27-04-2026, 11:43 PM
Día 55 de Verano, Año 17
El calor asfixiante de hacía unas horas se había esfumado prácticamente con una rapidez nunca antes vista por el marine, recordándole que el desierto no tenía piedad con nadie y que aquellas dunas pronto pasarían de ser un divertido lugar donde practicar surf en la arena a lo que podría convertirse en su tumba. El aire antes era denso y quemaba, pero ahora cortaba como una cuchilla helada mientras que las sombras de las dunas se alargaban bajo la luz de la luna hasta oscurecer aquel páramo casi por completo.
Pero ahí estaba Akira, firme, recto, frente aquel que le salvó la vida, esperando una respuesta que justificara por qué ahora tenía una recompensa por su cabeza y por qué se había convertido en el capitán de los Smokey.
—Cill, ¿qué es todo esto? ¿Ha sido por cargarte al imbécil de Landon? ¡Pero si era un corrupto! —gritaba Akira con el cartel de “se busca” de su amigo en sus manos—. ¡No tiene ningún sentido! Me va a tocar hablar con mis superiores… ¿O es que de verdad quieres que tu cabeza tenga un precio? No me vaciles Cill…
Mientras terminaba de hablar se agachó, no sin antes dejarle el cartel con un leve golpe en el pecho, para empezar a hacer fuego. El frío empezaba a calar en los huesos a pesar del clima tan árido y aunque llevaran ropa abrigada (Akira no llevaba el uniforme de la Marina, sino una túnica gruesa de estilo arabesco y un turbante que le tapaba el cabello) debido al fuerte cambio de temperatura entre el día y la noche, esta no era una conversación que iban a tener al borde de la hipotermia.
—No vamos a congelarnos y morir aquí después de haber llegado tan lejos… ¿Alucinante no crees? Hemos conseguido llegar vivos al Grand Line, aunque sinceramente, no me esperaba que la primera isla a la que íbamos a llegar iba a estar tan… Desierta —suspiró con una sonrisa mientras prendía la llama en aquellos troncos secos que había sacado de entre la arena y de otros más finos que había arrastrado el viento.
—¿Cómo conseguisteis llegar? Porque entiendo que tu tripulación también estará por aquí… Los Smokey Pirates… Tu y tus cigarrillos… —le lanzó a los pies cenizas de la hoguera invitándolo a sentarse. Eran cenizas sin llama, el carbón negro, a modo de broma—. ¿Te tocó pilotar el ferry? —Akira sabía que su amigo también era navegante, y aquel barco pirata que subió la Reverse Mountain no tenía pinta de ser suyo. Mientras tanto, las chispas de la hoguera saltaban hacia el cielo iluminado por la luna, y la madera ardiendo, junto con sus voces, era el único sonido que se podía diferenciar en aquel desierto.
—Venga dime, ¿cómo hicisteis? ¡Seguro que estais todos de una pieza! Nosotros lo pasamos bastante mal… ¡Y luego bastante bien! ¡Cuando nos organizamos hasta acabamos cantando al llegar a la cima! ¡Venga Cill dime, cuéntame qué paso con ese ferry!
Pero ahí estaba Akira, firme, recto, frente aquel que le salvó la vida, esperando una respuesta que justificara por qué ahora tenía una recompensa por su cabeza y por qué se había convertido en el capitán de los Smokey.
—Cill, ¿qué es todo esto? ¿Ha sido por cargarte al imbécil de Landon? ¡Pero si era un corrupto! —gritaba Akira con el cartel de “se busca” de su amigo en sus manos—. ¡No tiene ningún sentido! Me va a tocar hablar con mis superiores… ¿O es que de verdad quieres que tu cabeza tenga un precio? No me vaciles Cill…
Mientras terminaba de hablar se agachó, no sin antes dejarle el cartel con un leve golpe en el pecho, para empezar a hacer fuego. El frío empezaba a calar en los huesos a pesar del clima tan árido y aunque llevaran ropa abrigada (Akira no llevaba el uniforme de la Marina, sino una túnica gruesa de estilo arabesco y un turbante que le tapaba el cabello) debido al fuerte cambio de temperatura entre el día y la noche, esta no era una conversación que iban a tener al borde de la hipotermia.
—No vamos a congelarnos y morir aquí después de haber llegado tan lejos… ¿Alucinante no crees? Hemos conseguido llegar vivos al Grand Line, aunque sinceramente, no me esperaba que la primera isla a la que íbamos a llegar iba a estar tan… Desierta —suspiró con una sonrisa mientras prendía la llama en aquellos troncos secos que había sacado de entre la arena y de otros más finos que había arrastrado el viento.
—¿Cómo conseguisteis llegar? Porque entiendo que tu tripulación también estará por aquí… Los Smokey Pirates… Tu y tus cigarrillos… —le lanzó a los pies cenizas de la hoguera invitándolo a sentarse. Eran cenizas sin llama, el carbón negro, a modo de broma—. ¿Te tocó pilotar el ferry? —Akira sabía que su amigo también era navegante, y aquel barco pirata que subió la Reverse Mountain no tenía pinta de ser suyo. Mientras tanto, las chispas de la hoguera saltaban hacia el cielo iluminado por la luna, y la madera ardiendo, junto con sus voces, era el único sonido que se podía diferenciar en aquel desierto.
—Venga dime, ¿cómo hicisteis? ¡Seguro que estais todos de una pieza! Nosotros lo pasamos bastante mal… ¡Y luego bastante bien! ¡Cuando nos organizamos hasta acabamos cantando al llegar a la cima! ¡Venga Cill dime, cuéntame qué paso con ese ferry!

