27-04-2026, 09:56 AM
Kael vió en el hombre un movimiento, o más bien, predijo en él lo que tenía en mente el contrario. Aquella postura, la mirada en su rostro, el aura que denotaba una idea que claramente no iba por buen camino...iba a disparar con el arma.
Desconoce si el fuego era preventivo, disuasorio, o si tenía ganas de entrar en un combate que claramente ahuyentaría a la población. Un simple guijarro en la cabeza terminaría evitarles ese mal trago.
Cerraron los ojos ambos al primer impacto. ¿Un rechazo por parte del pueblo? Claramente no parecen estar en contentos con la situación actual. La marina es la ley, pero en esta isla, el regente es el rey, y su guardia real quiénes se encargan de hacerla cumplir. Kael mantiene las formas y la tranquilidad a pesar de todo cuando comprueba que tan solo una persona parece descontenta con la situación.
Vió las pistolas en su cintura, y aunque ha optado por las piedras, parece que la situación puede llegar a descontrolarse en cualquier momento si no se tiene cuidado suficiente. Por dentro, Kael se estaba preparando para un combate, y planeando como se actuaría al ver que, tras varios flancos, los enemigos y las posibilidades de un mal resultado acechan.
—Señorita.—Las palabras del marine no llegaron a nada. Tan pronto levantó la voz comenzaron a lloverle insultos a ambos cuerpos de seguridad. ¿Es esto lo que buscan? ¿Qué se actúe con presteza? El azabache toma los pasos con detenimiento, analizando la situación para comprobar que nada se le escapa, pero parece que la gente prefiere más velocidad de actuación.
El marine no perdía los ojos de vista en el carromato. A pesar del acercamiento de la birkaniana, él intuía algo más. ¿Tal vez colaboraba con él? ¿Verdaderamente es inconsciente de la realidad de la situación? No tiene ninguna capacidad de intuir cual de las dos opciones era, al menos hasta que la analice con más detenimiento.
Para su desgracia, el soldado no es que fuera a entregarle tiempo alguno.
El ataque a una civil era indigno, cruel e improcedente. Es cierto que lanzar piedras a la cabeza del cuerpo de seguridad puede estar penado y seguramente castigado, ¿pero usar una lanza? Eso era abuso de fuerza y poder.
—Se acabó.—Kael se acercó al soldado, tomando la lanza cerca del filo por la parte de madera. Apretó con fuerza hacia arriba como si estuviera descorchando una botella con la misma mano, y rompió la lanza con una fuerza que ni sabía que tenía. O la lanza estaba desgastada, o definitivamente la madera no era tan gruesa ni de buena calidad como aparenta.—Atacar a una civil en presencia Marine sin justificación está penado por ley. Como soldado real debería saberlo, y su falta de temperamento habla mucho de su forma de comportarse.
—¡¿Pero quién te has creído, soldaducho?!—Gruñó con fiereza el ahora desarmado hombre hacia él.—Si quieres que te arree a ti también...
Pero no le escuchó. Ofreció una mano de ayuda a la Birkaniana, a sabiendas de que esta seguramente la rechazaría, pero aún así queriendo actuar como debió haberlo hecho desde un principio, preocupándose por la gente de la isla.
—Gracias por levantarte en favor de la gente. A partir de ahora, yo me encargo. Espero que tengas a bien permitírmelo.
SI podía entrar más en furia, seguramente ni el propio soldado mismo lo sabría. Estaba a punto de explotar cuando el azabache le devolvió la mirada, seria, tranquila, y firme al mismo tiempo.
—Amenazar a la gente que juró proteger es inmoral y vergonzoso. Revise el cargamento del comerciante, y si todo está en regla, dejele marchar. Esta gente no merece que usted, por su apetencia, los trate menos que como respetuosas y honradas personas de esta isla.
Por alguna razón, a pesar de la tensión en su mirada, sus palabras mostraban una calma que no calza en absoluto con su rostro. Una pelea de egos solo los llevaría por el mal camino, y con su capacidad disuasoria, prefiere evitar un conflicto directo que involucrar a una persona de la calle con armas de fuego en lugar de ocuparse alguien bajo el mando del gobierno mundial autorizado para actuar.
