28-04-2026, 11:49 AM
¿Cómo había llegado a moverse para que se le abrieran los puntos? Era un animal de granja, no había otra explicación, sin embargo parecía que la chica iba a ayudarle a solucionar el tema llamando al matasanos, solo esperaba que no tuvieran que coserle de nuevo, coser en vivo era bastante doloroso, especialmente si la herida estaba abierta y sangrante, aunque comprendía que a veces era necesario, pero no es que le doliera aquello como si la herida se hubiera abierto de nuevo, de hecho, aún notaba la presión de los puntos en su hombro.
Por suerte aquella preciosa chica le había hecho caso, cuando parecía que era un poco “especial” en su forma de ser. Y de ser en otra ocasión le habría parecido graciosa, quizás hasta tierna, pero la situación de su hombro requería algo de seriedad, no quería que se le cayera el brazo mientras caminaba por la calle (aunque eso era un pensamiento exagerado, y él mismo lo sabía), o que se infectara la herida y muriera, algo que sí podría llegar a darse.
Espero con los ojos cerrados en la cama a que apareciera el matasanos, pero en lugar de eso, cuando se abrió la puerta lo que se encontró fue a la chica cargada con vendas y un par de cosas mas que no sabía lo que era.
La chica estuvo a punto de presentarse de una forma en particular, pero después se detuvo en seco en mitad de la presentación, lo cual le hizo levantar una ceja por un instante, para después escuchar como se presentaba como “Enfermera Kassandra”, después de eso le dijo que tenía que ser fuerte como una roca, para divagar al momento hablando de rocas que flotaban en el mar, a lo que a Jesse no le quedó más remedio que responder.
– No me extrañaría, hay cosas mucho más raras, seguro que debe tener una explicación. – Le razonó, aunque él hasta el momento no había visto ese fenómeno. – Pero por desgracia no he sido testigo de ello. – Le dedicó una sonrisa que trataba de ser amable.
En realidad tenía algo de miedo, por que parecía que iba a ser ella quien tratara su herida, y si, la chica era muy guapa, preciosa en realidad, pero al parecer tenía los mismos conocimiento de medicina que un jabalí, y eso no era algo que le pudiera calmar demasiado. Si la cosa no salía bien su brazo podía terminar oliendo a las ingles sebosas de un lechón… Y eso significaba que se pudriría su brazo.
En apenas unos segundos la situación mejoró bastante, en especial cuando ella se colocó a horcajadas sobre él, especialmente cuando el vestido de ella se subió un poco y pudo verle los muslos, o el inicio de estos. Tragó saliva y en esta ocasión sí que se puso rojo como un tomate y “duro como una roca”, pero prefería no hacer comentarios al respecto, especialmente si ella no notaba nada, y se esforzaba por evitarlo. Al menos en esta ocasión coincidía con lo que ella le había relacionado, tomate y roca. Aunque quizás no de la forma que ella esperaba. Igualmente se contendría, no era ningún guarro… A no ser que le dieran permiso...
La cosa se complicó cuando ella pasó de estar sentada sobre su abdomen paso a sus muslos, una zona que estaba más cerca de la zona que había reaccionado a sus actos, pero no dijo nada, como ella necesitaba que se incorpórase, lo hizó, para que ella pudiera deshacerse de la parte de la venda que pasaba por su espalda.
– ¿A-Así mejor? – Lo cierto era que la situación había cambiado demasiado para él, y encima de forma involuntaria por parte de la chica. O esa impresión daba.
Colocó sus manos en la cintura de la chica para evitar que se cayera, y se dio cuenta de lo que podría parecer en caso de que aquel matasanos entrara por la puerta, pero por suerte… Bueno, mejor dicho, por desgracia no era lo que parecía.
– ¿Crees que podrás hacerlo? Imagino que el matasanos te habrá dicho “Quitar, limpiar y poner…” ¿No? – Era lo que más sentido tenía.
La miró nuevamente a los ojos y es que sus ojos y sus labios estaban tan cerca que era inevitable no pensar en cosas, que quizás, en otra situación, podría ser diferente y mucho mejor, pero… Le costaba mucho imaginar a esa chica en situaciones íntimas con alguien, especialmente por la inocencia que parecía poseer.
– Ah, si… – Se rascó la nuca, sin perder el rubor de su rostro, manteniendo la mano izquierda sobre su cintura. – Gracias por tomarte tantas molestias por mi, eres un ángel, Kass. – Se tomó la libertad de decir su nombre como diminutivo. imaginaba que no le molestaría.
