27-04-2026, 09:05 PM
La compañía de Yuuki resultaba agradable, y sentía que iba descubriendo nuevas facetas de ella, sin embargo, quizá había temas que era mejor no indagar demasiado, así que cuando recibí su respuesta, que en el fondo realmente no decía mucho, entendí y acepté que lo más prudente era dejar la conversación ahí. — Espero que algún día puedan estar bien. —- fue lo único que respondí, manteniendo una sonrisa amable y sutil, cargada de una mezcla de añoranza y buenos deseos hacia su situación familiar.
Al llegar al área de la zona comercial, nos encontramos con todo tipo de negocios, cada uno con escaparates distintos y detalles que captaban la atención de cualquier visitante de la isla, sin embargo, nos detuvimos frente a uno en particular, frente a una tienda de suministros navales cuya fachada antigua parecía conservar historias de navegantes y viejas tripulaciones. Yuuki señaló entonces una escultura quizás de madera de una mujer alada cuidadosamente grabada en la proa del edificio como si vigilara el paso del tiempo y la multitud diaria de aquella isla. Mis ojos azulinos se quedaron fijos en aquella figura, admirándola con detenimiento mientras escuchaba sus palabras, había algo en ella que me resultaba sereno, casi familiar, y no pude más que reconocer lo que mostró con solo una explicación metafórica, y eso me resultaba hermoso.
—- ¿Mis alas? —- repetí en voz baja, mientras la observaba retomar el camino, pero la pregunta quedó flotando en mi mente, como una idea que buscaba su forma, intenté incluso encontrar una respuesta adecuada, preguntándome qué clase de alas podrían acompañarme a mí, y entonces, casi como un recordatorio constante que nunca se aparta del todo de mi lado, recordé a Amphitrite, mi violín.
—-- Sin duda… es la música.
Su cercanía traía consigo ideas que me empujaban a ver perspectivas que nunca antes había considerado, cosas que, de algún modo, siempre habían estado ahí sin que yo lograra notarlas, por eso, cuando me habló con aquella confianza me planteó una situación puntual, sobre elegir seguir mi sueño o dejar pasar la oportunidad por el temor a lo que dirían en casa. —- Ciertamente me iría… —- expresé, pensativa, aferrándome a la correa del estuche de mi violín, como si ese gesto descansara la verdad de lo que realmente deseaba alcanzar. —- pero tampoco me iría sin decir adiós.
Alcé la mirada hacia Yuuki,encontrándome con esos ojos suyos que reflejaban un desafío casi puro, firme, como si no temiera a nada cuando encara a otros. — porque supongo que… aunque las diferencias duelan, todos merecen saber que, incluso en la distancia, siempre serán recordados y amados, sin importar que en ese momento no estén de acuerdo con nuestras decisiones. —- Mis palabras eran firmes, mi mirada bajó un poco, dejándome llenar por los recuerdos de mi niñez, de mis hermanos y mi padre, y mi mano libre se posó sobre mi pecho, justo sobre el corazón, ahí es donde guardaba esos recuerdo con latidos de amor a cada uno de ellos.
—-- Si, me iría completamente si apareciera la oportunidad, jajaja.
Yuuki caminaba ahora a ritmo propio a unos cuantos pasos delante de mí, más libre, reconociendo los alrededores hasta encontrar la panadería con las delicias dulces que inundaban las cercanías con ese olor tan delicioso, agradable, abriendo el antojo a las golosinas. Incluso antes de que ella mencionara que estaba ahí, yo ya me había percatado del establecimiento reconocido por ser administrado por un señor adulto devoto a la panadería desde años.
—-- Me encantaría unas galletas también, muchas gracias por invitar Yuuki —- Exprese una con una enorme sonrisa de oreja a oreja, emocionada por la compañía, emocionada por que ahora tenía un nuevo lugar que conocer con la experiencia de tener una nueva amiga. —-- Siempre he visto este establecimiento, pero es mi primera vez que entro aqui.
—-- Muy buenas tardes estimado señor.
Al llegar al área de la zona comercial, nos encontramos con todo tipo de negocios, cada uno con escaparates distintos y detalles que captaban la atención de cualquier visitante de la isla, sin embargo, nos detuvimos frente a uno en particular, frente a una tienda de suministros navales cuya fachada antigua parecía conservar historias de navegantes y viejas tripulaciones. Yuuki señaló entonces una escultura quizás de madera de una mujer alada cuidadosamente grabada en la proa del edificio como si vigilara el paso del tiempo y la multitud diaria de aquella isla. Mis ojos azulinos se quedaron fijos en aquella figura, admirándola con detenimiento mientras escuchaba sus palabras, había algo en ella que me resultaba sereno, casi familiar, y no pude más que reconocer lo que mostró con solo una explicación metafórica, y eso me resultaba hermoso.
—- ¿Mis alas? —- repetí en voz baja, mientras la observaba retomar el camino, pero la pregunta quedó flotando en mi mente, como una idea que buscaba su forma, intenté incluso encontrar una respuesta adecuada, preguntándome qué clase de alas podrían acompañarme a mí, y entonces, casi como un recordatorio constante que nunca se aparta del todo de mi lado, recordé a Amphitrite, mi violín.
—-- Sin duda… es la música.
Su cercanía traía consigo ideas que me empujaban a ver perspectivas que nunca antes había considerado, cosas que, de algún modo, siempre habían estado ahí sin que yo lograra notarlas, por eso, cuando me habló con aquella confianza me planteó una situación puntual, sobre elegir seguir mi sueño o dejar pasar la oportunidad por el temor a lo que dirían en casa. —- Ciertamente me iría… —- expresé, pensativa, aferrándome a la correa del estuche de mi violín, como si ese gesto descansara la verdad de lo que realmente deseaba alcanzar. —- pero tampoco me iría sin decir adiós.
Alcé la mirada hacia Yuuki,encontrándome con esos ojos suyos que reflejaban un desafío casi puro, firme, como si no temiera a nada cuando encara a otros. — porque supongo que… aunque las diferencias duelan, todos merecen saber que, incluso en la distancia, siempre serán recordados y amados, sin importar que en ese momento no estén de acuerdo con nuestras decisiones. —- Mis palabras eran firmes, mi mirada bajó un poco, dejándome llenar por los recuerdos de mi niñez, de mis hermanos y mi padre, y mi mano libre se posó sobre mi pecho, justo sobre el corazón, ahí es donde guardaba esos recuerdo con latidos de amor a cada uno de ellos.
—-- Si, me iría completamente si apareciera la oportunidad, jajaja.
Yuuki caminaba ahora a ritmo propio a unos cuantos pasos delante de mí, más libre, reconociendo los alrededores hasta encontrar la panadería con las delicias dulces que inundaban las cercanías con ese olor tan delicioso, agradable, abriendo el antojo a las golosinas. Incluso antes de que ella mencionara que estaba ahí, yo ya me había percatado del establecimiento reconocido por ser administrado por un señor adulto devoto a la panadería desde años.
—-- Me encantaría unas galletas también, muchas gracias por invitar Yuuki —- Exprese una con una enorme sonrisa de oreja a oreja, emocionada por la compañía, emocionada por que ahora tenía un nuevo lugar que conocer con la experiencia de tener una nueva amiga. —-- Siempre he visto este establecimiento, pero es mi primera vez que entro aqui.
—-- Muy buenas tardes estimado señor.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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