30-04-2026, 08:36 PM
El día había llegado, y el momento era excelente. Takano se encontraba en el interior, al menos por un momento, ya que uno de sus compañeros parecía haberle llamado para mantener una corta conversación. En un inicio, para dar a conocer la orden de su jefe, terminando aquella conversación en una charla que se alargó más de lo normal. Preguntas inesperadas, dado que Takano parecía conocer al médico que iba a llegar, además del propio Jin. El interés estaba creciente en el lugar, todos con una imagen dura y seria del cirujano, qué locura, qué inocentes, no se esperaban en absoluto lo que se venía. Por eso mismo, los hombres que custodiaban la entrada, al ver a Hyákinthos, solo hicieron una mueca, arqueando una ceja, con un “No” rotundo. —Si quiere usted ver al señor Onizuka, tendrá que realizar una cita previa jovencito. — El papadeo constante solo los hizo creer que ese hombre se había equivocado de lugar. Iba a expulsarlo, hacerlo alejarse, hasta que la puerta se abrió de repente, revelando el cabello rojizo del que ya se había apreciado previamente.
—¡Ah! Perdón, perdón, me entretuve. Cherry debería llegar en-... ¡Oh! — La sonrisa del pelirrojo se dibujó con una emoción en la mirada, elevando los ojos desde la cabeza hasta los pies del pelirrosa, por lo menos hasta tres veces.
—Estábamos a punto de expulsar a este individuo. Dice que...
—¿Expulsarlo? ¡Es quien espera el jefe! No les hagas caso Cherry. — Ahora, los rostros de los individuos que custiodiaron la entrada se llenó de absoluta confusión. Uno de ellos con un arqueo de cejas, el segundo, que portaba gafas de sol, parecía que le descendían por la nariz. Takano ignoró la estupefacción de los hombres, acercándose al pelirrosa, extendiéndole la mano. —¡Bienvenido Cherry! El Jefe suele ser puntual también, pero todavía faltan cosas que preparar. ¡Pasa, pasa! Saben que te estaba esperando, solo me distraje un poco con algunas cosas.
Takano, al fin, abrió la puerta por completo, dejando pasar al pelirrosa, a la espera de que lo siguiera, recordando entonces algo, un pequeñísimo detalle. —Oh, ya, olvidé lo del viejo... Ehhmm... Algo dijo el Jefe de intentar recordarte... Hmmm... — Miró a su alrededor, analizando su entorno pacientemente. —Por ahora mejor cuando no nos mire nadie, por favor Cherry, sígueme y te guío hasta la oficina del Jefe.
Uno de los hombres agarró a Takano del brazo, serio, con la mirada seria clavada en él. —¿Estás seguro de que es él? Quiero decir... No parece...
—¿Dudas de la decisión del Jefe? Sabes que no suele equivocarse. — Apartó bruscamente su mano. —Se lo puedes preguntar tú mismo. — Volvió la mirada hacia Cherry, esta vez volviendo a una sonrisa más amable y agradable. —Como iba diciendo, sígueme Cherry, por favor. — Ahora sí, guió al joven por el club. Había personas claramente influyentes, al menos económicamente. Hombres, mujeres... Algunos más jóvenes, otros más adultos. Las luces se veían tenues, el aire se respiraba tenso, provocador, casi como un burdel, estaría cerca de estarlo. Droga derramada por las mesas en cuanto uno se adentraba más, billetes que parecían no darles importancia, dinero, provocaciones... Pero Takano lo ignoró todo, hasta llegar a una puerta y descender por unas escaleras. La puerta, claramente, tenía una seguridad rigurosa, para que los “clientes” de aquel local no entrasen por casualidad ni capricho. La vigilancia estaba dentro, tuvo que dar una contraseña vocal para tener el permiso de entrar. Además, los hombres claramente estaban armados por si las cosas escalaban demasiado.
