No hay mano ganadora [Pasado] [Priv. Dead Man's Hand]
#5
“Bitácora del médico de a bordo

11:30 p.m.

Tal vez debí advertirle al resto sobre el presentimiento que tuve sobre Ashveil cuando regresó esta mañana. Fue algo en su mirada lo que me hizo dudar de estar atendiendo al mismo hombre que conocía de antes: Ojos crueles y fríos como el viento de una furiosa tempestad en medio del océano.

No era la primera vez que venía una mirada como esa y, por experiencia, puedo decir que significa la perdición para cualquier marinero, sea pirata, comerciante o marine. Ese vacío sin brillo es sinónimo de que, esa mente, ha tocado fondo. La locura es lo único que habita en ella.

Es lo que tiene la vida del mar. Algunos son como el más fuerte de los mástiles en una tormenta y, otros…otros se quiebran como la endeble madera de un barco viejo…Parece que nuestro “Capitán” estaba hecho con ese mismo material.

Nunca debió dejar la seguridad de la tierra firme.”


 
7:30 a.m.

—Gracias, cocinera —. La voz del médico se escuchó agitada en cuanto regresó a la cocina; sin embargo, su rostro tomó un matiz de alivio en cuanto vio que la enorme oni parecía haberse encargado de limpiar la arena del rostro de Ashveil y del de Cara Melo, pues lucían más “decentes” que cuando los encontraron sobre se bote viejo, además, ahora la chica remojaba los labios del capitán y de la mascota con dos paños, respectivamente, mojados por completo con agua. Eso significaba menos trabajo para el médico. —Creo que puedo encargarme de ahora en adelante ¿Por qué no terminas de cocinar? Supongo que Thrym debe estar por despertar y, además, ahora hay otras dos bocas que alimentar.

La chica asintió ante las palabras del pelirrosa y se movió por la cocina, con la gracia y confianza que la caracterizaba en ese ámbito, dejándole suficiente espacio al hombre para que pudiera trabajar con el “capitán” y con la extraña mascota que trajo consigo.

—¿Cómo es que llegaste hasta aquí? Te dimos por desaparecido en la isla anterior —. Habló con la esperanza de escuchar al menos una palabra por parte del moreno, pero de sus labios resquebrajados no salían más que respiraciones dificultosas. Hyak frunció el ceño, pero no se rindió, así que, mientras sacaba de su botiquín, gasas esterilizadas para limpiar cualquier tipo de herida que tuviera el naufrago, siguió con la necesidad de entablar una conversación. Necesitaba comprobar que el hombre aun fuera de utilidad. —¿Recuerdas quiénes somos? ¿Si quiera sabes tu propio nombre? Al menos podrías intentarme hablar de esta cosa amarilla ¿Qué es? —Giró su cabeza para ver a la criatura…Tal vez debería acercarle un cuenco con agua, pero, en cuando pensó en moverse para ayudar también al animal, la puerta e la cocina se abrió para recibir a otro de los miembros de la tripulación.

Merlot, tan divina y bella como siempre, aunque acabara de levantarse, pasó frente al médico y fue directo con el animal extraño que ocupaba buena parte de la cocina. No le dijo nada, parece que conocía a la criatura, lo que hizo que el hombre hiciera un puchero, avergonzado porque parecía ser el único que no tenía recuerdos de ese ser.

—No tienes que llorar, María…Eso podría alterar a los heridos ¿Sabes? —Sin embargo, el animal parecía comprender la situación mejor que cualquier humano, pues lamió las lágrimas que empañaban los ojos de la semi sirena. Eso parecía haberla calmado un poco, al menos lo suficiente para abrir la boca y atreverse a preguntarle algo al capitán.

Fue ahí cuando el médico notó esa perdición en la mirada del otro hombre.

Abrió la boca para decir algo, pero la cerró de inmediato, atreviéndose a analizar más aquellos ojos sin brillo que estudiaron a la semi sirena con un matiz distinto al acostumbrado. Era como un depredador.

Hyak conocía bien esa mirada.

Su rostro pasó del alivio a la seriedad. Quería pensar que todo esto podía deberse a la deshidratación, el hambre y los días en alta mar…Sí, no podía saltar con conclusiones apresuradas, mucho menos las que pusieran en riesgo su estabilidad dentro de la tripulación, después de todo… ¿Qué pirata cuerdo se atrevía a hablar mal de su capitán delante del resto de su gente? Ninguno. Menos en una isla tan salvaje como Little Garden. No quería arriesgarse a ser comida de dinosaurios o algo peor.

