28-04-2026, 06:06 PM
Le había hablado de una posada en la que atendían a Gyojin y a personas comunes de forma distinta, al parecer los Gyojins eran llevados a una especie de hotel submarino y a los más comunes de la forma habitual. Conociendo a las personas, en general, le extrañaba que en ese local no hubiese altercados, de hecho, seguramente si se acercaba probablemente vería alguno, el racismo y la poca confianza que inspiraban algunos seres de los mares provocaban ese tipo de incidentes, aunque la xenofobia ni el racismo formaban parte del pelirrojo, pero es que necesitaba comprobar que no pasaba nada. Como un hombre de ley (más por obligación que devoción) tenía que asegurarse de que así fuera. Otros compañeros ya habían ido en otras ocasiones, y en esta ocasión le tocaba a él.
Cuando se acercó a la entrada de la posada pudo ver a una mujer en el exterior de esta, cantado, aquello se le hizo extraño por lo que decidió acercarse para saber si había ocurrido algo, o había algún motivo por el que se mantuviera en el exterior de la posada. Especialmente por que tampoco es que hubiera mucho gente en el exterior, que pudieran darle algo.
Dejó que terminará de cantar, y cuando terminó, la aplaudió y le dejó un par de monedas, para después hablar.
– Buenas. – Saludo de forma algo informal. – ¿Todo bien? ¿Está todo tranquilo? – Preguntó, esperando de aquella forma sacar algo de información. Ella no estaba en el interior de la posada, por lo tanto era complicado que lo supiera.
No estaba seguro de que aquello pudiera servir de mucho, no obstante, no presionar a las personas era lo que mejor resultado daba, y aunque realmente le interesaba el interior de la posada, el hecho de que hubiera una mujer en el exterior sin un aparente motivo se le hacía raro. Se acomodó el parche que tapaba lo que era la zona diestra de su cabeza y miró alrededor, hacia la puerta principal de la taberna, en principio todo parecía ir con normalidad, pero su mirada volvió a centrarse en la mujer con la que se acababa de encontrar.
Carraspeó un par de veces mirando alrededor, entonces se acercó un poco más a la mujer para hablarle de cerca y que solo ella le escuchará.
– ¿Sabe algo acerca de peleas o intentos de asesinato que se han dado en este lugar? – Preguntó, pues eran los comentarios que había escuchado.
Y lo cierto es que era mejor preguntar en el exterior a una mujer, que entrar en el interior de la posada con el uniforme de marine y hacer saltar las alarmas. Si lo hacía posiblemente sería un posible objetivo, de agresión o de intento de homicidio.
Cuando se acercó a la entrada de la posada pudo ver a una mujer en el exterior de esta, cantado, aquello se le hizo extraño por lo que decidió acercarse para saber si había ocurrido algo, o había algún motivo por el que se mantuviera en el exterior de la posada. Especialmente por que tampoco es que hubiera mucho gente en el exterior, que pudieran darle algo.
Dejó que terminará de cantar, y cuando terminó, la aplaudió y le dejó un par de monedas, para después hablar.
– Buenas. – Saludo de forma algo informal. – ¿Todo bien? ¿Está todo tranquilo? – Preguntó, esperando de aquella forma sacar algo de información. Ella no estaba en el interior de la posada, por lo tanto era complicado que lo supiera.
No estaba seguro de que aquello pudiera servir de mucho, no obstante, no presionar a las personas era lo que mejor resultado daba, y aunque realmente le interesaba el interior de la posada, el hecho de que hubiera una mujer en el exterior sin un aparente motivo se le hacía raro. Se acomodó el parche que tapaba lo que era la zona diestra de su cabeza y miró alrededor, hacia la puerta principal de la taberna, en principio todo parecía ir con normalidad, pero su mirada volvió a centrarse en la mujer con la que se acababa de encontrar.
Carraspeó un par de veces mirando alrededor, entonces se acercó un poco más a la mujer para hablarle de cerca y que solo ella le escuchará.
– ¿Sabe algo acerca de peleas o intentos de asesinato que se han dado en este lugar? – Preguntó, pues eran los comentarios que había escuchado.
Y lo cierto es que era mejor preguntar en el exterior a una mujer, que entrar en el interior de la posada con el uniforme de marine y hacer saltar las alarmas. Si lo hacía posiblemente sería un posible objetivo, de agresión o de intento de homicidio.
Cuantos menos riesgos, mejor…