Una vez traspasaron la puerta, se cerró detrás de ellos. La oscuridad fue lo primero que les dio la bienvenida. Takano comenzó a palpar por las paredes, hasta dar con un interruptor que iluminó lo que parecían escaleras que descendían por debajo del nivel del local. Las paredes no se veían tan elegantes, pero sí impecables, solo algo antiguas. —A ver... El jefe dijo que volviera a presentarme. — Volteó la mirada, tratando de mantenerse cerca del médico, con la sonrisa característica del joven. —Soy Takano, nos conocimos hace pocos días en el... en la farmacia. El viejo fue muy amable con nosotros, ¿recuerdas algo? Nos dijo que tenías un problema de memoria. — Se señaló a sí mismo, con el pulgar, como un niño orgulloso de lo que estaba diciendo. —Fue un gran rescate, esa lluvia estaba horrible ese día. Recuerdo que no reconociste al jefe y me hiciste reír a carcajadas. Ay, todavía no olvido lo del acosador... jeje... — Cubrió sus labios, con una mirada maliciosa, una risita por lo bajo, divertida, entretenida. —No se lo digas al jefe, no quiero que se vuelva a enfadar. — Le guiñó un ojo por un lado, divertido, con un dedo entre sus labios en señal de silencio, como si con eso pudiera guardar el secreto, inocente al creer que lo podría recordar.
Siguió sus pasos, hasta que al final de las escaleras encontraron un pasillo. Era más elegante, preparado. Había varias puertas en los laterales, todas de madera, sin nada concreto. Pronto el pelirrojo frenó en una de las puertas de la derecha, llamando a la puerta. —Jefeeee.
El pelirrojo se sobresaltó, sus hombros elevándose en sorpresa. —¿Jefe? ¿Está bien? — Elevó su mano, con la mano en el pomo de la puerta.
—Te dije que no me molestes a menos que sea algo importante. — La voz de Jin, desde el interior, sonaba algo ronca, muy, muy molesta.
Se escucharon arañazos desde el lado de la puerta, el sonido del segundo golpe parecía más fuerte al anterior. Cuando Takano intentó mover el pomo de la puerta, solo se escucharon susurros, una voz hablando tan bajo que no podía comprenderse del todo. —¿Eh? ¿Por qué está cerrada la puerta? — Volvió a intentar abrir la puerta, sin éxito, claramente estando abierto por dentro. —Jefeeee.
—Habla desde fuera. Como no sea importante, te acordarás de esto. — La voz ahora sonaba más molesta, los arañazos se volvieron más persistentes desde el otro lado de la puerta.
—¿Tiene un gato allí dentro?
—Heh... — Hizo una pausa tras esa sonrisita sonora, de nuevo. —Podría decirse que algo así... — La cara de Takano se vio confusa, con falta de comprensión. —Habla de una puta vez o me encargo de que te acuerdes toda tu maldita vida.
—Ah, es que el señor Cherry está aquí conmigo. Dijo que le avisara si llegaba.
Ahora sí, fue más claro, el sonido de un gimoteo en el interior, muy leve, casi imperceptible, seguido de un nuevo golpe y un claro chasquido de lengua. —Se supone que quedan treinta minutos. — Lo dijo más para sí que para quienes se encontraban fuera. El sonido apresurado se escuchó ahora más veloz en el interior. Apenas fueron escasos minutos antes de que se escuchara el clic interior de la puerta abriéndose. —Pasad. — Abrió la puerta, solo viéndose Jin, con la corbata sin abrochar, su camisa algo desabrochada y caótica. Carraspeó, tratando de recuperar su voz más seria. Su expresión, sin embargo, seguía tan firme como de costumbre, omitiendo el humo del tabaco que lo acompañaba, y la rojez en sus mejillas, leve, pero perceptible. Había leves rastros de sudor en su rostro.