—Sería lo mejor, Merlot —. Terminó por decir, como si no hubiera percibido nada. Incluso le sonrió a la chica con esa calidez tan bien ensayada que parecía real. —Me vendría bien algo de ayuda con Mar Celo y…no tienes que recalcármelo tantas veces, sé que puedes cuidar de él. Lleva agua y algo de comida…Tanto Ahsveil como él deben llevar días en alta mar. Seguro están famélicos, eso sí…no lo atragantes, dale la comida poco a poco, de los contrario podría hacerle daño —. Cuando la chica salió con el animal, el médico se volvió a girar para encarar al capitán que tanto tiempo los había dejado por su cuenta.

—Voy a llevarte a la habitación compartida, debemos dejar que Odeth trabaje y parece que al escuchar a Merlot te has estabilizado un poco —. Los ojos fantasmales del capitán dejaron de mostrarse opacos por un segundo y se giraron para observar al médico. Al menos esa era una señal de que lo estaba escuchando; sin embargo, percibió lo mismo que cuando antes miró a Merlot: algo se había quebrado.

El médico sonrió, hipócrita, como siempre, pero dispuesto a descubrir lo que sucedía, así que lo mejor era tratar al hombre sin levantar sospechas. Más tarde, si es que este le dignaba a dirigirle la palabra, seguro podría sacarle alguna confesión…algo que le dijera que es lo que pasaba por su cabeza…Aunque no tuvo que esperar mucho para escuchar su voz nuevamente.

—L…Lib…Liber…Libertad —. Fue un susurro seco, forzado. Parecía que la garganta se rasgaría si se esforzaba más en hablar, pero el médico distinguió la palabra, una que hizo que la risa cantarina de Odeth resonara en la cocina.

—¿En qué cosas piensas, capitán? Claro que tienes libertad de hacer lo que desees, pero primero debes recuperarte… ¿No es así, Hyak? —El médico quien se había quedado mudo por el escalofrío que recorrió su cuerpo al escuchar aquellas palabras que fueron acompañadas de una mirada sombría, reaccionó al tiempo para asentir con la cabeza mientras se obligaba a sonreír, luego de eso, no esperó más para acomodar al hombre sobre su espalda y cargarlo hacia la salida de la cocina. Eso sí, antes de salir, el moreno giró su cabeza para dirigir una última mirada a Odeth, una tan fría como la que le dedicó antes al médico.



8:30 a.m.

Consiguió limpiar a Ash. Revisó su cuerpo, curó las heridas superficiales y algunas más profundas. No tenía nada grave más que la deshidratación y la falta de alimentación, cosas que fueron resueltas con relativa rapidez, pues, a pesar de todo, el médico consiguió que el “capitán” comiera un poco de una crema de maíz que preparó Odeth, le dio a beber agua y, luego, un té de manzanilla para calentar el cuerpo, que de por sí estaba cubierto con sábanas gruesas para evitar que perdiera más calor.
 
Las cosas parecían ir bien; sin embargo, necesitaba tratar las quemaduras del sol y sus reservas de aloe vera estaban escaseando. Sabía que podía conseguir de esas plantas en la selva, pero…no podía dejar solo a su paciente.
 
Suspiró. Solo quedaba una cosa por hacer.
 
—No hagas nada estúpido, puede que te sientas mejor, pero aún estás muy débil. Duerme…Iré por Thrym para que consiga algunas plantas que ayudarán a que tu piel se regenere de mejor manera —. El moreno, quien ahora parecía más “tranquilo”, asintió despacio. Algo que hizo que el médico dejara escapar un suspiro de alivio. —Bien, si quieres duerme un poco.
 
Salió de la habitación y, enseguida, los ronquidos de Thrym se hicieron más potentes… ¿Cómo podía dormir en la arena con el sol de la mañana ya calentando sus barbas? Debía ser demasiado incómodo. Hizo una nota mental para conseguir un barco más grande en la siguiente isla que visitaran.
 
Cuando llegó a la cubierta del barco, el médico achinó nos ojos al recibir el sol directamente en la cara. Chasqueó la lengua y, antes de ir con Thrym, se metió a la cocina…el gigante debía comer o quien sabe si se desmayaría en ese bosque lleno de dinosaurios. Por suerte, Odeth parecía haber leído sus pensamiento y tenía a un lado una enorme vianda, casi tan grande como ella misma, que estaba llena de algo que parecía un estofado humeante de…algún tipo de carne.
 
—Supongo que eso lo motivará a despertar —dijo el médico antes de que la chica y él salieran de la cocina para dirigirse a estribor. La Oni se quedó en el borde del barco, vigilando la comida, mientras que el médico saltó para quedar sobre el estómago de Thrym y, luego de eso, cerró su puño con fuerza, respiró hondo y decidió hacer algo que, sí o sí, debía despertar al gigante.
 
