30-04-2026, 02:25 PM
El manotazo no pilló desprevenido a Stroud, que, precisamente por aquel tipo de reacciones, solía seguir una estricta política de no entablar contacto físico con civiles durante su servicio a menos que fuese absolutamente necesario. Normalmente, aquello hubiera podido ser tratado como una agresión a la autoridad, pero no detectó malicia alguna en aquello. Optó por permanecer en silencio, observándola mientras se peinaba una vez se hubo puesto nuevamente en pie; se volvió a bajar las mangas de la camisa, ajustándose los puños meticulosamente, y colocó ambas manos tras su espalda, esperando.
Entonces, para su sorpresa, la enorme chica hizo una exageradísima reverencia. La mayoría de la gente, incluyéndolo a él mismo, consideraba que algo tan elemental le iba en el sueldo. No vio su mueca, claro. Stroud levantó ambas manos en un ademán de quitarle importancia y fue a decir algo, pero, de nuevo para su sorpresa, ella hizo una señal para que esperase, y pareció ir a buscar algo a unos metros de allí. Al arco dibujado por su ceja se acentuó cuando se percató de que la chica había empezado a escribir sobre una libreta. Ahora que caía, no había pronunciado una palabra en todo aquel rato, ni siquiera para pedir ayuda. ¿Era muda? ¿Tímida? Se agachó sobre el suelo un instante, tomando la gorra que él mismo había dejado caer. Con sumo ciudado, la sacudió contra su propia pierna, quitándole el polvo, y asegurándose de que volviese a estar pulcra antes de ceñírsela en la cabeza una vez más.
Leyó con atención el texto que la chica le señalaba en su libreta. La letra era grácil y patosa a la vez, como hubiese cabido esperar. "¡N-no se preocupe! ¡Yo estoy bien!," dijo, alzando un poco la voz, aun manteniendo lo inmutable de su tono. Se dio cuenta entonces de que probablemente no hiciese falta gritar. Se le hacía un poco raro tratar con alguien en aquella tesitura. Vaciló por un instante. "Esto... ¿Que le sucede a menudo? ¿Esto mismo?," inquirió. Optó por callarse, y, una vez la chica se hubo sentado, se acercó y examinó su cabeza. En efecto, no parecía nada grave. "Creo que ha sido más un susto que otra cosa, yo no me preocuparía si fuera usted," afirmó finalmente. Sus conocimientos de medicina eran, cuanto menos, limitados, pero suficientes como para cerciorarse de que su vida estaba lejos de correr peligro.
"No se ofenda, pero no creo que nadie tenga excesivo interés en que se haya caído al riachuelo este, no se preocupe. No es algo que vaya a ir contando por ahí," afirmó, terminando de examinar los pequeños rastros de sangre seca entre los mechones de su cabello. "Pero, si le pasa a menudo, no me extraña que cargue con esa fama," admitió, ajustándose la gorra adecuadamente. "No tiene nada que agradecerme. Sea cortés con el próximo agente de la Marina que se encuentre, con eso basta," afirmó. "Yo me llamo Stroud, Contramaestre Stroud Redgrave, por cierto. ¿De dónde ha salido y cómo ha llegado hasta aquí, si me permite preguntárselo?," inquirió con curiosidad, sentándose en una roca a escasa distancia de la skypiean. No todos los días se encontraba uno con gente alada.
Entonces, para su sorpresa, la enorme chica hizo una exageradísima reverencia. La mayoría de la gente, incluyéndolo a él mismo, consideraba que algo tan elemental le iba en el sueldo. No vio su mueca, claro. Stroud levantó ambas manos en un ademán de quitarle importancia y fue a decir algo, pero, de nuevo para su sorpresa, ella hizo una señal para que esperase, y pareció ir a buscar algo a unos metros de allí. Al arco dibujado por su ceja se acentuó cuando se percató de que la chica había empezado a escribir sobre una libreta. Ahora que caía, no había pronunciado una palabra en todo aquel rato, ni siquiera para pedir ayuda. ¿Era muda? ¿Tímida? Se agachó sobre el suelo un instante, tomando la gorra que él mismo había dejado caer. Con sumo ciudado, la sacudió contra su propia pierna, quitándole el polvo, y asegurándose de que volviese a estar pulcra antes de ceñírsela en la cabeza una vez más.
Leyó con atención el texto que la chica le señalaba en su libreta. La letra era grácil y patosa a la vez, como hubiese cabido esperar. "¡N-no se preocupe! ¡Yo estoy bien!," dijo, alzando un poco la voz, aun manteniendo lo inmutable de su tono. Se dio cuenta entonces de que probablemente no hiciese falta gritar. Se le hacía un poco raro tratar con alguien en aquella tesitura. Vaciló por un instante. "Esto... ¿Que le sucede a menudo? ¿Esto mismo?," inquirió. Optó por callarse, y, una vez la chica se hubo sentado, se acercó y examinó su cabeza. En efecto, no parecía nada grave. "Creo que ha sido más un susto que otra cosa, yo no me preocuparía si fuera usted," afirmó finalmente. Sus conocimientos de medicina eran, cuanto menos, limitados, pero suficientes como para cerciorarse de que su vida estaba lejos de correr peligro.
"No se ofenda, pero no creo que nadie tenga excesivo interés en que se haya caído al riachuelo este, no se preocupe. No es algo que vaya a ir contando por ahí," afirmó, terminando de examinar los pequeños rastros de sangre seca entre los mechones de su cabello. "Pero, si le pasa a menudo, no me extraña que cargue con esa fama," admitió, ajustándose la gorra adecuadamente. "No tiene nada que agradecerme. Sea cortés con el próximo agente de la Marina que se encuentre, con eso basta," afirmó. "Yo me llamo Stroud, Contramaestre Stroud Redgrave, por cierto. ¿De dónde ha salido y cómo ha llegado hasta aquí, si me permite preguntárselo?," inquirió con curiosidad, sentándose en una roca a escasa distancia de la skypiean. No todos los días se encontraba uno con gente alada.

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