26-04-2026, 06:44 PM
El áspero tacto de mi arena seguía rodeando con fuerza el cuello de Pork, al cual mantuve sostenido en el aire como si le hubiese puesto un collar de castigo. Me mantuve despreocupado observando a mi alrededor moviendo la pupila de mi ojo izquierdo de un lado a otro. Las caras del público estaban para ser reflejadas en un cuadro y el silencio era tal, que hasta podía oírlo. Mi elemento seguía comprimiendo la tráquea del inconsciente de Pork, a la vez que hacía girar con el dedo índice de mi mano derecha su pistola descargada. Podía notar cómo luchaba por respirar pero yo no era quién había elegido esa situación. El sheriff local fue el encargado de romper el silencio dirigiéndose hacia mí. Las normas del duelo no resultaron ser como yo pensaba, ya que el ganador no era quién hiriese a su rival primero, sino que había que luchar hasta que uno de los dos no pudiese seguir. Sin embargo parecía que era más listo de lo que aparentaba y decidió apiadarse del viejo Pork, ya que estaba claro que desarmado y en su posición no tenía la mínima oportunidad contra mí. Finalmente ordenó a todos los presentes que volviesen a dedicarse a las tareas que cada uno estuviese llevando a cabo, eso sí, sin dejar de mirarme con una expresión demasiado seria, dándome a entender que no quería que hubiese muertos en su jurisdicción. — Oh, vamos sheriff... ¿acaso crees que soy un asesino? Sólo soy un músico pero eso no quiere decir que sea tonto. Si alguien me apunta directamente a la cara, he de devolverle la moneda. — A través del control sobre la arena con mis dedos índice y corazón de la mano izquierda, comencé a sacudir a Pork en el aire, de un lado a otro, como si fuese un cóctel agitado pero no mezclado. — Además, ¿a qué vienen esas caras? Pensaba que estabais más que acostumbrados a eso de dispararos entre vosotros. — Negué con la cabeza, escuchando cómo Milka y Billy se acercaban a nosotros.
Mantuve mi mirada sobre la mink con total despreocupación y, ante su petición de soltar a su marido, dejé de mantener mi control sobre la arena haciendo que tanto mi elemento como el vaquero pelirrojo cayesen al suelo. Le cedí la pistola descargada de mi rival al sheriff, ya que yo no la quería para nada y extendí mis dedos índice y corazón de la mano derecha haciendo una señal. — Dos favores me debes ya. El primero por haberos regalado una de las mayores actuaciones que podríais haber visto de forma gratuita... y el segundo por soltar a tu marido vivo, Milka. — Miré a Billy — Nimda Leyos era el nombre del hombre del que me hablaste y que os estaba causando problemas, ¿verdad?. El que os estaba robando y que casi secuestró a Milka — Volví a mirar a la mink. — Quiero saber toda la información posible sobre él: con quién se relaciona, qué lugares frecuenta, a qué se dedica, en dónde duerme, en qué árbol se para a mear, por dónde pasea, a qué huele... — me llevé la mano a mi barbilla pensativo — no, eso no, si total yo no puedo oler nada. Bueno, ¿me seguís? — metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón, adoptando una postura despreocupada y relajada. — El plan es sencillo: habláis, lo capturo, vuelvo, me aplaudís, seguimos con la fiesta y todos felices. No sé qué más pruebas de buena fe os puedo dar... incluso si vuestros médicos no son los mejores, tengo a un gyojin que puede arreglar el cortecito de Pork... ¡si tampoco es para tanto kakahaha!. Por otro lado, si queréis seguir con vuestros duelos y no decirme nada, me puedo ir y ya os encargaréis vosotros de vuestros problemas... si total, será por islas en el Nuevo Mundo. Aquí no se me ha perdido nada y puedo buscar la inspiración para mi música en cualquier otro lug... — me llevé las manos a la cabeza alarmado. — ¡AY MI MADRE! — Mencionar a Fuguwu hace unos momentos me hizo acordarme de él. — ¿¡DÓNDE ME HE DEJADO AL GYOJIN!?
Mantuve mi mirada sobre la mink con total despreocupación y, ante su petición de soltar a su marido, dejé de mantener mi control sobre la arena haciendo que tanto mi elemento como el vaquero pelirrojo cayesen al suelo. Le cedí la pistola descargada de mi rival al sheriff, ya que yo no la quería para nada y extendí mis dedos índice y corazón de la mano derecha haciendo una señal. — Dos favores me debes ya. El primero por haberos regalado una de las mayores actuaciones que podríais haber visto de forma gratuita... y el segundo por soltar a tu marido vivo, Milka. — Miré a Billy — Nimda Leyos era el nombre del hombre del que me hablaste y que os estaba causando problemas, ¿verdad?. El que os estaba robando y que casi secuestró a Milka — Volví a mirar a la mink. — Quiero saber toda la información posible sobre él: con quién se relaciona, qué lugares frecuenta, a qué se dedica, en dónde duerme, en qué árbol se para a mear, por dónde pasea, a qué huele... — me llevé la mano a mi barbilla pensativo — no, eso no, si total yo no puedo oler nada. Bueno, ¿me seguís? — metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón, adoptando una postura despreocupada y relajada. — El plan es sencillo: habláis, lo capturo, vuelvo, me aplaudís, seguimos con la fiesta y todos felices. No sé qué más pruebas de buena fe os puedo dar... incluso si vuestros médicos no son los mejores, tengo a un gyojin que puede arreglar el cortecito de Pork... ¡si tampoco es para tanto kakahaha!. Por otro lado, si queréis seguir con vuestros duelos y no decirme nada, me puedo ir y ya os encargaréis vosotros de vuestros problemas... si total, será por islas en el Nuevo Mundo. Aquí no se me ha perdido nada y puedo buscar la inspiración para mi música en cualquier otro lug... — me llevé las manos a la cabeza alarmado. — ¡AY MI MADRE! — Mencionar a Fuguwu hace unos momentos me hizo acordarme de él. — ¿¡DÓNDE ME HE DEJADO AL GYOJIN!?
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