Un puñetazo llegó de repente directo a la boca del estómago del gigante. No se trató de un golpe delicado, de hecho, fue dado con guantes de combate incluidos, los que tenían puntas metálicas en los nudillos. Sabía que eso dejaría al enorme pelirrojo sin aire por un momento…pero era necesario.
 
—¿Al fin despiertas, Tomate? —La voz del médico se alzó para que el gigante pudiera escucharlo. —Lamento los modos, pero ¿Sabes? Desde hace hora y media tenemos una urgencia y tal vez nos serviría una gran mano como ayuda —. El doctor saltó entonces a la borda del barco, esperando poder hablar mejor desde ese lugar.
 
—Ashveil apareció…No preguntes como, ni yo lo tengo claro, pero lo que sé es que está bastante deshidratado y famélico, además de muy quemado por el sol…Y por eso te necesito ¿Puedes buscar aloe en la selva? —El pelirrosa extendió su mano en donde un papel bastante grande (para él, pero seguro era chico para el gigante), tenía el dibujo de una planta verde con hojas gruesas y con puntas en las espinas. —Me ayudará a tratar sus quemaduras de mejor manera…además, en esta isla las hojas de esa planta son casi de mi tamaño…me viene bien que las busques tu.
 
En eso Odeth hizo sonar el cuenco con comida, llamando la atención del hombre que, por un momento, había olvidado el desayuno para el pelirrojo.
 
—Pero antes de partir, puedes comer algo…Supongo que Hyak y el capitán pueden esperar una media hora más ¿No lo crees? —El mencionado rodó los ojos, pero accedió.
 
—Sí, puedo tratarlo mientras con agua fría, pero necesito el aloe, tenlo en cuenta, Thrym —. Sin más que decir, el pelirrosa caminó lejos de cubierta para volver a la habitación en la que ahora descansaba Ashveil.
 

 
4:30 p.m.

La recuperación de Ashveil parecía ir por buen rumbo, tanto así que, un par de horas antes, el médico había conseguido que el hombre se diera un baño con agua tibia. Ahora el moreno tenía ropas limpias, frescas, ya no se estaba muriendo de frío y, aunque su mirada aun vacilaba y mostraba signos de locura, de vez en cuando, mostraba la suficiente lucidez como para creer que, tal vez lo que el médico vio antes fue solo un síntoma residual de lo que sea que vivió en alta mar.

Las cosas parecían ir tan bien que, el chico se durmió sin más demora luego del baño y, en ese momento, el pelirrosa también decidió dejarse caer en los brazos de Morfeo, aunque sin querer. Como se había levantado más temprano de lo habitual, terminó cediendo al sueño aún cuando estaba sentado en una silla que estaba a un lado de la cama en donde Ashveil descansaba…aunque, supuso que eso no sería un problema, a fin de cuentas, su paciente parecía estar mejorando…Y sí, vaya que había mejorado bastante.

—Libertad…Voy a regalarte la libertad —. Las palabras se colaron en su sueño, pero no fueron suficiente para hacer que el médico saliera del mundo de los sueños. Lo más que consiguieron fue que el médico se removiera en su silla, casi resbalándose de esta…un movimiento que, sin querer, lo salvó del golpe que estaba por venir.

Un objeto abanicó su cabeza al mismo tiempo que su cuerpo se deslizaba por la silla y caía, con pesadez, al suelo. El hombre se quejó y, por inercia, lo primero que hizo fue acariciar el área afectada, al mismo tiempo que se despertaba por el impacto. Sus ojos se abrieron poco a poco, primero enfocándose en el piso y, luego, notó los pies descalzos y maltratados justo frente a él.

Alzó sus ojos dorados y lo que vio lo dejó paralizado.

Ahí estaba Ashveil, más flacucho y desgarbado de lo que lo recordaba, pero…no era el hombre quien fue responsable de que su cuerpo no pudiera reaccionar al grito de “corre” que le decía su mente, si no el martillo que sostenía en una de sus manos.

El médico apretó sus manos, haciendo que sus dedos delicados se rasparan con los tablones de madera del barco, al mismo tiempo que, por inercia, mordía con fuerza el interior de su boca, tanto que pronto sintió el sabor metálico de su sangre extendiéndose por esta…pero ni siquiera eso lo detuvo. Su respiración empezó a agitarse tanto como su corazón, que ahora corría desbocado y, por último, su mente parecía haber quedado en blanco.

