Angus escuchó con atención lo que decía el ciego, y lo mismo hicieron los demás que habían decidido seguirlo. ¿En realidad le estaban dando la piedad que había reclamado? Eso parecía. Los ojos del karateca se llenaban de lágrimas, invadido por la vergüenza y el agradecimiento a partes iguales. Y por un momento pensó en que solo le bastaría mentir en ese momento, pero al ver lo que le pasó a sus seguidores, Angus no hizo más que ponerse sobre sus rodillas y asentir a lo que Ryu mencionaba.
El golpe del bastón hizo que éste agachara un poco más la cabeza, hasta que su frente tocara el suelo. Y después de terminar de escuchar la decisión del justiciero, Angus levantaría la cabeza y miraría al hombre a la cara. Ryu podría notar el verdadero arrepentimiento en la mirada del, hasta ahora, criminal.
—He aprendido la lección, señor espadachín. Agradezco la bondad que ha tenido conmigo y con mis muchachos. Nos haremos más fuertes y aprenderemos la verdadera fuerza y el verdadero orgullo. Me disculparé con los dos a quienes agravié y me aseguraré de que se sientan seguros de nuevo.
Dicho aquello, se soltó a llorar nuevamente y los demás, incorporándose luego de haber sido derribados, se unen a la disculpa. Ryu logra escuchar como varios de ellos mencionan palabras de agradecimiento y también dejan claro que se encuentran arrepentidos de lo que han hecho, pues las consecuencias pudieron haber sido mucho peores si continuaban por el camino en el que iban. Y con ello, se aproximaron pronto a Angus y lo ayudaron a levantarse. Ryu notaría que, pese a que se habían descarrilado, parecía que todavía les quedaba algo del espíritu honorable de los artistas marciales que tanto hacía reconocida a la Isla de Kárate.
Luego de ponerse de pie, aceptaron ir con Ryu todos juntos, recogiendo el botín que habían robado. Iban a disculparse todos como era debido y empezar el camino de la reconstrucción. Sabían que no lo iban a tener fácil, pero tenían claro que todo empezaba con reconocer sus malas acciones y disculparse por ello de todo corazón.
De regreso al dojo de la familia Yamaguchi, Ryu sería recibido por Saki, la gemela mink que estaba menos lastimada. Estaba sosteniendo un collar de cuentas mientras parecía estar rezando en el santuario del dojo. La pequeña tanuki corrió a saludar a quien les había ayudado y, al verlo algo golpeado, se asustó un poco. Sin embargo, el ligero susto pasaría a ser terror absoluto cuando vio a Angus y su banda caminando detrás de él. ¿Qué había pasado? ¿Lo golpearon a él también? ¿Y dónde estaba la persona fuerte que él había ido a buscar?
—¡No! ¡No es cierto! ¡Kenta! ¡El señor Ryu...! —No terminó de hablar cuando ya estaba soltando un grito de desesperación que, por supuesto, llamó la atención de todos adentro.
El primero en salir ante el grito fue el mismo Kenta, que había sido atendido en el dojo y que parecía ponerse en posición de combate.
—¡Atrás! ¡Tuvieron suerte antes! ¡Pero ahora lucharé con todo!
La situación se caldeaba bastante. Era claro que los gemelos mink no iban a olvidar para nada lo que les había sucedido de mano de aquellos pandilleros, y también era posible que el camino del perdón realmente no se diera. Una vez más, recaería sobre Ryu el poder dirigir la situación. Los karatecas estaban asustados, pues sabían bien qué pasaría si ocurría otra pelea. Y así, miraron al espadachín para que los pudiera ayudar a ellos ahora. Ayudarlos a pedir perdón y a arreglar lo que ellos habían dañado.
El golpe del bastón hizo que éste agachara un poco más la cabeza, hasta que su frente tocara el suelo. Y después de terminar de escuchar la decisión del justiciero, Angus levantaría la cabeza y miraría al hombre a la cara. Ryu podría notar el verdadero arrepentimiento en la mirada del, hasta ahora, criminal.
—He aprendido la lección, señor espadachín. Agradezco la bondad que ha tenido conmigo y con mis muchachos. Nos haremos más fuertes y aprenderemos la verdadera fuerza y el verdadero orgullo. Me disculparé con los dos a quienes agravié y me aseguraré de que se sientan seguros de nuevo.
Dicho aquello, se soltó a llorar nuevamente y los demás, incorporándose luego de haber sido derribados, se unen a la disculpa. Ryu logra escuchar como varios de ellos mencionan palabras de agradecimiento y también dejan claro que se encuentran arrepentidos de lo que han hecho, pues las consecuencias pudieron haber sido mucho peores si continuaban por el camino en el que iban. Y con ello, se aproximaron pronto a Angus y lo ayudaron a levantarse. Ryu notaría que, pese a que se habían descarrilado, parecía que todavía les quedaba algo del espíritu honorable de los artistas marciales que tanto hacía reconocida a la Isla de Kárate.
Luego de ponerse de pie, aceptaron ir con Ryu todos juntos, recogiendo el botín que habían robado. Iban a disculparse todos como era debido y empezar el camino de la reconstrucción. Sabían que no lo iban a tener fácil, pero tenían claro que todo empezaba con reconocer sus malas acciones y disculparse por ello de todo corazón.
De regreso al dojo de la familia Yamaguchi, Ryu sería recibido por Saki, la gemela mink que estaba menos lastimada. Estaba sosteniendo un collar de cuentas mientras parecía estar rezando en el santuario del dojo. La pequeña tanuki corrió a saludar a quien les había ayudado y, al verlo algo golpeado, se asustó un poco. Sin embargo, el ligero susto pasaría a ser terror absoluto cuando vio a Angus y su banda caminando detrás de él. ¿Qué había pasado? ¿Lo golpearon a él también? ¿Y dónde estaba la persona fuerte que él había ido a buscar?
—¡No! ¡No es cierto! ¡Kenta! ¡El señor Ryu...! —No terminó de hablar cuando ya estaba soltando un grito de desesperación que, por supuesto, llamó la atención de todos adentro.
El primero en salir ante el grito fue el mismo Kenta, que había sido atendido en el dojo y que parecía ponerse en posición de combate.
—¡Atrás! ¡Tuvieron suerte antes! ¡Pero ahora lucharé con todo!
La situación se caldeaba bastante. Era claro que los gemelos mink no iban a olvidar para nada lo que les había sucedido de mano de aquellos pandilleros, y también era posible que el camino del perdón realmente no se diera. Una vez más, recaería sobre Ryu el poder dirigir la situación. Los karatecas estaban asustados, pues sabían bien qué pasaría si ocurría otra pelea. Y así, miraron al espadachín para que los pudiera ayudar a ellos ahora. Ayudarlos a pedir perdón y a arreglar lo que ellos habían dañado.

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)