Podía escuchar con claridad los latidos de mi corazón, desbocados por la adrenalina del momento y por la verguenza. Mis mejillas comenzaron a teñirse lentamente de un rojo cada vez más intenso dejando en evidencia mi vulnerabilidad, Un leve temblor recorría mi cuerpo destruyendo todo a su paso como si un fantasma me hubiera besado la nuca; ahora sí, me sentía más expuesta de lo habitual. Pero todo eso no importaba lo que realmente me importaba y me lastimaba mi orgullo, Era encarar a aquel albino, quien con una expresión podía proclamarse triunfante. Como un galán demasiado seguro de sí mismo. Aquello no hizo más que estremecerme, pero no precisamente por nervios, sino por el coraje que comenzaba a hervir en mi interior. ¿Insinuar que lo hacía a propósito? Por un instante, realmente quise arrojarle aquella prenda directo a la boca para que dejara de decir tonterías. Sin embargo, sabía que reaccionar de esa manera solo empeoraría la situación, solo alimentaria su ego.
Mientras se encogía de hombros, adoptó ese porte seductor que parecía salirle con naturalidad y su sonrisa se ensanchaba cada vez más como un niño que ganaba algun juego de azar. Cuando me crucé con esta persona, jamás habría imaginado toparme con alguien de su calaña o mejor dicho con su personalidad. Aun así, al ofrecerme su ayuda, escuché sus palabras con claridad incluso aquel susurro que por algún motivo parecía venir cargado de un doble sentido dirigido a mí. Instintivamente quise replicar de inmediato, pero las palabras se me quedaron atrapadas en la garganta cuando volvió a mencionar el incidente de mis manos, planteándolo como si se tratara de una deuda que debía saldar ahora.Me quedé completamente muda, Fue una buena jugada como si un rayo hubiera caído directamente sobre mi cabeza, apagando cualquier impulso de negarme o discutir. Tragué saliva mientras trataba de encontrar una excusa, cualquier salida que me permitiera escapar de aquella situación… pero no había nada— *Mierda… me pasa por idiota*—pensé mientras buscaba alguna salida.
Pero la conversación seguía su curso, como si alguien marcara el ritmo de un baile del que no podía escapar. El albino no cesaba con aquella lengua afilada, cada palabra suya era un corte directo contra mi orgullo. Y esta vez su ingenio logró erizarme la piel ¿Era una amenaza? ¿O estaba declarando una especie de guerra silenciosa en la que yo podía salir perjudicada? Aun así, mi espíritu se negó a retroceder. Algo dentro de mí me empujaba a seguirle el juego,incluso si eso significaba exponerme más de lo debido. Sin pensarlo demasiado, me acerqué a él hasta quedar a escasos centímetros. No medí la distancia realmente, simplemente actué por inercia. Lo sujeté con fuerza por la camisa, mientras con la otra mano sostenía la prenda que amenazaba con caer al suelo —Pero qué hombre tan descarado… —solté, con la voz firme aunque cargada de tensión— Cualquiera pensaría que eres un santo con esa cara de ángel que tienes… pero incluso mi mal habito es demasiado puro en comparación — Volví a sostenerle la mirada como si el cielo quisiera pelear contra el oceano. La diferencia de altura podría haber intimidado a cualquiera, pero no a mí. Mi espíritu de lucha seguía intacto. Pero en ese mismo instante recordé mi propio comportamiento de momentos antes, el coraje me invadió de golpe pues parte era mi culpa, soltandolo de inmediato y, sin decir nada más, pasé a su costado para dirigirme hacia el vestido que yacía sobre la arena.
Me incliné para recogerlo mientras, en el proceso, intentaba acomodar mi sostén con cierta torpeza. Tras unos segundos de esfuerzo, finalmente logré vestirme como era debido. No me importaba realmente si el albino miraba o no; aun así, cuando me giré para encontrarlo nuevamente, sacudí ligeramente el cabello antes de alzar la vista y sostenerle la mirada —Kagura —me presenté al fin, con firmeza. Luego lo observé de arriba abajo, como evaluándolo por completo—¿Y tú? Déjame adivinar… por ese porte de niño rico, galán y seductor, tu nombre debe ser… Marty.
