¡Su plan de momento había empezado a funcionar!
Lo supo en el momento en que la mujer ordenó a las niñas a que se marcharan del lugar, pues les había dicho que el rubí había pedido un deseo que solo le podía conceder estando a solas. Exactamente, cuanto más lejos estuvieran las niñas, mejor. Pasará lo que pasara en aquel lugar lo mejor es que no fuese ante los ojos de menores de edad, sería traumático para ellos, ocurriera lo que ocurriera. La serpiente que la mujer llevaba al cuello y que acariciaba de vez en cuando tampoco le inspiraba mucha confianza, a saber si era venenosa o algo. O a saber si aquella criatura podía atacarle en cualquier momento. Sería algo sobre lo que prestar atención.
Posteriormente la mujer siguió diciendo que para ella no había mayor honor que complacer a un pelirrojo, los cuales decía que poseían una energía vital incomparable y una belleza similar a la del sol. En ese momento se daba cuenta de que la mujer estaba bastante mal de la cabeza, sin duda, pero de momento prefería callar, que ella dijera lo que tuviera que decir. Después de todo, debía seguir con el papel un poco más.
Cuando menciono lo de su ojo, se le puso la piel de gallina cuando dijo que le haría pagar al que le había causado aquello y que descansaría mejor tras trascender, claramente tenía intención de matarlo igualmente, algo que ya se esperaba… De una mujer así no podía esperar menos… ¡PRETENDÍA MATAR A UNA NIÑA SOLO POR SER PELIRROJA! Si eso no era estar fatal de la cabeza, que le dijeran que lo era.
– El que me hizo eso ya murió hace tiempo… El alcohol se encargó de él. – Se rascó la nuca. – No hace falta que tome cartas en el asunto. – Tragó saliva.
Y finalmente, pudo ver como la mujer se quedaba callada y hacía como si alguien le hablara al oído, lo que le causó bastante mal rollo, y cuando volvió a hablarle las cosas no es que mejoraran demasiado. ¡No solo quería matarlo durante el acto! Una cosa es que le dejaran con el calentón, pero cortarle el polvo mediante asesinato era algo que no podía consentir… Sin embargo… Debía seguir en el papel.
No pudo decir nada pues ella le besó, de una forma bastante suave y delicada. Debía decir que para estar loca no besaba mal. Siguió el beso unos segundos para después alejarse suavemente y dedicarle una sonrisa seductora de las suyas.
– Antes de trascender y ofrecerle mi sangre, me gustaría ver su cuerpo desnudo, una última visión completa antes de pasar al acto y ofrecer mi alma a la Gran Serpiente. – Decía sonriente, clavando su único ojo en ella.
La verdadera intención de Jesse es que ella se quitara la ropa, de esa forma tendría la guardia más baja y podría tener éxito su ataque.
Solo había una cosa clara.
De esa sala del sacrificio solo saldría uno con vida…
Jesse. el tuerto pelirrojo
