[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada
#5
Los tres marines intercambiaron unas pocas palabras, entre preocupaciones y observaciones, mientras avanzan por la calle principal. Después, cada uno tomo se enfocó en aquello que más le atraía. En el caso de Stroud fue su curiosidad; aquella duda que les había expresado a sus compañeros exigía respuesta misma que buscaba conseguir de aquellos hombres que se encontraban cerca de la taberna. Para Bertram lo más importante era ayudar a aquel anciano del trineo a pesar de no pedir ayuda pues el marine pelirrojo era alguien que actuaba noblemente sin importar que se lo pidieran o que le evaluaran. Kibai por su parte se mostró primero precavido, desplegando una red de avispas, y luego curioso siendo atraído hacia el centro de la calle donde las campanadas siguen sonando, atrayendo a más y más gente.
 
Stroud no tarda demasiado en descubrir que los tres hombres apostados frente a la taberna llevan bebiendo desde el día anterior pues la borrachera les delata en su postura, su aroma, su voz y la forma en que arrastran las palabras al hablar. Tras formular su pregunta los tres hombres echan a reír como desquiciados, como si lo que hubiese preguntado Stroud fuera el remate de un chiste perfectamente contado. El más alto de los tres, un hombre de complexión robusta con una cicatriz en la barbilla y el gorro de lana torcido sobre la oreja derecha, es quien le responde primero con una carcajada lenta y condescendiente – “¿y tu quien mierdas eres? niño bonito” – arrastra las palabras con la lengua pastosa, su aliento cargado de alcohol barato – “búscate la vida tú solito.” – los tres empujan la puerta de la taberna y desaparecen dentro sin mirar atrás. Si el marine busca conseguir información, le urgen dotes de amabilidad y mostrarse más alegre para ganarse la confianza de unos extraños que, además, para su infortunio, van más borrachos que una cuba.
 
Mientras tanto, cincuenta metros más al sur, Bertram empuja el trineo cargado de leña junto a un anciano de espalda encorvada y manos curtidas que lo ha mirado de reojo un par de segundos antes de aceptar la ayuda con un asentimiento tranquilo y un – “gracias” – con voz cansada por el arduo trabajo. El trineo avanza con más facilidad ahora hacia la herrería, cuya chimenea humea a unos treinta metros por delante de los dos. El anciano escucha la pregunta de Bertram con calma y al responder lo hace con voz grave y pausada – “Lo raro no se ve, se escucha” – dice de forma críptica, y sin más preámbulo rebusca en el bolsillo de su abrigo y pone en la mano del marine un caramelo de menta envuelto en papel encerado y dice – “gracias” – nuevamente antes de empujar la puerta de la herrería y desaparecer dentro con el trineo. El marine no llega a percibir nada raro en las acciones del anciano ni en lo que esta ocurriendo en la herrería, pero se queda con un sabroso caramelo de menta como pago por su ayuda. Quizás la gente del Reino Sakura le respetarían mas si fuera montado en su mascota oriunda de este país, pero ese escenario lo ha cortado de raíz tras dejarle dentro del Royal Quiver anclado al puerto de Drum.
 
Kibai, por su parte, no avanza tan discretamente como hubiera podido desear. Las avispas que ha liberado a su alrededor son cincuenta razones de peso para que los habitantes del Reino Sakura, acostumbrados a un invierno que mata cualquier insecto antes de que pueda verse, decidan que hay sitios mejores donde estar. Los niños son los primeros en apartarse, luego los adultos, ambos alejándose del zumbido inquietante de aquellas criaturas terroríficas para los ojos de los habitantes de este pueblo. El pasillo que se abre espontáneamente a ambos lados del mink leopardo lo conduce directamente hasta el borde de los veinte civiles congregados alrededor del hombre de la campana en el centro exacto de la calle quienes al ver llegar a las avispas cubriendo 19 metros de distancia en formación de tela siguiendo al Mink escapan despavoridos de la zona. El hombre de la campana está de espaldas a Kibai, completamente envuelto en un abrigo de pieles oscuras que le cubre desde los hombros hasta los tobillos y cuya capucha deja ver poco más que la mandíbula mientras agita la campana con la mano derecha exclamando – “No se vayan ¡Por favor! Necesito su ayuda para lidiar con las hordas de animales salvajes y llevar los suministros hasta el castillo” – sin embargo, rápidamente se queda solo, aun de espaldas a Kibai, sin entender por que la gente ha huido tan rápidamente de la zona. Al darse la vuelta entiende el motivo y, enojado, se dirige a Kibai diciendo – “¿pero que crees que estas haciendo idiota? Trayendo un enjambre de avispas a tus espaldas. Ahora nunca podré hacer llegar mis suministros vitales al castillo.” – termina con voz de urgencia mientras señala por encima de los Drum Rockies hacia donde se encuentra el castillo del reino.
 

 
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[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada - por Fuguwu - 24-04-2026, 11:16 PM
RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada - por Fuguwu - 30-04-2026, 01:58 PM
RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada - por PX-6 - 16-06-2026, 04:13 PM

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