Era un nombre al azar, dicho más por impulso que por lógica. En el fondo, solo quería encasillarlo un poco, del mismo modo en que él parecía haberlo hecho conmigo.—¿Bien? —continué, cruzándome de brazos—¿A dónde quieres ir? Después de todo, debo pagar una deuda…--Las últimas palabras salieron casi a regañadientes. Solté un leve suspiro; no era precisamente mi idea pasar la noche con alguien así, pero tampoco parecía tener muchas opciones.
De pronto, un gruñido traicionero rompió el momento.Parpadeé, algo sorprendida, y llevé una mano a mi estómago en un gesto instintivo. Era evidente: tenía hambre.Volví a mirarlo, esta vez con menos tensión y un poco más de apacible—¿Qué tal una cerveza? —propuse al final—Con eso estaremos a mano --Aunque, si era honesta conmigo misma, lo que realmente quería era algo mucho más satisfactorio que eso, ademas de querer golpearle el rostro.
Pero la conversación seguía su curso, como si alguien marcara el ritmo de un baile del que no podía escapar. El albino no cesaba con aquella lengua afilada, cada palabra suya era un corte directo contra mi orgullo. Y esta vez su ingenio logró erizarme la piel ¿Era una amenaza? ¿O estaba declarando una especie de guerra silenciosa en la que yo podía salir perjudicada? Aun así, mi espíritu se negó a retroceder. Algo dentro de mí me empujaba a seguirle el juego,incluso si eso significaba exponerme más de lo debido. Sin pensarlo demasiado, me acerqué a él hasta quedar a escasos centímetros. No medí la distancia realmente, simplemente actué por inercia. Lo sujeté con fuerza por la camisa, mientras con la otra mano sostenía la prenda que amenazaba con caer al suelo —Pero qué hombre tan descarado… —solté, con la voz firme aunque cargada de tensión— Cualquiera pensaría que eres un santo con esa cara de ángel que tienes… pero incluso mi mal habito es demasiado puro en comparación — Volví a sostenerle la mirada como si el cielo quisiera pelear contra el oceano. La diferencia de altura podría haber intimidado a cualquiera, pero no a mí. Mi espíritu de lucha seguía intacto. Pero en ese mismo instante recordé mi propio comportamiento de momentos antes, el coraje me invadió de golpe pues parte era mi culpa, soltandolo de inmediato y, sin decir nada más, pasé a su costado para dirigirme hacia el vestido que yacía sobre la arena.
Me incliné para recogerlo mientras, en el proceso, intentaba acomodar mi sostén con cierta torpeza. Tras unos segundos de esfuerzo, finalmente logré vestirme como era debido. No me importaba realmente si el albino miraba o no; aun así, cuando me giré para encontrarlo nuevamente, sacudí ligeramente el cabello antes de alzar la vista y sostenerle la mirada —Kagura —me presenté al fin, con firmeza. Luego lo observé de arriba abajo, como evaluándolo por completo—¿Y tú? Déjame adivinar… por ese porte de niño rico, galán y seductor, tu nombre debe ser… Marty.
Era un nombre al azar, dicho más por impulso que por lógica. En el fondo, solo quería encasillarlo un poco, del mismo modo en que él parecía haberlo hecho conmigo.—¿Bien? —continué, cruzándome de brazos—¿A dónde quieres ir? Después de todo, debo pagar una deuda…--Las últimas palabras salieron casi a regañadientes. Solté un leve suspiro; no era precisamente mi idea pasar la noche con alguien así, pero tampoco parecía tener muchas opciones.
De pronto, un gruñido traicionero rompió el momento.Parpadeé, algo sorprendida, y llevé una mano a mi estómago en un gesto instintivo. Era evidente: tenía hambre.Volví a mirarlo, esta vez con menos tensión y un poco más de apacible—¿Qué tal una cerveza? —propuse al final—Con eso estaremos a mano --Aunque, si era honesta conmigo misma, lo que realmente quería era algo mucho más satisfactorio que eso, ademas de querer golpearle el rostro.

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