Cuarto Frío [Priv. Jin] [Pasado]
#3
“Una cita previa.”
 
Las palabras lo ofendieron por más que su rostro mostrara una expresión apacible.
 
¡Por supuesto que tenía una cita previa! No llegaría a un sitio de trabajo sin una, después de todo, su profesión, sus clientes, la medicina…esas eran 3 de las pocas cosas que solía tomar en serio, en donde dejaba atrás su actitud distraída.
 
Ese orangután de la entrada, como fue catalogado de inmediato en la mente del pelirrosa, tenía suerte de que el médico no fuera el mismo impulsivo de hace diez años, quien no habría dudado en partirle la boca por esa falta de respeto y de… ¿Acaso era…desprecio? Pero no, no ahora, no cuando las cosas parecían ir de maravilla con su nuevo socio.
 
Tomó aire y siguió con la misma cara de “yo no fui” con la que se presentó, aunque si las cosas seguían así, tal vez si se viera en la necesidad de hacer algo con los irrespetuosos. Fue una suerte que no tuvo que llegar a más para convencer a los hombres, pues justo, cuando su paciencia empezaba a acabarse, la puerta se abrió de golpe y, de ella, salió un pelirrojo que lo dejó perplejo.
 
Sí, primero se confundió, intentó rebuscar en su mente de quien se trataba; sin embargo, bien sabía que no era algo que lograría con facilidad, por lo que pasó página con rapidez y prefirió sonreírle como si en verdad lo recordara.
 
—Muchas gracias, creo que si no hubieras llegado a tiempo me habrían echado a patadas —. Con esas palabras respondía al saludo del pelirrojo, haciendo una leve inclinación de su cabeza y hablando con un tono cordial que ocultaba el disgusto por la situación con los guardias. —¡Ah! Creo que incluso tuve miedo. Soy muy delicado para estas cosas ¿Sabes? Tal vez no habría podido defenderme —. La carta de hacerse el inocente le quedaba como anillo al dedo; sin embargo, sus palabras iban cargadas con toda la intención de que los guardias lo escucharan, así sabrían que las cosas no se quedarían así.
 
Incluso, el médico notó bastante bien el gesto sutil con el que uno de los tipos tomó al pelirrojo del brazo y le susurró algo al oído. Para ese punto ya el pelirrosa había entrado al establecimiento, pero no se había alejado lo suficiente como para no notar esas sutilezas, por lo que, simplemente, alzó su cabeza con arrogancia y, desde su sitio, miró a uno de los guardias a los ojos, específicamente al que no estaba hablando con el chico de pelo rojo, pero, no con la misma inocencia de antes, si no dejando entrever un brillo malicioso que fue acompañado con la expresión de seriedad que dibujaban sus facciones ahora ensombrecidas por la luz tenue de la entrada del local.
 
Vio al hombre tragar saliva y, para Hyak, eso fue suficiente para sonreír satisfecho. Estaba más que seguro que ahora el sujeto entendía que la había cagado.
 
Solo cuando el alegre muchacho que lo recibió en la entrada se giró, el médico cambió su expresión a una mucho más amigable, sin que el pelirrojo pudiera sospechar nada de su leve interacción silenciosa con uno de los guardias.
 
—No tienes que repetirlo dos veces, te seguiré a donde desees —. Le sonrió al chico antes de adentrarse en un sitio que, a todas luces, era un club exclusivo. Era fácil notarlo por la vestimenta de las personas, por las maneras de hablar, por los gestos y expresiones que usaban con los empleados e, incluso, por la manera en que despilfarraban sin pensar en el mañana. No fue algo que sorprendiera al médico, de hecho, el mismo miraba con soberbia a algunos cuantos sujetos que se atrevieron a posar sus ojos sobre él, estando tan fuera de su categoría solo por su apariencia. Patéticos. Por esa razón permaneció cerca del muchacho, dejándose guiar hasta que entraron a un “terreno” en donde el ambiente cambiaba y, la seguridad, parecía ser lo primordial.
 
Dejó que el pelirrojo abriera la puerta y, mirando a los que custodiaban la entrada “secreta”, para que no olvidaran su rostro, pasó sin más demora, dejando atrás la música y el cuchicheo de los clientes del club para dar paso a un ambiente más calmado, privado y “oscuro”, bueno…al menos hasta que su acompañante encendió la luz. Bajó las escaleras con él, fijándose en cada recoveco que, evidentemente, luego olvidaría, pero que, por ahora, no le hacía mal tener en cuenta.
 
—Jmmm… ¡Ta…Takano! Claro —. Sonrió de medio lado, aunque en su mirada ausente se podía notar con claridad que no recordaba el nombre del muchacho. —¡Ah! Por supuesto, recuerdo la farmacia y al señor Percival…Podía recordar que esa noche la lluvia me atrapó en el sitio y que otros dos corrieron con la misma suerte, desafortunadamente, no puedo tener el placer de recordar haber tenido tan grata compañía —. Sonrío más confiado, dejando a un lado su gesto inocente para pasar a uno más coqueto, aunque pronto soltó una risa por el comentario del muchacho… ¿De verdad él había llamado acosador al hombre con él que se encontraría hoy? Si era así, tuvo suerte de que el trato no se cerrara antes de tiempo. —Creo que puedes estar tranquilo, no le diré nada a tu jefe…ni siquiera podía recordar el momento.
 
