29-04-2026, 01:09 AM
Las instalaciones, silenciosas, discretas y ocultas al resto de la isla, hasta el momento no han tenido un solo problema, nadie se atrevió a adentrarse en las montañas y seguir a los guardias hasta ese lugar, bien por miedo a ser los siguientes en desaparecer o miedo a descubrir un secreto siniestro y oscuro que rompa su mente en lugar de ayudar a los desaparecidos. Lo habitual es que en este edificio solo entren el personal autorizado y aquellos que nadie vuelve a ver, sin que nadie realmente sepa lo que les ocurre ni para qué los buscan. El lugar mantiene el aspecto exterior antiguo, aunque renovado para asegurar la estabilidad de la estructura y que no parezca que se va a derrumbar en cualquier momento debido a las inclemencias del clima y posibles ataques de la fauna local, la cual es bastante fiera y peligrosa si no sabes lidiar con ella o evitarla. Las dos piratas, quienes confían la una en la otra y son tan cercanas, o puede que incluso más, como dos hermanas nacidas en distintas situaciones y lugares, han llegado a una sala que miren donde miren ven claramente lo que parece ser una especie de laboratorio o sala médica, pero más concretamente es como si fuese un almacén de equipo médico y de investigación, teniendo al fondo lo que parece ser una gran pared con una separación casi lo bastante translúcida como para ver el otro lado, pero no lo suficiente para distinguir con claridad lo que hay más allá, solo sombras y figuras moviéndose como una imagen distorsionada.
La sala está completamente desierta y en un silencio sepulcral sin contar los pasos de las dos visitas inesperadas, por fortuna por un tiempo parece que nadie se percata de su presencia ni tampoco parece que hayan detectado movimiento inusual ni tampoco parece que nada les llame lo suficiente la atención como para desviar la atención de la misteriosa operación que paree estar por empezar en la misteriosa sala tras el misterioso cristal del fondo. En el silencio del lugar unos golpes se escuchan con más claridad, pero no lo bastante fuertes como para alertar a los posibles guardias, una secuencia de golpes con diferentes pausas e intensidades, como si trataran de hablar en un lenguaje concreto, probablemente algo similar al código morse o los mensajes de telégrafos, una forma de esconder el mensaje en una especie de código que requiere de una clave para entender, mayormente destinado a comunicaciones cerradas entre dos personas conocedoras del código y la clave el mismo.
La pelirrosa más hiperactiva del lugar, la que casi tira uno de los recipientes de la sala al suelo, se acerca a lo que parece ser una trampilla, o simplemente una zona del suelo más desgastada y distinta pero no tiene porque ser una trampilla, puede ser un respiradero disfrazado. La otra muchacha, de aspecto y un carácter aparentemente más brusco y violento, se acerca a la que descubrió la zona, y tras apartarla empieza a golpear la zona, siendo que tras el primer impacto se escucha un suave crujido bajo su pie y al mirar de cerca puede ver que parte del suelo se ha “roto”, aunque en realidad solo ha separado las piezas de un curioso e intrincado sistema hecho para disimular un respiradero pensado para que renovar el aire en una habitación inferior sin destacar demasiado. Ese es el motivo por el que, a pesar del silencio que inundaba la zona, podían seguir escuchando esos golpes y otros sonidos provenientes de un piso inferior al que se encuentran. Los siguientes sonidos escuchados son casi claramente los de alguien ajustando su posición, suaves roces de algo ligero y suave contra una superficie rígida, muy frecuentes en presos y sujetos en cautiverio.
Casi al instante de que so ocurra el sonido de pasos llega a los oídos de Maki y María, dos conjuntos diferentes de pasos, un par más pesados tras las luces y las alarmas que se escuchan por todo el lugar, como si estuviera ocurriendo una invasión militar, pero dadas las actividades que llevan a cabo en ese edificio, es normal que no quieran que nadie salga de allí para delatarlos. Los pasos resuenan por el pasillo, un sonido casi metálico llenando el aire entre sirenas y alarmas, acercándose con un paso calmado y decidido mientras detrás de las jóvenes el sonido metálico de unas puertas reforzadas cerrándose, notando como buscan evitar que los invasores indaguen demasiado, quedando la puerta de salida abierta, disponible para escapar, sin embargo las piratas no parecen moverse a simple vista, hasta que una puerta se abre en la pared, y de ella salen dos figuras, un hombre vestido con un extraño atuendo negro y una peculiar máscara ocultando su rostro, a su lado otro hombre, este si lleva su rostro descubierto, con unas gafas y un pelo bien cuidado, viéndose en su cintura lo que parecen ser dos armas a distancia, aunque no están tan a la vista y puede ser cualquier otra cosa. La figura de la máscara lleva una especie de bastón manteniendo ambos una postura calmada y una expresión de control antes de que el sujeto de la máscara hable con un sonido rasgado y aspirado, como si algo bloqueara la salida de sonido.
-Disculpen señoritas, me gustaría dejarlas marchar, pero lamentablemente han presenciado algo que no debían, así que las haré partícipes de nuestra pequeña investigación. No teman, como médico juro que no sufrirán, y el gran Al Zarandonga, no rompe su palabra.-
El otro sujeto mira a las invasoras con una expresión difícil de leer, no se sabe si es asco, odio o solo desprecio generalizado, pero su mirada se fija concretamente en la mestiza y dice
-Vaya suerte tenemos señor Zarandonga, creo que podemos expandir el experimento a otras especies.-
El sujeto de la máscara mira a Maria con atención, esbozando una sonrisa oculta por la máscara y dice a su compañero, quien muestra ahora una sonrisa desagradable
-Eso parece señor Ortiz, pero la otra no parece dispuesta a entregarse, me encargaré de ella, usted llévese a la muchacha de atrás.-
El hombre enmascarado empieza a caminar hacia Maki, mientras levanta el bastón, sujetándolo de forma que cubre la parte frontal de su cuerpo, como si lo usara de adorno o de método disuasorio para que la pirata no ataque. A su vez, el otro sujeto se acerca lentamente a Maria con las manos a los laterales, casi como si pensara que eso ayudaría a que la joven se entregue voluntariamente a ser usada en experimentos. Cada paso que da el sujeto lo acerca más y más a la pelirosa, hasta que en un punto extiende su mano buscando el cuello de la mestiza, intentando inmovilizarla así y evitar que huya.