Aún así, eso no significa que él esté de acuerdo en todo.
Desconoce si el fuego era preventivo, disuasorio, o si tenía ganas de entrar en un combate que claramente ahuyentaría a la población. Un simple guijarro en la cabeza terminaría evitarles ese mal trago.
Cerraron los ojos ambos al primer impacto. ¿Un rechazo por parte del pueblo? Claramente no parecen estar en contentos con la situación actual. La marina es la ley, pero en esta isla, el regente es el rey, y su guardia real quiénes se encargan de hacerla cumplir. Kael mantiene las formas y la tranquilidad a pesar de todo cuando comprueba que tan solo una persona parece descontenta con la situación.
Vió las pistolas en su cintura, y aunque ha optado por las piedras, parece que la situación puede llegar a descontrolarse en cualquier momento si no se tiene cuidado suficiente. Por dentro, Kael se estaba preparando para un combate, y planeando como se actuaría al ver que, tras varios flancos, los enemigos y las posibilidades de un mal resultado acechan.
—Señorita.—Las palabras del marine no llegaron a nada. Tan pronto levantó la voz comenzaron a lloverle insultos a ambos cuerpos de seguridad. ¿Es esto lo que buscan? ¿Qué se actúe con presteza? El azabache toma los pasos con detenimiento, analizando la situación para comprobar que nada se le escapa, pero parece que la gente prefiere más velocidad de actuación.
El marine no perdía los ojos de vista en el carromato. A pesar del acercamiento de la birkaniana, él intuía algo más. ¿Tal vez colaboraba con él? ¿Verdaderamente es inconsciente de la realidad de la situación? No tiene ninguna capacidad de intuir cual de las dos opciones era, al menos hasta que la analice con más detenimiento.
Para su desgracia, el soldado no es que fuera a entregarle tiempo alguno.
El ataque a una civil era indigno, cruel e improcedente. Es cierto que lanzar piedras a la cabeza del cuerpo de seguridad puede estar penado y seguramente castigado, ¿pero usar una lanza? Eso era abuso de fuerza y poder.
—Se acabó.—Kael se acercó al soldado, tomando la lanza cerca del filo por la parte de madera. Apretó con fuerza hacia arriba como si estuviera descorchando una botella con la misma mano, y rompió la lanza con una fuerza que ni sabía que tenía. O la lanza estaba desgastada, o definitivamente la madera no era tan gruesa ni de buena calidad como aparenta.—Atacar a una civil en presencia Marine sin justificación está penado por ley. Como soldado real debería saberlo, y su falta de temperamento habla mucho de su forma de comportarse.
—¡¿Pero quién te has creído, soldaducho?!—Gruñó con fiereza el ahora desarmado hombre hacia él.—Si quieres que te arree a ti también...
Pero no le escuchó. Ofreció una mano de ayuda a la Birkaniana, a sabiendas de que esta seguramente la rechazaría, pero aún así queriendo actuar como debió haberlo hecho desde un principio, preocupándose por la gente de la isla.
—Gracias por levantarte en favor de la gente. A partir de ahora, yo me encargo. Espero que tengas a bien permitírmelo.
SI podía entrar más en furia, seguramente ni el propio soldado mismo lo sabría. Estaba a punto de explotar cuando el azabache le devolvió la mirada, seria, tranquila, y firme al mismo tiempo.
—Amenazar a la gente que juró proteger es inmoral y vergonzoso. Revise el cargamento del comerciante, y si todo está en regla, dejele marchar. Esta gente no merece que usted, por su apetencia, los trate menos que como respetuosas y honradas personas de esta isla.
Por alguna razón, a pesar de la tensión en su mirada, sus palabras mostraban una calma que no calza en absoluto con su rostro. Una pelea de egos solo los llevaría por el mal camino, y con su capacidad disuasoria, prefiere evitar un conflicto directo que involucrar a una persona de la calle con armas de fuego en lugar de ocuparse alguien bajo el mando del gobierno mundial autorizado para actuar.
Aún así, eso no significa que él esté de acuerdo en todo.