Se mantuvo en la puerta por un momento más, ahora confiando en su propio oído antes de terminar de escuchar el silencio absoluto en el interior de su oficina. —No lo esperaba tan pronto. Mis más sinceras disculpas. — Terminó de abrir la puerta, revelando a un joven, más o menos de la edad de Takano, en su caso algo más agitado, nervioso, el rojo ascendía por todo su rostro, su cabello corto despeinado, en un tono claro, entre rosado y albino, con un aspecto ligeramente andrógino, párpados alargados y aspecto delicado.
—S-si me disculpan... — Jin lo tomó de la muñeca, descendiendo sus labios hasta el oído del joven, con una media sonrisa divertida, susurrando algo que solo encendió más las mejillas del chico. —P-por supuesto... Gracias. — Miró entonces a Takano y a Hyákinthos de reojo, inclinando la cabeza de forma educada y amable. —Disculpen las molestias.
El joven se desvaneció, lejos de allí. Jin entró, despreocupado, dando una última calada al cigarrillo antes de entrar y apagarlo en el cenicero. Su aspecto se veía más serio esta vez.
Ahora, los ojos de Jin iban directamente hacia el pelirrojo. El joven elevó la mirada. —Ah, no, pero me dijo hace diez minutos que traía el producto en su hora, está de camino. — Jin se sentó en el asiento, cruzando sus piernas e invitando al pelirrosa a sentarse en una de las cómodas sillas frente a él. Takano, en cambio, parecía estar buscando con la mirada algo a su alrededor.
—Por favor, acomódese. Veo que es usted puntual. Siento el pequeño... improvisto. No estoy acostumbrado a que lleguen tan pronto. — Miró a Takano de reojo, señalándole con la mirada el segundo asiento que tenía al lado. —Si no recuerdo mal, el señor dijo que tenía usted un problema de memoria. Soy Onizuka Jin, no sé si recordará mi nombre. Soy la persona que lo ha citado hoy aquí para el trabajo. ¿Recuerda para qué vino? — No había burla en sus palabras, y pese a su aspecto, se mostraba claramente tranquilo, juntando ambas manos como si fuera el dueño de la estancia (que realmente así era). —Pronto vendrá alguien más que conoce un poco del tema. Si hace bien su trabajo, es posible que le acompañe cuando yo me encuentre ausente. Está de camino con el producto fresco. Puedo mostrarle si quiere mientras tanto el laboratorio que hemos preparado.
—Jefe, ¿y el gatito?
—¡Ah! Perdón, perdón, me entretuve. Cherry debería llegar en-... ¡Oh! — La sonrisa del pelirrojo se dibujó con una emoción en la mirada, elevando los ojos desde la cabeza hasta los pies del pelirrosa, por lo menos hasta tres veces.
—Estábamos a punto de expulsar a este individuo. Dice que...
—¿Expulsarlo? ¡Es quien espera el jefe! No les hagas caso Cherry. — Ahora, los rostros de los individuos que custiodiaron la entrada se llenó de absoluta confusión. Uno de ellos con un arqueo de cejas, el segundo, que portaba gafas de sol, parecía que le descendían por la nariz. Takano ignoró la estupefacción de los hombres, acercándose al pelirrosa, extendiéndole la mano. —¡Bienvenido Cherry! El Jefe suele ser puntual también, pero todavía faltan cosas que preparar. ¡Pasa, pasa! Saben que te estaba esperando, solo me distraje un poco con algunas cosas.
Takano, al fin, abrió la puerta por completo, dejando pasar al pelirrosa, a la espera de que lo siguiera, recordando entonces algo, un pequeñísimo detalle. —Oh, ya, olvidé lo del viejo... Ehhmm... Algo dijo el Jefe de intentar recordarte... Hmmm... — Miró a su alrededor, analizando su entorno pacientemente. —Por ahora mejor cuando no nos mire nadie, por favor Cherry, sígueme y te guío hasta la oficina del Jefe.