Era la primera vez que se encontraba en una “enfermería” con una “enfermera” en una situación como esa, y aunque no le desagradaba, si que era cierto, que tenía que tener en cuenta que ella realmente se estaba preocupando genuinamente por él y deseaba ayudarle, y por eso mismo tenía que respetarla al máximo.
Por suerte aquella preciosa chica le había hecho caso, cuando parecía que era un poco “especial” en su forma de ser. Y de ser en otra ocasión le habría parecido graciosa, quizás hasta tierna, pero la situación de su hombro requería algo de seriedad, no quería que se le cayera el brazo mientras caminaba por la calle (aunque eso era un pensamiento exagerado, y él mismo lo sabía), o que se infectara la herida y muriera, algo que sí podría llegar a darse.
Espero con los ojos cerrados en la cama a que apareciera el matasanos, pero en lugar de eso, cuando se abrió la puerta lo que se encontró fue a la chica cargada con vendas y un par de cosas mas que no sabía lo que era.
La chica estuvo a punto de presentarse de una forma en particular, pero después se detuvo en seco en mitad de la presentación, lo cual le hizo levantar una ceja por un instante, para después escuchar como se presentaba como “Enfermera Kassandra”, después de eso le dijo que tenía que ser fuerte como una roca, para divagar al momento hablando de rocas que flotaban en el mar, a lo que a Jesse no le quedó más remedio que responder.
– No me extrañaría, hay cosas mucho más raras, seguro que debe tener una explicación. – Le razonó, aunque él hasta el momento no había visto ese fenómeno. – Pero por desgracia no he sido testigo de ello. – Le dedicó una sonrisa que trataba de ser amable.
En realidad tenía algo de miedo, por que parecía que iba a ser ella quien tratara su herida, y si, la chica era muy guapa, preciosa en realidad, pero al parecer tenía los mismos conocimiento de medicina que un jabalí, y eso no era algo que le pudiera calmar demasiado. Si la cosa no salía bien su brazo podía terminar oliendo a las ingles sebosas de un lechón… Y eso significaba que se pudriría su brazo.
En apenas unos segundos la situación mejoró bastante, en especial cuando ella se colocó a horcajadas sobre él, especialmente cuando el vestido de ella se subió un poco y pudo verle los muslos, o el inicio de estos. Tragó saliva y en esta ocasión sí que se puso rojo como un tomate y “duro como una roca”, pero prefería no hacer comentarios al respecto, especialmente si ella no notaba nada, y se esforzaba por evitarlo. Al menos en esta ocasión coincidía con lo que ella le había relacionado, tomate y roca. Aunque quizás no de la forma que ella esperaba. Igualmente se contendría, no era ningún guarro… A no ser que le dieran permiso...
La cosa se complicó cuando ella pasó de estar sentada sobre su abdomen paso a sus muslos, una zona que estaba más cerca de la zona que había reaccionado a sus actos, pero no dijo nada, como ella necesitaba que se incorpórase, lo hizó, para que ella pudiera deshacerse de la parte de la venda que pasaba por su espalda.
– ¿A-Así mejor? – Lo cierto era que la situación había cambiado demasiado para él, y encima de forma involuntaria por parte de la chica. O esa impresión daba.
Colocó sus manos en la cintura de la chica para evitar que se cayera, y se dio cuenta de lo que podría parecer en caso de que aquel matasanos entrara por la puerta, pero por suerte… Bueno, mejor dicho, por desgracia no era lo que parecía.
– ¿Crees que podrás hacerlo? Imagino que el matasanos te habrá dicho “Quitar, limpiar y poner…” ¿No? – Era lo que más sentido tenía.
La miró nuevamente a los ojos y es que sus ojos y sus labios estaban tan cerca que era inevitable no pensar en cosas, que quizás, en otra situación, podría ser diferente y mucho mejor, pero… Le costaba mucho imaginar a esa chica en situaciones íntimas con alguien, especialmente por la inocencia que parecía poseer.
– Ah, si… – Se rascó la nuca, sin perder el rubor de su rostro, manteniendo la mano izquierda sobre su cintura. – Gracias por tomarte tantas molestias por mi, eres un ángel, Kass. – Se tomó la libertad de decir su nombre como diminutivo. imaginaba que no le molestaría.
Era la primera vez que se encontraba en una “enfermería” con una “enfermera” en una situación como esa, y aunque no le desagradaba, si que era cierto, que tenía que tener en cuenta que ella realmente se estaba preocupando genuinamente por él y deseaba ayudarle, y por eso mismo tenía que respetarla al máximo.
Liame