—No me mires de esa manera, Hyákinthos —. Esa manera de pronunciar su nombre no era normal, era tan fría y calculadora que hicieron que el médico quisiera mirar hacia otro lado. —Esto es por tu bien ¿No lo entiendes? Ese día, en aquel foso, se me fue revelada la verdad: ¡La libertad solo es alcanzada cuando trascendemos de este plano! No hay verdadera libertad en este mundo, solo crueldad…Tal vez por eso pude reencontrarlos, para poder liberarlos de sus cuerpos mortales. ¡El destino ha querido que sea yo quien los ayude! Ahora soy consciente de mi misión —. Ya no había un rastro de cordura en sus ojos.

—Es…p…Esper…—El médico no pudo terminar de hablar cuando se vio obligado a cerrar sus ojos, no porque quisiera, si no porque el terror de que Ashveil se acercara hacia él, peligrosamente, con un martillo, lo hizo actuar por impulso, aunque…tal vez lo mejor habría sido correr, después de todo, lo siguiente que sintió el médico fue un golpe contra su cabeza que, nuevamente, lo hizo perder la consciencia.

—Uno…Faltan Tres —. No estaba contando con que Maki estaba de nuevo en el barco. —¡Esperen, compañeros, voy a liberarlos de la crueldad de este mundo!



5:00 p.m.

Ashveil caminó por el nuevo barco como si lo conociera, parecía haber memorizado bastante bien el camino desde su habitación hasta la cocina, porque fue el primer lugar que visitó cuando salió de su encierro.

Odeth lo recibió con una sonrisa. —¡Capitán! ¡Que bueno verlo caminar! Creí que dormiría hasta mañana… ¿Hay algo en especial que quiera comer? —La chica se giró para seguir con la preparación de la ensalada que hacía para Maki y Merlot, algo que el “capitán” aprovechó.

—Sí, de hecho…hay algo que deseo comer —. Un cuchillo, de estos que parecen más bien hachas, estaba colocado sobre una de las mesas. Ashveil lo tomó en sus manos y, antes de que la Oni pudiera reaccionar, el hombre lo lanzó hacia su cabeza, atravesando con este justo el medio de la nuca de la mujer. —Mi querida Odeth…Es momento de liberarte de este traje de carne. Déjame encargarme de ti lentamente.

El hombre sonrió, se podía ver una convicción verdadera en su mirada cuando hablaba de esta nueva forma de libertad que había encontrado. Entonces, con saña, se acercó al cuerpo que cayó justo sobre la mesa en donde la chica estaba cortando los vegetales y, sin asco, levantó el martillo con el que había golpeado antes al médico. Un golpe llegó a la cabeza de la mujer, lo que hizo que un sonoro “crack” resonara en la cocina.

Huesos y carne salieron disparados hacia los lados, aunque lo cierto es que ese golpe no era necesario, pues con el cuchillo atravesando su nuca había sido suficiente.

—A ver…Tal vez no debí liberar a Hyak tan rápido…Él podría haberme aconsejado la mejor manera para liberar tu cuerpo —. El hombre meditó un rato y, luego de eso, concluyó que debía empezar por romper las articulaciones para encargarse luego del resto del cuerpo…Sí, no sería un trabajo limpio. Debía ponerse manos a la obra.



7:30 p.m.

El ruido de alguien acercándose a la cocina mientras que él limpiaba el desastre sanguinolento del suelo lo hizo estremecerse. El “capitán” apagó la luz y, rápido, se escondió detrás de la puerta, no sin antes llevar consigo el cuchillo y el martillo. Aun había sangre en el suelo y, además, el cuerpo de Odeth, ahora reposaba en la nevera…por partes… ¿Por qué? Porque ya había encontrado una manera ideal para que sus restos mortales trascendieran de la mejor manera, aunque, para eso primero debía limpiar y luego encontrar al gigante. Le prepararía una comida especial, pero debía ser sorpresa y…Nadie debía arruinarlo.

Por eso, cuando vio que alguien entró a la cocina, se quedó callado hasta que sus ojos se acostumbraron a la poca luz y pudo ver de quien se trataba… ¿Maki? ¿Qué hacía ella ahí? Debía ser un error…aunque…error o no, no podía ser casualidad. Si el destino la ponía frente a sus ojos, quería decir que también debía darle el regalo de la libertad.

—Maki D. Zen’in —. Susurró al mismo tiempo que se acercó a ella por detrás y colocó sobre su cuello el enorme cuchillo que le había servido para acabar con la Oni. —Parece que el destino ha querido que también seas liberada —dijo antes de empujarla al interior del enorme refrigerador…aunque no estaría sola: él entró con ella.

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[Imagen: hyakocheja.png]
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RE: No hay mano ganadora [Pasado] [Priv. Dead Man's Hand] - por Hyákinthos - 27-04-2026, 07:58 AM

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