo y salir de aquí? — Su voz se mantuvo suave, baja, procurando evitar que nadie más que ella pudiera escucharlo, omitiendo cualquier de formalidad, buscando así una mayor confianza con la joven. Alcanzó el lugar del buffet, donde había una larga mesa horizontal, con variedad de platos ordenados perfectamente. Desayunos, embutidos, pan, dulces, cosas características para un desayuno. En la otra mitad, se encontraban platos más elavorados para comidas, de todo tipo, desde carnes hasta mariscos, pasando por ensaladas, verduras, frutas, comidas exóticas...

—¿Siente curiosidad por algo, señorita Seraphine?
Sus palabras sonaron lentas al momento que su afilada mirada la contemplaba sin amenaza, más bien buscando que se sintiera cómoda, descendiendo su mano para evitar forzarla a mirarlo. Verlo nerviosa le hizo comprender que aquel detalle era algo que no se esperaba. Los toquecitos en sus mejillas, el rojo iluminando un tono de piel tan hermoso como delicado. Un desperdicio que se estuviera perdiendo en un lugar así, encerrada. Esta vez el pensamiento no era un plan, era algo real que sintió el propio yakuza.
Descendió la mirada, volviendo a prestar atención a las notas que le escribía para poder leerla. —Gracias señorita, es usted muy amable. — No era la primera vez que halagaban su belleza, le gustó que lo tomara en cuenta de todos modos. Esa mujer parecía dejar entrever su propia opinión, quizás estuviera realmente a tiempo de ser salvada, ya que no parecía un muñeco roto todavía.
Volteó la mirada hacia la fuente, luego hacia ella, elevando su mano para buscar el tacto de la ajena. —Si tiene miedo a caerse, yo puedo ayudarla a sostenerse, señorita. — No había burla, ni insistencia, solo una mano que claramente se ofrecía a ayudarla. —Lo digo en serio, es un desperdicio que esté aquí, sola y encerrada. — Elevó su mano, con cuidado, ahora peinando con sus dedos el cabello de la mujer con toques suaves. —Lo digo en serio cuando menciono su belleza. Quizás solo tenga miedo de verse a sí misma por no verse hermosa, o por lo que lleva encima, pero eso no quita que posea buena anatomía, señorita, al menos buena anatomía facial.
La forma de expresarse, pese a la inocencia que irradiaba, causaba un conflicto que despertó su interés y curiosidad. Una mujer, desde luego, de lo más interesante. Trató de elevar su brazo, tratando que la diferencia de alturas no la afectara demasiado. —Puedo intentar venir a verla más a menudo si quiere más compañía. — Comenzó a caminar, guiando a la mujer donde sabía que habían preparadas mesas con un buffet libre para comer. —No dudo que puede ser entretenida, pero no me dio una respuesta. — Sus ojos se elevaron, al momento que su voz descendía en volumen y tono.

—¿No querría ser libre, señorita?
Hizo un silencio, a la espera de cualquier reacción por parte de la fémina. La pregunta, eso sí, lo tomó por sospresa. Volteó la mirada, ahora buscando la contraria. No es que no estuviera buscando eso, pero, desde luego, era inesperablemente oportuno... O quizás estuviera sospechando algo. Quiso probar a presionar un poco, solo por cautela. —¿Y tú, Seraphine? ¿Quieres joder a tu Amo y salir de aquí? — Su voz se mantuvo suave, baja, procurando evitar que nadie más que ella pudiera escucharlo, omitiendo cualquier de formalidad, buscando así una mayor confianza con la joven. Alcanzó el lugar del buffet, donde había una larga mesa horizontal, con variedad de platos ordenados perfectamente. Desayunos, embutidos, pan, dulces, cosas características para un desayuno. En la otra mitad, se encontraban platos más elavorados para comidas, de todo tipo, desde carnes hasta mariscos, pasando por ensaladas, verduras, frutas, comidas exóticas...
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