La sala está completamente desierta y en un silencio sepulcral sin contar los pasos de las dos visitas inesperadas, por fortuna por un tiempo parece que nadie se percata de su presencia ni tampoco parece que hayan detectado movimiento inusual ni tampoco parece que nada les llame lo suficiente la atención como para desviar la atención de la misteriosa operación que paree estar por empezar en la misteriosa sala tras el misterioso cristal del fondo. En el silencio del lugar unos golpes se escuchan con más claridad, pero no lo bastante fuertes como para alertar a los posibles guardias, una secuencia de golpes con diferentes pausas e intensidades, como si trataran de hablar en un lenguaje concreto, probablemente algo similar al código morse o los mensajes de telégrafos, una forma de esconder el mensaje en una especie de código que requiere de una clave para entender, mayormente destinado a comunicaciones cerradas entre dos personas conocedoras del código y la clave el mismo.
La pelirrosa más hiperactiva del lugar, la que casi tira uno de los recipientes de la sala al suelo, se acerca a lo que parece ser una trampilla, o simplemente una zona del suelo más desgastada y distinta pero no tiene porque ser una trampilla, puede ser un respiradero disfrazado. La otra muchacha, de aspecto y un carácter aparentemente más brusco y violento, se acerca a la que descubrió la zona, y tras apartarla empieza a golpear la zona, siendo que tras el primer impacto se escucha un suave crujido bajo su pie y al mirar de cerca puede ver que parte del suelo se ha “roto”, aunque en realidad solo ha separado las piezas de un curioso e intrincado sistema hecho para disimular un respiradero pensado para que renovar el aire en una habitación inferior sin destacar demasiado. Ese es el motivo por el que, a pesar del silencio que inundaba la zona, podían seguir escuchando esos golpes y otros sonidos provenientes de un piso inferior al que se encuentran. Los siguientes sonidos escuchados son casi claramente los de alguien ajustando su posición, suaves roces de algo ligero y suave contra una superficie rígida, muy frecuentes en presos y sujetos en cautiverio.
Casi al instante de que so ocurra el sonido de pasos llega a los oídos de Maki y María, dos conjuntos diferentes de pasos, un par más pesados tras las luces y las alarmas que se escuchan por todo el lugar, como si estuviera ocurriendo una invasión militar, pero dadas las actividades que llevan a cabo en ese edificio, es normal que no quieran que nadie salga de allí para delatarlos. Los pasos resuenan por el pasillo, un sonido casi metálico llenando el aire entre sirenas y alarmas, acercándose con un paso calmado y decidido mientras detrás de las jóvenes el sonido metálico de unas puertas reforzadas cerrándose, notando como buscan evitar que los invasores indaguen demasiado, quedando la puerta de salida abierta, disponible para escapar, sin embargo las piratas no parecen moverse a simple vista, hasta que una puerta se abre en la pared, y de ella salen dos figuras, un hombre vestido con un extraño atuendo negro y una peculiar máscara ocultando su rostro, a su lado otro hombre, este si lleva su rostro descubierto, con unas gafas y un pelo bien cuidado, viéndose en su cintura lo que parecen ser dos armas a distancia, aunque no están tan a la vista y puede ser cualquier otra cosa. La figura de la máscara lleva una especie de bastón manteniendo ambos una postura calmada y una expresión de control antes de que el sujeto de la máscara hable con un sonido rasgado y aspirado, como si algo bloqueara la salida de sonido.
-Disculpen señoritas, me gustaría dejarlas marchar, pero lamentablemente han presenciado algo que no debían, así que las haré partícipes de nuestra pequeña investigación. No teman, como médico juro que no sufrirán, y el gran Al Zarandonga, no rompe su palabra.-
El otro sujeto mira a las invasoras con una expresión difícil de leer, no se sabe si es asco, odio o solo desprecio generalizado, pero su mirada se fija concretamente en la mestiza y dice
-Vaya suerte tenemos señor Zarandonga, creo que podemos expandir el experimento a otras especies.-
El sujeto de la máscara mira a Maria con atención, esbozando una sonrisa oculta por la máscara y dice a su compañero, quien muestra ahora una sonrisa desagradable
-Eso parece señor Ortiz, pero la otra no parece dispuesta a entregarse, me encargaré de ella, usted llévese a la muchacha de atrás.-
El hombre enmascarado empieza a caminar hacia Maki, mientras levanta el bastón, sujetándolo de forma que cubre la parte frontal de su cuerpo, como si lo usara de adorno o de método disuasorio para que la pirata no ataque. A su vez, el otro sujeto se acerca lentamente a Maria con las manos a los laterales, casi como si pensara que eso ayudaría a que la joven se entregue voluntariamente a ser usada en experimentos. Cada paso que da el sujeto lo acerca más y más a la pelirosa, hasta que en un punto extiende su mano buscando el cuello de la mestiza, intentando inmovilizarla así y evitar que huya.
Pandora's Box

