18-11-2023, 12:41 PM
Poco a poco, todos los miembros de la tripulación se fueron reuniendo en cubierta. Su llegada fue precedida por la de Don Bambú, al que saludó con la mano al verle. Algo le cayó sobre la cabeza, pero la verdad es que Nadja no prestó la suficiente atención como para saber qué era. El siguiente en aparecer fue Enma, que salía de la habitación donde Caoba estaba descansando. Contar con dos médicos en una misma tripulación desde luego que era una ventaja, y ambos parecían ser buenos, pues estaban cuidando de Caoba perfectamente. Nadja les estaba muy agradecida por ello. Con un poco de suerte, pronto despertaría. Algo de lo que tenía ganas y miedo a la vez. Le sonrió. — ¿Cómo se encuentrra? — Le preguntó, con cierta curiosidad. Aún no se había atrevido a entrar a su habitación por sí misma.
Entonces apareció el capitán haciendo uso de su habilidad, bajaba desde el palo mayor subido en un cubo de madera hasta que quedó en cubierta con los demás. Después de preguntarle algo a Don Bambú, se dirigió a ella. Le devolvió la mirada, igual de fija. Hablaba con dureza y sin tapujos, el rollo cortés del primer día había quedado atrás, desafortunadamente para todos. Respiró hondo aquella brisa salada y recogió uno de sus largos mechones entre sus dedos, comenzando a jugar con ellos. — Lo sé, no serría rrespetuoso parra él tenerrle a borrdo mientrras se pudrre. — Desde luego que no sería una imagen ideal. Tampoco es que la situación fuera ideal, tener que enterrarlo tan lejos de casa. Pero a veces estas cosas ocurrían, situaciones desesperadas requerían medidas igual de desesperadas. — Ya tengo el sitio perrfecto, al este de la isla. Cambiarré el rrumbo. — Los ánimos no parecían ser los mejores, ya no solo en ella sino en todos. Que aquel golpe hubiera afectado a la tripulación de aquel modo, a pesar de no haber sido compañeros de Moris como ella, le hacía ver la calidad empática que tenía aquel grupo.
Sin demorarse más, subió unas escalerillas hasta llegar a la zona del timón, elevada del resto de la cubierta. Gracias a su buena memoria y a lo mucho que le gustaba calcular cosas, llegó a la conclusión de que tardarían aproximadamente unos veinte minutos en llegar. Al final no era un camino largo, por suerte. Cambió el rumbo sujetando el timón y girándolo levemente hacia la izquierda. Tendrían que desplegar una vela o dos, así que volvió a bajar las escaleras para dirigirse a los mástiles del barco. Aquella mañana, ese trabajo se le estaba volviendo especialmente pesado. — Tarrdarremos unos veinte minutos. — Informó al grupo, mientras tiraba de las cuerdas que desplegaba una de las grandes velas. Le costaba un poco, llevar a cabo ejercicios físicos no era realmente su mejor fuerte, siempre había sido bastante debilucha en ese sentido.
Entonces apareció el capitán haciendo uso de su habilidad, bajaba desde el palo mayor subido en un cubo de madera hasta que quedó en cubierta con los demás. Después de preguntarle algo a Don Bambú, se dirigió a ella. Le devolvió la mirada, igual de fija. Hablaba con dureza y sin tapujos, el rollo cortés del primer día había quedado atrás, desafortunadamente para todos. Respiró hondo aquella brisa salada y recogió uno de sus largos mechones entre sus dedos, comenzando a jugar con ellos. — Lo sé, no serría rrespetuoso parra él tenerrle a borrdo mientrras se pudrre. — Desde luego que no sería una imagen ideal. Tampoco es que la situación fuera ideal, tener que enterrarlo tan lejos de casa. Pero a veces estas cosas ocurrían, situaciones desesperadas requerían medidas igual de desesperadas. — Ya tengo el sitio perrfecto, al este de la isla. Cambiarré el rrumbo. — Los ánimos no parecían ser los mejores, ya no solo en ella sino en todos. Que aquel golpe hubiera afectado a la tripulación de aquel modo, a pesar de no haber sido compañeros de Moris como ella, le hacía ver la calidad empática que tenía aquel grupo.
Sin demorarse más, subió unas escalerillas hasta llegar a la zona del timón, elevada del resto de la cubierta. Gracias a su buena memoria y a lo mucho que le gustaba calcular cosas, llegó a la conclusión de que tardarían aproximadamente unos veinte minutos en llegar. Al final no era un camino largo, por suerte. Cambió el rumbo sujetando el timón y girándolo levemente hacia la izquierda. Tendrían que desplegar una vela o dos, así que volvió a bajar las escaleras para dirigirse a los mástiles del barco. Aquella mañana, ese trabajo se le estaba volviendo especialmente pesado. — Tarrdarremos unos veinte minutos. — Informó al grupo, mientras tiraba de las cuerdas que desplegaba una de las grandes velas. Le costaba un poco, llevar a cabo ejercicios físicos no era realmente su mejor fuerte, siempre había sido bastante debilucha en ese sentido.
