26-04-2026, 06:00 PM
Angus lanzó un ataque al aire, esperando recibir un ataque de parte de Ryu. Abrió los ojos luego de haber logrado impactar nada, salvo el vacío que ahora había entre él y el espadachín que se había adentrado en ese dojo para ejercer justicia para dos pequeños que habían sido arrebatados de sus bienes y de su dignidad. El karateca no podía creer lo que sus ojos veían. Simplemente era demasiado. ¿Y se suponía que era un hombre ciego? Definitivamente era un combate que no se iba a ganar nunca, aún teniendo una superioridad numérica... que ya ni eso se podía contar.
Los demás luchadores fueron cayendo uno a uno ante el ataque fiero de Ryu. Los cortes de la espada era exactos y severos, pero aquellos hombres no podían tener ni idea de que habían sido en realidad engañados y burlados en una trampa tendida por ese hombre al que habían amenazado sin considerar que ya antes había sido capaz de causar daños considerables a su líder y ponerlo en una posición de vulnerabilidad como en la que estaba ahora mismo Angus. Simplemente nunca tuvieron una sola oportunidad contra el héroe.
—¡No! ¡No es cierto! ¡Esto no puede estar pasando! ¡AAAAAAAAHHHH!
Y dicho esto, Angus entró en cólera y cargó con potencia hacia el hombre del traje y la espada. Su velocidad era algo fascinante de ver. Realmente había entrenado para ser muy capaz de alcanzar grandes velocidades y movimientos tan rápidos que el ojo no podría llegar a identificarlos. Había algo de potencial en ese guerrero, y quizás por eso era el líder de la pandilla. Pero le faltaba en todo lo demás. Y aunque alcanzaría a impactar a Ryu y hacerlo a un lado en su huída, le faltó más. No era para nada fuerte como para poder deshacerse de la posible persecución del héroe y aún había unos dos metros más entre él y la puerta... y aún así, eso no lo salvaba de que el espadachín lo persiguiera.
Cayendo al suelo de trastabillar, se giró para ver a sus colegas caídos y luego levantó su brazo izquierdo para cubrirse.
—Ten piedad. Te lo pido. Por favor. Ten piedad. Devolveré todo lo que he quitado a otras personas. Te lo juro. Pero ten piedad de mí.
¿Valía la pena creerle a un cobarde? Quizás el daño y el tormento que estaba causando Ryu había sido suficiente. O quizás no. Pese a que en la Isla de Kárate había muchas personas que llegaban a pensar en el honor y en la recompensa del trabajo duro, seguían existiendo en ese lugar y en todo el mundo quienes abusarían de su poder. Hoy sería un karateca venido a más, pero en el mundo estaban el Gobierno Mundial y los piratas haciendo lo mismo. ¿Quién realmente se ponía del lado de los más necesitados? Ryu tenía a su merced a este oponente. Y en la posición de poder en la que él se encontraba ahora, venían diferentes opciones. ¿Perdonarlo? ¿Ajusticiarlo? O quizás... ¿Hacerlo ver el verdadero camino de un guerrero?
Los demás luchadores fueron cayendo uno a uno ante el ataque fiero de Ryu. Los cortes de la espada era exactos y severos, pero aquellos hombres no podían tener ni idea de que habían sido en realidad engañados y burlados en una trampa tendida por ese hombre al que habían amenazado sin considerar que ya antes había sido capaz de causar daños considerables a su líder y ponerlo en una posición de vulnerabilidad como en la que estaba ahora mismo Angus. Simplemente nunca tuvieron una sola oportunidad contra el héroe.
—¡No! ¡No es cierto! ¡Esto no puede estar pasando! ¡AAAAAAAAHHHH!
Y dicho esto, Angus entró en cólera y cargó con potencia hacia el hombre del traje y la espada. Su velocidad era algo fascinante de ver. Realmente había entrenado para ser muy capaz de alcanzar grandes velocidades y movimientos tan rápidos que el ojo no podría llegar a identificarlos. Había algo de potencial en ese guerrero, y quizás por eso era el líder de la pandilla. Pero le faltaba en todo lo demás. Y aunque alcanzaría a impactar a Ryu y hacerlo a un lado en su huída, le faltó más. No era para nada fuerte como para poder deshacerse de la posible persecución del héroe y aún había unos dos metros más entre él y la puerta... y aún así, eso no lo salvaba de que el espadachín lo persiguiera.
Cayendo al suelo de trastabillar, se giró para ver a sus colegas caídos y luego levantó su brazo izquierdo para cubrirse.
—Ten piedad. Te lo pido. Por favor. Ten piedad. Devolveré todo lo que he quitado a otras personas. Te lo juro. Pero ten piedad de mí.
¿Valía la pena creerle a un cobarde? Quizás el daño y el tormento que estaba causando Ryu había sido suficiente. O quizás no. Pese a que en la Isla de Kárate había muchas personas que llegaban a pensar en el honor y en la recompensa del trabajo duro, seguían existiendo en ese lugar y en todo el mundo quienes abusarían de su poder. Hoy sería un karateca venido a más, pero en el mundo estaban el Gobierno Mundial y los piratas haciendo lo mismo. ¿Quién realmente se ponía del lado de los más necesitados? Ryu tenía a su merced a este oponente. Y en la posición de poder en la que él se encontraba ahora, venían diferentes opciones. ¿Perdonarlo? ¿Ajusticiarlo? O quizás... ¿Hacerlo ver el verdadero camino de un guerrero?
¡Pastel de cumpleaños!

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)