17-11-2023, 09:11 PM
El baile de la muerte bajo la luz de la luna había comenzado. Sin haber mediado palabra alguna, todo el grupo actuó al unísono en una ofensiva completamente esporádica, espontánea, pero muy bien organizada. Tanto Ikirami como Alzeid se habían centrado en la espadachina, aunque a éste último no le gustase demasiado acosar a una persona entre varias, mientras que Irina y el canino del grupo se habían lanzado a por el enemigo más ridículo. En serio, ¿quién se atrevía a salir así de casa? Sorprendentemente, incluso la gigante que acababa de aparecer y que apenas había pronunciado un par de palabras, se sumó a la ofensiva y obstaculizó el camino de vuelta de los enemigos. Parecía que la inteligencia no brillada por su ausencia... todavía. Todo apuntaba a que esto iba a ser una auténtica masacre unilateral. En medio de todo aquel revuelo, Alzeid había pasado por alto la transformación de Irina, ahora un monstruo que tenía cierto encanto y que consideraba que no encajaba muy bien con su personalidad. - Es como... que el alma de ese monstruo es rosa... Y ella es pura oscuridad. - Pensó para sí mismo, a la vez que su katana comenzó a hacerse paso por el costado derecho de la espadachina.
Los golpes de Ikirami también habían sido efectivos. Su táctica, muy de mal gusto para Alzeid, consiguió el efecto que pretendía y logró alcanzar a la joven de cabellos negros completamente indefensa e incapaz de coger su arma. Ese momento fue aprovechado por Alzeid que, en un ágil movimiento de piernas y brazos, movió su espada de forma vertical para realizar un tajo en el costado derecho de la espadachina. - Qué rico... - Murmuró Alzeid, mientras lamía una gota de sangre que había salpicado su rostro. El golpe había acertado. La sangre y quejido de dolor de la enemiga generó una cierta sensación de éxtasis y desenfreno en el joven andrógino, que no podía controlar sus ganas internas de continuar masacrando a esa pirata. Sin embargo, justo en ese momento, aquella mujer había tenido la indecencia de ignorar a Alzeid por completo, de no referirse a él y dedicarse a enviar mensajes de ánimo a su compañero. - ¿Crees que tienes tiempo de preocuparte por otros? - Alzeid sonreía. Estaba completamente poseído. Ido. Las palabras de Irina indicándole que aquella mujer parecía ser el cerebro del grupo habían sido completamente ignoradas. Él ya no estaba ahí, al menos no en ese momento. Tan sólo su cuerpo permanecía mientras su alma estaba inmersa en un viaje de desenfreno. Observó cómo Ikirami fue dañada y cómo ésta había continuado su ofensiva con una serie de cabezazos, intentando sujetar ambas manos de la enemigo a pesar del tajazo que le había dado a la pelirroja en una de sus extremidades. Comenzó a reírse de manera maníaca y, tras esto, dio un pequeño salto hacia su lateral izquierdo para colocarse justo en la espalda de la enemiga. A su derecha, su katana; a su izquierda, un filo de acero sobresalía del lateral de su brazo. Sin pronunciar ninguna palabra, Alzeid realizó un tajo cruzado, en forma de equis ('x') en la espalda de la enemiga, buscando herirla de gravedad. Ese era su castigo por haber ignorado a una divinidad como él. - Espero que la próxima vez sepas a quién tienes que prestar atención. - Sentenció, con una sonrisa en el rostro.
En ese momento, a Alzeid no le importaba lo que estaba sucediendo a su alrededor. Era consciente de las acciones del resto del grupo ya que, aunque impulsivo, también podía ser una persona bastante estratega y perspicaz, pero en ese momento estaba dolido. La espadachina había cometido uno de los peores actos que alguien podría cometer con Alzeid. Ignorarlo. Y eso sólo su alma podría pagarlo.
Los golpes de Ikirami también habían sido efectivos. Su táctica, muy de mal gusto para Alzeid, consiguió el efecto que pretendía y logró alcanzar a la joven de cabellos negros completamente indefensa e incapaz de coger su arma. Ese momento fue aprovechado por Alzeid que, en un ágil movimiento de piernas y brazos, movió su espada de forma vertical para realizar un tajo en el costado derecho de la espadachina. - Qué rico... - Murmuró Alzeid, mientras lamía una gota de sangre que había salpicado su rostro. El golpe había acertado. La sangre y quejido de dolor de la enemiga generó una cierta sensación de éxtasis y desenfreno en el joven andrógino, que no podía controlar sus ganas internas de continuar masacrando a esa pirata. Sin embargo, justo en ese momento, aquella mujer había tenido la indecencia de ignorar a Alzeid por completo, de no referirse a él y dedicarse a enviar mensajes de ánimo a su compañero. - ¿Crees que tienes tiempo de preocuparte por otros? - Alzeid sonreía. Estaba completamente poseído. Ido. Las palabras de Irina indicándole que aquella mujer parecía ser el cerebro del grupo habían sido completamente ignoradas. Él ya no estaba ahí, al menos no en ese momento. Tan sólo su cuerpo permanecía mientras su alma estaba inmersa en un viaje de desenfreno. Observó cómo Ikirami fue dañada y cómo ésta había continuado su ofensiva con una serie de cabezazos, intentando sujetar ambas manos de la enemigo a pesar del tajazo que le había dado a la pelirroja en una de sus extremidades. Comenzó a reírse de manera maníaca y, tras esto, dio un pequeño salto hacia su lateral izquierdo para colocarse justo en la espalda de la enemiga. A su derecha, su katana; a su izquierda, un filo de acero sobresalía del lateral de su brazo. Sin pronunciar ninguna palabra, Alzeid realizó un tajo cruzado, en forma de equis ('x') en la espalda de la enemiga, buscando herirla de gravedad. Ese era su castigo por haber ignorado a una divinidad como él. - Espero que la próxima vez sepas a quién tienes que prestar atención. - Sentenció, con una sonrisa en el rostro.
En ese momento, a Alzeid no le importaba lo que estaba sucediendo a su alrededor. Era consciente de las acciones del resto del grupo ya que, aunque impulsivo, también podía ser una persona bastante estratega y perspicaz, pero en ese momento estaba dolido. La espadachina había cometido uno de los peores actos que alguien podría cometer con Alzeid. Ignorarlo. Y eso sólo su alma podría pagarlo.
Resumen
Karmas
Akuma
Información bélica
