28-04-2026, 06:03 AM
Al menos lo reconocía, llegó a toparse con un millar de personas que no asumían sus carencias e incluso algunas virtudes, pero el caso de esta joven chica no se comparaba con esas nimiedades. Lo suyo podía entrar fácilmente en el catálogo de fetichismo, o quizás alguna filosofía extraña sobre liberar el alma y con ello el cuerpo de telas que resguardasen la dignidad. Hasegawa también se vincula al libertinaje, pero... la ropa poseía un encanto particular y absoluto.
Le quedaba jodidamente genial. Era débil a lucir bien.
Aunque no tanto como a los muslos de la pelirroja, enmarcados por las medias altas. De verdad podría arriesgarse a morir por intentar tocarlos, pero el porte de caballero se iría por el drenaje demasiado rápido y no se lo podía permitir, menos cuando había abierto la puerta a reconocer su exhibicionismo con tanta normalidad, sin ningún tipo de esfuerzo en negarlo. Y todo con esa pequeña cara de angelito, bastante más jovial que el de una mujer en su adultez plena, si debía adivinarle la edad se arriesgaría a decir algún número cercano a ser menor, pero en esa línea fina, aunque en aquel mundo nunca se sabía. Algunas personas tenían muchísimos años y se mantenían en forma de manera exagerada, no descartaba que sea uno de esos casos.
No retrocedió cuando la chica decidió enfrentarlo, haciendo un contacto visual bastante pronunciado, y mantuvo el silencio porque creía que desmontar sus argumentos o volver a presionarla sería extremadamente sencillo. Sin embargo, por obra divina o del destino, al encogerse de hombros parte de las finas telas que cubrían de manera pobre su piel decidió ceder, y dejarla a prácticamente nada de exponerse aún más a su mirada y la del resto.
—Vaya, comienzo a creer que lo haces a propósito. Eso, o tienes una suerte descaradamente traviesa. —de manera irónica, Shin se encoge de hombros, manteniendo una fina sonrisa seductora. —¿Necesitas ayuda? Puedes empezar por decirme tu nombre, y a lo mejor podemos seguir esta conversación en un sitio más tranquilo. —un leve susurro, audible sólo para ella. —Me tocaste indebidamente, creo que estás en deuda conmigo. —remarcó, tentado en exceso por la figura que tenía delante.
—O sencillamente puedo irme y hacer esto más divertido para ti. Robarme lo que te queda de ropa. —con su fruta lo conseguiría, ¿sería excederse demasiado? No lo sabía, aunque el pensamiento de que para ella podía ser algo normal lo hizo continuar con su punto —Digo, eres una exhibicionista después de todo, ¿no? ¿Entonces por qué no hacerlo bien? —su soberbia inundaba la escena, hablando con el porte de quien sabe que tiene razón, y de quien sabe que puede conseguir todo lo que se proponga.
Le quedaba jodidamente genial. Era débil a lucir bien.
Aunque no tanto como a los muslos de la pelirroja, enmarcados por las medias altas. De verdad podría arriesgarse a morir por intentar tocarlos, pero el porte de caballero se iría por el drenaje demasiado rápido y no se lo podía permitir, menos cuando había abierto la puerta a reconocer su exhibicionismo con tanta normalidad, sin ningún tipo de esfuerzo en negarlo. Y todo con esa pequeña cara de angelito, bastante más jovial que el de una mujer en su adultez plena, si debía adivinarle la edad se arriesgaría a decir algún número cercano a ser menor, pero en esa línea fina, aunque en aquel mundo nunca se sabía. Algunas personas tenían muchísimos años y se mantenían en forma de manera exagerada, no descartaba que sea uno de esos casos.
No retrocedió cuando la chica decidió enfrentarlo, haciendo un contacto visual bastante pronunciado, y mantuvo el silencio porque creía que desmontar sus argumentos o volver a presionarla sería extremadamente sencillo. Sin embargo, por obra divina o del destino, al encogerse de hombros parte de las finas telas que cubrían de manera pobre su piel decidió ceder, y dejarla a prácticamente nada de exponerse aún más a su mirada y la del resto.
—Vaya, comienzo a creer que lo haces a propósito. Eso, o tienes una suerte descaradamente traviesa. —de manera irónica, Shin se encoge de hombros, manteniendo una fina sonrisa seductora. —¿Necesitas ayuda? Puedes empezar por decirme tu nombre, y a lo mejor podemos seguir esta conversación en un sitio más tranquilo. —un leve susurro, audible sólo para ella. —Me tocaste indebidamente, creo que estás en deuda conmigo. —remarcó, tentado en exceso por la figura que tenía delante.
—O sencillamente puedo irme y hacer esto más divertido para ti. Robarme lo que te queda de ropa. —con su fruta lo conseguiría, ¿sería excederse demasiado? No lo sabía, aunque el pensamiento de que para ella podía ser algo normal lo hizo continuar con su punto —Digo, eres una exhibicionista después de todo, ¿no? ¿Entonces por qué no hacerlo bien? —su soberbia inundaba la escena, hablando con el porte de quien sabe que tiene razón, y de quien sabe que puede conseguir todo lo que se proponga.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
