27-04-2026, 09:42 PM
Stroud apretó los labios, observando cómo la patosa mujer luchaba por sobrevivir en lo que parecía ser, pese a todo, poco más que un riachuelo sin mucha profundidad. Inclinó la cabeza ligeramente, viendo cómo algo de sangre había comenzado a flotar en el agua, para luego perderse entre la corriente como un simple hilillo de tinta. Jamás se hubiera reído de un civil, pero... ¿se había herido de gravedad en un riachuelo como aquel? ¿Alguien de su tamaño?
Fue entonces cuando, lejos de agarrar la hoja que el Marine le tendía, la mujer optó, en su lugar, por simplemente ponerse en pie sobre el lecho del río. Stroud, estupefacto, ni siquiera se movió, ni apartó la hoja, simplemente observó el espectáculo, mudo de estupor. ¿Era aquello una trampa, diseñada para atraer a algún incauto de buena voluntad para entonces robarle hasta el último berry? ¿Venía alguien por su espalda, aprovechando la distracción? Por mucho que las apariencias pudiesen engañar, la mujer no parecía ser ninguna pirata, ni uno de aquellos revolucionarios, ni, mucho menos, una bandida. Sin embargo, mientras la mujer permanecía en pie entre las aguas, aparentemente petrificada, Stroud no pudo evitar mirar atrás, sobre su hombro, solo por asegurarse que sus peores temores no estaban a punto de cumplirse, antes de, aliviado, volver a contemplar a la mujer, que había empezado a reír sin hacer ruido, sonrojada.
Stroud arqueó una ceja, la hoja de palma aún en su lugar, esperando a que se agarrase, o a que al joven se le pasase el shock de la absoluta estupidez de la que había sido partícipe. La mujer parecía enormemente divertida por su propia torpeza; era de apreciar que no añadiese más drama del necesario. "Señora, agárrese, no se preocup...," dijo, pero sus palabras se cortaron en seco cuando vio cómo la corriente arrancaba a la mujer de allá donde permanecía en pie, como un viento, antes de volver a emerger agarrándose a su brazo. "¡Eh!," dijo, dejando caer la palma en el agua. Se sonrojó ligeramente, más por lo inesperado que por otra cosa, y, una vez superado el primer instante de shock inicial, sujetó su brazo con ambas manos y tiró con fuerza, sacándola del agua. Era mucho más ligera de lo que su tamaño podría haber llevado a pensar, como si estuviese hueca por dentro.
Fascinado, contempló cómo la enorme mujer, empapada, salía poco a poco del agua, haciendo un último esfuerzo por tirar de ella cuando ya había empezado a tocar la hierba del suelo. Pocas veces había visto a alguien tan grande. Y tenía... ¿alas? "¡Y...! ¡Vamos!," exclamó, en un último esfuerzo, terminando de sacarla del agua y casi cayendo al suelo de culo él mismo.
Resoplando, se incorporó rápidamente, recobrando la postura marcial que lo caracterizaba, y le tendió la mano a la mujer para ayudarla a levantarse del suelo. La estampa era, cuanto menos, paradójica, puesto que ella misma era, aun arrodillada en el suelo, casi de su misma altura. Sin embargo, detalles como aquel no le preocupaban cuando se trataba de ofrecer ayuda. Observó, no sin cierta curiosidad, cómo su largo pelo tapaba su cara, aún chorreando agua sobre el suelo. "¿Está bien?," preguntó, aún tendiéndole la mano y esperando a que se ayudase de ella para levantarse. "¿Está herida, necesita un médico?," inquirió. Pese a su preocupación, su voz era tan indiscutiblemente monótona como de costumbre. Con su otra mano, tocó su cabello, buscando la fuente del pequeño hilillo de sangre. No parecía demasiado grave. "No tiene de qué preocuparse, soy de la Marina."
Fue entonces cuando, lejos de agarrar la hoja que el Marine le tendía, la mujer optó, en su lugar, por simplemente ponerse en pie sobre el lecho del río. Stroud, estupefacto, ni siquiera se movió, ni apartó la hoja, simplemente observó el espectáculo, mudo de estupor. ¿Era aquello una trampa, diseñada para atraer a algún incauto de buena voluntad para entonces robarle hasta el último berry? ¿Venía alguien por su espalda, aprovechando la distracción? Por mucho que las apariencias pudiesen engañar, la mujer no parecía ser ninguna pirata, ni uno de aquellos revolucionarios, ni, mucho menos, una bandida. Sin embargo, mientras la mujer permanecía en pie entre las aguas, aparentemente petrificada, Stroud no pudo evitar mirar atrás, sobre su hombro, solo por asegurarse que sus peores temores no estaban a punto de cumplirse, antes de, aliviado, volver a contemplar a la mujer, que había empezado a reír sin hacer ruido, sonrojada.
Stroud arqueó una ceja, la hoja de palma aún en su lugar, esperando a que se agarrase, o a que al joven se le pasase el shock de la absoluta estupidez de la que había sido partícipe. La mujer parecía enormemente divertida por su propia torpeza; era de apreciar que no añadiese más drama del necesario. "Señora, agárrese, no se preocup...," dijo, pero sus palabras se cortaron en seco cuando vio cómo la corriente arrancaba a la mujer de allá donde permanecía en pie, como un viento, antes de volver a emerger agarrándose a su brazo. "¡Eh!," dijo, dejando caer la palma en el agua. Se sonrojó ligeramente, más por lo inesperado que por otra cosa, y, una vez superado el primer instante de shock inicial, sujetó su brazo con ambas manos y tiró con fuerza, sacándola del agua. Era mucho más ligera de lo que su tamaño podría haber llevado a pensar, como si estuviese hueca por dentro.
Fascinado, contempló cómo la enorme mujer, empapada, salía poco a poco del agua, haciendo un último esfuerzo por tirar de ella cuando ya había empezado a tocar la hierba del suelo. Pocas veces había visto a alguien tan grande. Y tenía... ¿alas? "¡Y...! ¡Vamos!," exclamó, en un último esfuerzo, terminando de sacarla del agua y casi cayendo al suelo de culo él mismo.
Resoplando, se incorporó rápidamente, recobrando la postura marcial que lo caracterizaba, y le tendió la mano a la mujer para ayudarla a levantarse del suelo. La estampa era, cuanto menos, paradójica, puesto que ella misma era, aun arrodillada en el suelo, casi de su misma altura. Sin embargo, detalles como aquel no le preocupaban cuando se trataba de ofrecer ayuda. Observó, no sin cierta curiosidad, cómo su largo pelo tapaba su cara, aún chorreando agua sobre el suelo. "¿Está bien?," preguntó, aún tendiéndole la mano y esperando a que se ayudase de ella para levantarse. "¿Está herida, necesita un médico?," inquirió. Pese a su preocupación, su voz era tan indiscutiblemente monótona como de costumbre. Con su otra mano, tocó su cabello, buscando la fuente del pequeño hilillo de sangre. No parecía demasiado grave. "No tiene de qué preocuparse, soy de la Marina."

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