Uno de los hombres agarró a Takano del brazo, serio, con la mirada seria clavada en él. —¿Estás seguro de que es él? Quiero decir... No parece...
—¿Dudas de la decisión del Jefe? Sabes que no suele equivocarse. — Apartó bruscamente su mano. —Se lo puedes preguntar tú mismo. — Volvió la mirada hacia Cherry, esta vez volviendo a una sonrisa más amable y agradable. —Como iba diciendo, sígueme Cherry, por favor. — Ahora sí, guió al joven por el club. Había personas claramente influyentes, al menos económicamente. Hombres, mujeres... Algunos más jóvenes, otros más adultos. Las luces se veían tenues, el aire se respiraba tenso, provocador, casi como un burdel, estaría cerca de estarlo. Droga derramada por las mesas en cuanto uno se adentraba más, billetes que parecían no darles importancia, dinero, provocaciones... Pero Takano lo ignoró todo, hasta llegar a una puerta y descender por unas escaleras. La puerta, claramente, tenía una seguridad rigurosa, para que los “clientes” de aquel local no entrasen por casualidad ni capricho. La vigilancia estaba dentro, tuvo que dar una contraseña vocal para tener el permiso de entrar. Además, los hombres claramente estaban armados por si las cosas escalaban demasiado.
Una vez traspasaron la puerta, se cerró detrás de ellos. La oscuridad fue lo primero que les dio la bienvenida. Takano comenzó a palpar por las paredes, hasta dar con un interruptor que iluminó lo que parecían escaleras que descendían por debajo del nivel del local. Las paredes no se veían tan elegantes, pero sí impecables, solo algo antiguas. —A ver... El jefe dijo que volviera a presentarme. — Volteó la mirada, tratando de mantenerse cerca del médico, con la sonrisa característica del joven. —Soy Takano, nos conocimos hace pocos días en el... en la farmacia. El viejo fue muy amable con nosotros, ¿recuerdas algo? Nos dijo que tenías un problema de memoria. — Se señaló a sí mismo, con el pulgar, como un niño orgulloso de lo que estaba diciendo. —Fue un gran rescate, esa lluvia estaba horrible ese día. Recuerdo que no reconociste al jefe y me hiciste reír a carcajadas. Ay, todavía no olvido lo del acosador... jeje... — Cubrió sus labios, con una mirada maliciosa, una risita por lo bajo, divertida, entretenida. —No se lo digas al jefe, no quiero que se vuelva a enfadar. — Le guiñó un ojo por un lado, divertido, con un dedo entre sus labios en señal de silencio, como si con eso pudiera guardar el secreto, inocente al creer que lo podría recordar.
Siguió sus pasos, hasta que al final de las escaleras encontraron un pasillo. Era más elegante, preparado. Había varias puertas en los laterales, todas de madera, sin nada concreto. Pronto el pelirrojo frenó en una de las puertas de la derecha, llamando a la puerta. —Jefeeee.
BAM
El pelirrojo se sobresaltó, sus hombros elevándose en sorpresa. —¿Jefe? ¿Está bien? — Elevó su mano, con la mano en el pomo de la puerta.
—Te dije que no me molestes a menos que sea algo importante. — La voz de Jin, desde el interior, sonaba algo ronca, muy, muy molesta.
¡BAM!
Se escucharon arañazos desde el lado de la puerta, el sonido del segundo golpe parecía más fuerte al anterior. Cuando Takano intentó mover el pomo de la puerta, solo se escucharon susurros, una voz hablando tan bajo que no podía comprenderse del todo. —¿Eh? ¿Por qué está cerrada la puerta? — Volvió a intentar abrir la puerta, sin éxito, claramente estando abierto por dentro. —Jefeeee.
—Habla desde fuera. Como no sea importante, te acordarás de esto. — La voz ahora sonaba más molesta, los arañazos se volvieron más persistentes desde el otro lado de la puerta.
