28-04-2026, 06:43 AM
¿Debería parecerle extraño el escenario? Sí.
Una persona coherente habría cerrado la puerta y colocado algún objeto en el exterior para que no la abrieran desde el interior, de hecho, es lo que el médico estuvo por hacer; sin embargo, un par de cosas detuvieron su coherencia: Primero, estaba en una casa del terror, encontrar cosas “raras” debía ser lo “normal” y, segundo… ¡Por fin encontraba a alguien vivo! Podría sacarles algunas respuestas a los dos extraños personajes.
Eso sí, no evitó alzar una ceja, intrigado, en cuando vio a la extraña mujer con el látigo, aunque, por curiosidad, sus ojos dorados terminaron sobre el cuerpo del hombre que se veía tan incómodo amarrado a una cruz…Eso lo hizo sentir como que interrumpía algo, pero…bueno, en verdad no era su problema.
Dio unos pasos más dentro de la habitación, quedando a 4 metros y medio de la mujer que ahora lo incitaba a… ¿Jugar? Nuevamente el médico la miró, más curioso que asustado y, de nuevo, su vista pasó de ella al hombre… ¿Ese era su juguete? Sí, cualquiera con un par de dedos de frente entendería enseguida la situación. Esto nunca se lo esperó, ahora se sentía como en ese libro que en un momento se hizo famoso y… ¿Cómo se llamaba? ¿Las 50 luces de Grey? Sí, algo así.
—¿Jugar conmigo? —El médico soltó una risa que parecía más un bufido burlesco, al mismo tiempo que avanzaba hasta quedar a un lado del tipo que estaba sujeto a la cruz, eso sí, sin quitar la mirada de encima de la mujer. No confiaba en que sostuviera el látigo con tanta confianza. —No podrías hacer eso, aunque quisieras, linda —. Su voz bajó apenas un poco, sonando más grave, todo mientras que una de sus manos se colocaba sobre una bandeja metálica en la que reposaban instrumentos que bien podría usar él en un quirófano y, de entre todas las herramientas, terminó eligiendo un bisturí con el que jugó entre sus dedos hasta clavarlo en medio de los dedos del sujeto amarrado, sin llegar a tocar su piel. —Verás, ser sumiso no va conmigo. Nunca…El simple ofrecimiento de serlo me ofende.
Había rodeado la cruz, quedó detrás de esta, una de sus manos aún sostenía el metal frío del bisturí mientras que la otra jugueteaba con una de las púas de la máscara. Este no era su estilo, pero si quería sacar alguna respuesta de la mujer, suponía que debía seguirle el juego, así que… ¿Por qué no usar su conocimiento del cuerpo para “jugar”?
—Dime algo… ¿Puedes responderme un par de cosas mientras uso a tu juguete como me plazca? —No podía ver el rostro del hombre enmascarado, pero algo le decía que no era su tipo, así que el pelirrosa no se refería a nada excitante, al menos no para él, al contrario…planeaba una tortura lenta, tal como las que hacía tiempo no practicaba en otro ser humano. —¿Eres una pirata? ¿O él lo es? ¿Para qué es esta "casa" en realidad? No soy estúpido, no es una simple atracción de feria —. Mientras hablaba, había retirado el bisturí de la madera y ahora el filo de movía peligrosamente en el borde de la cutícula de uno de los pulgares del enmascarado, justo el de su mano derecha.
—Fuera encontré a un hombre con la cara destrozada, su herida era en forma de espiral, como si lo hubieran atacado, cuidadosamente, con un taladro…lo suficiente para mantenerlo vivo por un corto periodo de tiempo —. Sus manos dejaron de jugar con el bisturí y, ahora directamente se movían entre el borde de la uña y la carne. No demoró mucho en hundir el filo de la herramienta contra la carne, levantando la uña con una lentitud tortuosa, pues no fue de inmediato, si no que, entre cada palabra removía un poco más el filo bajo la uña, removiendo la enorme cantidad de terminaciones nerviosas y pintando el pulgar de un hermoso tono escarlata que el médico consideraría usar como esmalte para sus propias uñas. —Me dijo que un hombre Cactus lo capturó y lo trajo aquí…era todo lo que recordaba… ¿Debería preocuparme?
Se aburrió del bisturí con rapidez, por lo que dejó de jugar con la uña que había logrado arrancar de raíz y se concentró ahora en el índice, también de la mano derecha, aunque esta vez no levantó la uña como lo hizo con el pulgar, si no que atravesó el bisturí directamente en el dedo. Se escuchó un ruido incómodo, primero como el de un metal atravesando “plástico” y, luego, un sonido más acuoso antes de que el filo del bisturí chocara con el hueso. El médico hizo más presión, mucha más, no controló su fuerza y, el delicado hueso cedió ante el metal, haciendo que, al final, el escalpelo quedara insertado en la madera de la cruz.
—¿Ese tipo de dolor aún te gusta? —Preguntó con un tono casi inocente, algo que contrastaba con sus acciones, pues ahora se había movido apenas un poco para sostener entre sus manos una pinza que parecía de muy buen material. —Ella me dijo que jugara contigo, pero no me colocó ningún límite —. Se distrajo un rato de su cuestionario hacia la mujer y volvió con el hombre. Escuchó quejidos provenir desde debajo de la máscara, pero no podía distinguir si eran de placer o de dolor, aunque, algo que si era evidente para sus ojos es que el pálido hombre había empezado a sudar frío. El médico sonrió y, nuevamente, su mirada fue hacia la mujer del corazón tatuado.
—¿Puedo hacer lo que quiera con tu juguete? Hace bastante tiempo que no me dejan divertirme así —. En su antigua tripulación, una que el mismo se encargó de entregar a la marina, hace 10 años, era él quien torturaba a aquellos que se ganaban la mala fe del capitán...a veces extrañaba esos momentos.
El médico colocó la pinza sobre el dedo corazón de la mano izquierda y apretó con fuerza hasta que el sonido característico de un hueso cediendo hizo eco en el cuarto…Pensó en quitarle el dedo, eso sería fácil, pero…entonces recordó porque es que había accedido a jugar.
—¡Ah! Es cierto… ¿Sabe una cosa, señorita? Creo que me he perdido en esta casa, buscaba una salida… ¿Podría guiarme a ella? O… ¿Tal vez prefiera que siga rompiendo a su juguete? —Dejó caer la pinza y tomó de la mesa una sierra, no la eléctrica, la normal…No tenía demasiado filo, quizá solo era un juguete, pero… ¿Qué más daba? El médico tenía la fuerza suficiente para usarla para cortar la carne si así deseara. Ubicó la cierra cerca de la ingle del desdichado e hizo presión hacia delante y hacia atrás hasta que notó las raspaduras en la piel, que poco a poco cedía ante la fuerza del instrumento metálico.
—Es que…verá…creo que alguien se ha equivocado…Si este sitio es una trampa, yo no debería estar aquí —. Miró al sujeto amarrado, respiraba agitado y, aunque sus manos intentaban cerrarse en un puño, los dedos lastimados se lo impedían. Parecía fuerte…sano…¿A este si podría usarlo como mercancía? Tenía todo en ese lugar para aprovechar uno que otro órgano, aunque…si los sacaba ahí mismo, le faltaría una buena “nevera” para guardarlos hasta conseguir venderlos…Chasqueó la lengua…Mal…era un mal negocio si los órganos se dañaban, aunque, tal vez su sangre su podría extraerla y venderla a algún hospital de Drum, después de todo… ¿No era esta isla un paraíso médico?
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