29-04-2026, 10:06 AM
El marine no pudo ni pestañear ante las palabras de el gyojin que tenia en frente. Tragó saliva. La púa seguía donde estaba. -Se llama Frak. - La voz le salió fina, calibrada para no mover demasiado el cuello y clavarse la pua. -No sé si tiene apellido. Nunca lo dijo y yo no pregunté. No me interesaba- Miró hacia el callejón por donde había desaparecido el mink, como si esperara que volviera, como si eso fuera algo que pudiera ocurrir y no quisiera que ocurriera.-Llegó hace tres semanas. Solo. No con ningún barco que yo viera llegar, simplemente estaba. Un día no estaba y al siguiente sí, y empezó con los pescadores esa misma tarde. - Hizo una pausa. - Yo no le busqué. Él me buscó a mí. Me dijo que era temporal, que en cuanto llegara alguien a recogerle se iba y el asunto quedaba entre nosotros.- hizo otra pausa y miraba de reojo otros callejones sobre los que empezaban a escucharse mas pasos -Nunca llegó nadie. Cada vez estaba más... inquieto. Estos últimos días preguntaba si habían atracado barcos que yo no hubiera registrado. Cargueros, sobre todo. - Sus ojos fueron solos hacia el cajón de madera oscura, con la lona descorrida y la placa metálica en la base apenas visible. Los apartó demasiado rápido. -El cajón lleva cuatro días en el muelle. No vino en ningún barco que yo procesara. Apareció una mañana y nadie reclamó la carga. Frak lo miraba. Mucho. Pero nunca lo tocó. Cualquiera de este lugar sabe que no tiene que tocar los cajones con esa marca-
Cerró la boca. Había llegado al límite de lo que sabía o al límite de lo que estaba dispuesto a decir antes de ver qué cara ponía el gyojin. Probablemente las dos cosas a la vez. A cuatro metros de allí, Hideo seguía de pie junto al segundo atracadero. Tenía las monedas en el puño. Cuando el marine, con movimientos lentos y muy conscientes de la púa, sacó una bolsa del cinturón y se la ofreció sin levantarse del todo, Hideo la miró primero a ella y luego al gyojin.
No dijo nada, no hacía falta.
El sol había terminado de bajar detrás de los tejados naranja de Baquella. La plaza quedó en esa luz de entre horas que no es día ni noche ni de dia. El cajón de madera oscura seguía ahí, con la lona medio descorrida y la placa metálica en la base captando lo último de la luz. Goldreich - Transferencia Interna 7-B. Cuatro días sin que nadie viniera a buscarlo.
Baquella seguía siendo un pueblo pequeño. Demasiado pequeño para lo grande que habia detrás de esto.
Cerró la boca. Había llegado al límite de lo que sabía o al límite de lo que estaba dispuesto a decir antes de ver qué cara ponía el gyojin. Probablemente las dos cosas a la vez. A cuatro metros de allí, Hideo seguía de pie junto al segundo atracadero. Tenía las monedas en el puño. Cuando el marine, con movimientos lentos y muy conscientes de la púa, sacó una bolsa del cinturón y se la ofreció sin levantarse del todo, Hideo la miró primero a ella y luego al gyojin.
No dijo nada, no hacía falta.
El sol había terminado de bajar detrás de los tejados naranja de Baquella. La plaza quedó en esa luz de entre horas que no es día ni noche ni de dia. El cajón de madera oscura seguía ahí, con la lona medio descorrida y la placa metálica en la base captando lo último de la luz. Goldreich - Transferencia Interna 7-B. Cuatro días sin que nadie viniera a buscarlo.
Baquella seguía siendo un pueblo pequeño. Demasiado pequeño para lo grande que habia detrás de esto.
Resumen