—¿Tiene un gato allí dentro?
—Heh... — Hizo una pausa tras esa sonrisita sonora, de nuevo. —Podría decirse que algo así... — La cara de Takano se vio confusa, con falta de comprensión. —Habla de una puta vez o me encargo de que te acuerdes toda tu maldita vida.
—Ah, es que el señor Cherry está aquí conmigo. Dijo que le avisara si llegaba.
Ahora sí, fue más claro, el sonido de un gimoteo en el interior, muy leve, casi imperceptible, seguido de un nuevo golpe y un claro chasquido de lengua. —Se supone que quedan treinta minutos. — Lo dijo más para sí que para quienes se encontraban fuera. El sonido apresurado se escuchó ahora más veloz en el interior. Apenas fueron escasos minutos antes de que se escuchara el clic interior de la puerta abriéndose. —Pasad. — Abrió la puerta, solo viéndose Jin, con la corbata sin abrochar, su camisa algo desabrochada y caótica. Carraspeó, tratando de recuperar su voz más seria. Su expresión, sin embargo, seguía tan firme como de costumbre, omitiendo el humo del tabaco que lo acompañaba, y la rojez en sus mejillas, leve, pero perceptible. Había leves rastros de sudor en su rostro.

—Veo que apareció antes de lo previsto, señor Hyákinthos.
Se mantuvo en la puerta por un momento más, ahora confiando en su propio oído antes de terminar de escuchar el silencio absoluto en el interior de su oficina. —No lo esperaba tan pronto. Mis más sinceras disculpas. — Terminó de abrir la puerta, revelando a un joven, más o menos de la edad de Takano, en su caso algo más agitado, nervioso, el rojo ascendía por todo su rostro, su cabello corto despeinado, en un tono claro, entre rosado y albino, con un aspecto ligeramente andrógino, párpados alargados y aspecto delicado.
—S-si me disculpan... — Jin lo tomó de la muñeca, descendiendo sus labios hasta el oído del joven, con una media sonrisa divertida, susurrando algo que solo encendió más las mejillas del chico. —P-por supuesto... Gracias. — Miró entonces a Takano y a Hyákinthos de reojo, inclinando la cabeza de forma educada y amable. —Disculpen las molestias.
El joven se desvaneció, lejos de allí. Jin entró, despreocupado, dando una última calada al cigarrillo antes de entrar y apagarlo en el cenicero. Su aspecto se veía más serio esta vez.

—¿Avisaste a Rafael?
Ahora, los ojos de Jin iban directamente hacia el pelirrojo. El joven elevó la mirada. —Ah, no, pero me dijo hace diez minutos que traía el producto en su hora, está de camino. — Jin se sentó en el asiento, cruzando sus piernas e invitando al pelirrosa a sentarse en una de las cómodas sillas frente a él. Takano, en cambio, parecía estar buscando con la mirada algo a su alrededor.
—Por favor, acomódese. Veo que es usted puntual. Siento el pequeño... improvisto. No estoy acostumbrado a que lleguen tan pronto. — Miró a Takano de reojo, señalándole con la mirada el segundo asiento que tenía al lado. —Si no recuerdo mal, el señor dijo que tenía usted un problema de memoria. Soy Onizuka Jin, no sé si recordará mi nombre. Soy la persona que lo ha citado hoy aquí para el trabajo. ¿Recuerda para qué vino? — No había burla en sus palabras, y pese a su aspecto, se mostraba claramente tranquilo, juntando ambas manos como si fuera el dueño de la estancia (que realmente así era). —Pronto vendrá alguien más que conoce un poco del tema. Si hace bien su trabajo, es posible que le acompañe cuando yo me encuentre ausente. Está de camino con el producto fresco. Puedo mostrarle si quiere mientras tanto el laboratorio que hemos preparado.
—Jefe, ¿y el gatito?
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
