¿Cuantos tomates puede comer un Tomate? ¿Tomatelismo? :: Privado :: Pasado
#7
Narrador / María Merlot



No podía ser tan difícil…
Solo eran tres pasos…
¿Cuáles es que eran los tres pasos?

María había extendido las manos hacia el enfermo con la intención de que se apoyara en ella si no tenía las fuerzas para levantarse por sí mismo. La situación se mantenía igual, ella sentada a horcajadas sobre sus muslos, ajena a cualquier reacción involuntaria de su paciente tomatoso. Antes él le respondió sobre la historia de las rocas flotantes; que el oyente siguiera el hilo de sus ideas erráticas le resultaba encantador a la mestiza; por lo general, la mayoría si somos honestos, se hartaban del vórtice de palabras que a priori no parecían tener sentido pero que ocultaban su maravillosa manera de ver el mundo.

¿A-Así mejor?

El masculino se levantó, quedando sentado sobre su propio trasero a lo que ella le dedico una amplia sonrisa por ser tan colaborativo en pro de su recuperación — ¡Buen chico, Tomate! — lo felicito llena de alegría levantando su diestra y dándole unas palmaditas en la cabeza que se convirtieron en caricias juguetonas a su cabello, uno muy suave para ser de un hombre. De pronto la joven sintió las manos de Jesse en su cintura, un toque… inesperado pero no abusivo, o por lo menos así lo percibió y ella sabía bien cuando la tocaban por y para… “esas cosas” — ¡Ten cuidado! Si me haces cosquillas podría empezar a reírme, moverme y perder el control entonces el Paciente Tomate podría salir con mucha más kétchup brotando de su hombro — comento entre risas, no por cosquillas, sino por lo divertido de la escena en su cabeza, al tiempo que intentaba señalarlo con una no lograda seriedad.

¿Crees que podrás hacerlo? Imagino que el matasanos te habrá dicho “Quitar, limpiar y poner…” ¿No?

Cuando él comenzó a hablar más, ella acerco su rostro al suyo para escucharlo mejor… y considerando que estaban muy cerca, el espacio se redujo aun más. El único ojo verde estaba sobre ella, mientras los ámbar le prestaban toda la atención brillando con la travesura de alguien que esta disfrutando el curioso momento — ¡Claro que puedo, Tomate! — le dijo pero esta vez en un susurro, sentía que en esa burbuja hablar bajito era lo más adecuado… después de todo estaban muy próximos — Si, justo así lo dijo “quitar, limpiar y poner”... ¿Cómo lo supiste? ¿Escuchaste hasta aquí? ¡No sabía que los tomates tenían tan buen oído! — al decir eso, aun en baja voz, levanto ambos manos a los lados de su cabeza y con los dedos jugueteo con cada oreja del varón — … hay que cuidar los oídos de nuestro Tomate herido — bromeo con dulzura deslizando las yemas de los dedos en una suave caricia hasta llegar a cada lóbulo, en uno de ellos sintió un arete — … confía, todo estará bien… — le susurró pegando su frente a la suya, en un gesto lleno de calidez que buscaba trasmitirle optimismo y confianza. Luego soltó los lóbulos y regreso a su posición inicial, no tan cerca del hombre.

Ah, si… Gracias por tomarte tantas molestias por mi, eres un ángel, Kass.

Lo vio rascar su nuca, en un movimiento que lo hizo ver juvenil. María inclino la cabeza unos pocos grados pensando en que… parecía tener las mejillas rosadas contrastando con su rostro pálido… ¡Qué interesante la biología de un tomate! — No es ninguna molestia, y seguro un tomate como tu hubiera hecho lo mismo por mi — razono con un leve toque de timidez, algo impropio de ella... no se sentía especial por ayudarlo pero no pudo evitar mostrar una media sonrisa cuando le dijo “ángel” y luego hizo del horrible nombre de Pedro un diminutivo que le quitaba toda la esencia asquerosa que tanto odiaba —… perdiste la oportunidad de decirme ¿de que nube te caíste? Debemos trabajar en tu labia, Tomate — no pudo evitar seguir divirtiéndose con ese intercambio tan “refrescante”, algo que no solía experimentar en su día a día. Haberse escapado y estar en esa clínica de quinta estaba valiendo cada posible castigo que vendría de la mano de Corina si la descubría... y siempre lo hacía... — Kass… me gusta como ha sonado de tus labios… — dijo cerrando los ojos un momento, sin dejar de tener aquella media sonrisa enigmática — Kass… Kass… Kass — repitió saboreando la etiqueta renovada del yugo que cargaba — ¿Puedes decirlo de nuevo? Por favor — le pidió abriendo un poco los ojos, dos rejillas esperando la mágica medicina de una perspectiva… inocente.

¿Pero que estaba haciendo?
¡Él necesitaba atención!

Y ella se estaba perdiendo en la “normalidad” de una interacción que no tenia nada que ver son su… vida. María abrió los ojos, saliendo del trance en el que aquella voz y apodo la enjaulo — ¡Hay que tratar la herida! Si, la herida, no distraigas a la Enfermera Kass, Tomate… — lo amonesto como si él tuviera la culpa de sus propios deseos de ser alguien normal, con vida normal, en una ciudad normal, con una familia normal, con… todo lo que pudiera ser normal, común y corriente.

María tomo el agua que olía mar, la miro por un momento, luego la herida, después las vendas, otra vez la herida… ¡Si, lo tenía claro! — … quitar las vendas llenas de sangre… no te muevas, puedes sujetarte de mi cintura pero sin hacerme cosquillas… — musito para si misma después se dirigió a él. Con cuidado, usando solo los dedos índices y pulgares, fue quitando la tela rojiza, en uno que otro momento tuvo que volver a acercarse al pecho desnudo y cara del hombre, en especial para jalar de la venda trasera. Cuando destapo el tesoro escarlata hizo una mueca de dolor, estaba al rojo vivo, un punto se había soltado y otro iba rumbo al mismo destino — … cuanta kétchup — comento a nadie en particular lanzando las vendas lejos sucias al suelo —… ahora ¿pongo y luego limpio? ¿no? ¿sí? — murmuro buscando la mirada del ojo verde, en busca de aprobación — … seguro te duele muchísimo… — se lamento y eso le dio más razones para terminar rápido aquella intervención médica… sin embargo no todo sale como se esperaba...

La celeste se estiro para tomar el agua que olía a sal, con cuidado la dejo caer desde arriba de la herida para que fluyera por esta y se llevara cualquier rastro de algo contaminado. El agua, ahora colorada, se deslizo por el cuerpo, o más bien el lado del abdomen del hombre. Al ver que lo estaba empapando la mestiza detuvo el lavado — ¡Que tonta! Hay que poner algo… — se amonesto levantándose abruptamente sobre sus rodillas para tomar una de las vendas, que estaba un poco lejos, fue entonces cuando buscando apoyo para no perder el equilibrio… una de sus rodillas se posiciono sobre algo duro su pene, que paso por alto, y presiono con fuerza como un punto de soporte descargando todo su peso en este sin darse cuenta de lo que se trataba… ¿como reaccionaria el tomate tomataplastado?



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RE: ¿Cuantos tomates puede comer un Tomate? ¿Tomatelismo? :: Privado :: Pasado - por Maria Merlot - 01-05-2026, 02:46 AM

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