Se encogió de hombros, restándole importancia al asunto y, luego, siguió al muchacho por el pasillo, aunque…no podía quedarse quieto. Metió sus manos en uno de sus bolsillos y sacó de este un pequeño frasco con fragancia a menta que, al destaparlo, inundó el corredor con el aroma, aunque, para el médico la única manera de poder sentir aquel olor era acercarse el frasco a la nariz, cosa que hizo como si se tratara de un adicto que, técnicamente, casi lo era…No podía vivir sin ese aroma mentolado.
 
Finalmente, cuando llegaron a una puerta en la que el pelirrojo frenó en seco, el médico, por estar distraído con su pequeño vicio, chocó levemente con la espalda del muchacho. Se alejó un par de pasos, algo avergonzado por su torpeza; sin embargo, antes de que pudiera disculparse, escuchó un “golpe” proveniente desde el interior de la habitación en la cual se habían detenido.
 
El médico alzó una ceja y, aunque siguió aspirando el olor a menta, no le quitó los ojos de encima a la puerta, como si en cualquier momento pudiera salir algo de ahí, pero todo lo que escuchó fue la voz agitada de un hombre…una voz que había escuchado antes, aunque su difusa mente no pudiera dejárselo claro en otros momentos.
 
De nuevo el golpe. Eso hizo que el pelirrosa mirara a su acompañante con curiosidad… ¿A dónde se supone que lo había llevado? No podía entenderlo, aunque…
 
Los arañazos que se escucharon en el interior llegaron para poner la cereza sobre el pastel a la situación. No tenía que ser el más inteligente para comprender lo que podría estar sucediendo en el interior; sin embargo, no le comentó nada al otro chico, quien parecía empeñado en preguntar tonterías en lugar de ir al punto…tal vez así se habría ahorrado un posible regaño, aunque…de hecho, esa personalidad juguetona, curiosa e inocente —una inocencia genuina y no como la suya —, empezaba a agradarle al médico. El pelirrojo era una víctima perfecta.
 
—Y vaya que debe ser un gato bastante grande —. Murmuró más para sí que para el otro hombre, entendiendo el doble sentido en las palabras de quien estaba del otro lado de la puerta y al que, aparentemente, le interrumpía algo importante.
 
—Lo lamento…tengo la mala costumbre de llegar temprano —dijo lo bastante alto como para que se escuchara justo antes de que el hombre “misterioso” le diera la señal para pasar, una que el médico no dudó en desaprovechar, colándose en el interior de la habitación con agilidad y elegancia y, por supuesto, mirando de manera descarada la camisa entreabierta y el cabello medio despeinado de su anfitrión, aunque…lo que hizo más evidente la situación fue ver a un chico de un cabello entre platinado y rosa pálido que resultó todo un deleite para la vista del médico.
 
Sonrió de medio lado, no se había equivocado.
 
Dejó que el nervioso chico saliera de la habitación antes de hablar, aunque su mirada lo siguió por un instante más antes de que volviera su atención al pelinegro. Era tiempo de ponerse serio.
 
—Parece que he interrumpido algo importante. Espero me disculpe, pero, como le decía, tengo la mala costumbre de llegar temprano a mis citas —. Se movió con gracia por la habitación para luego aceptar el asiento que el pelinegro le ofrecía… ¿Cómo era su nombre? Tsk…lo había repasado antes de salir de su casa, incluso se lo había leído al guardia. Suspiró, tendría que conformarse con llamarlo de “usted”, al menos hasta que le recordara su nombre. —Señor…Creo que debí advertirle que no solo tengo mala memoria, si no que mi sentido de la orientación no es el mejor…así que, como sé que voy a perderme, prefiero salir antes para encontrar el lugar a tiempo ¿Lo entiende? —Se cruzó de piernas, no sin antes haber colocado su maletín en el suelo, a un lado de él.
 
—¡Oh! Jin, por supuesto, lamento la informalidad, pero su apellido es demasiado largo para recordarlo por el momento, aunque si nos llegamos a conocer mejor quizá llegue el día en que lo pueda llamar por su nombre completo —. La voz del médico sonaba tranquila, apacible, contrastando con ese tono perdido que tenía el día en que se encontraron en la farmacia de improviso. —Y sí, por supuesto que recuerdo a que vine. Mi memoria puede fallar con las caras, nombres y algunos acontecimientos de la vida diaria, pero nunca con mi trabajo. Sé que vengo a mostrar mis habilidades en la…medicina —. Disfrazó la situación lo mejor que pudo, por más que en esa habitación no hiciera falta. —Y estoy ansioso por hacerlo, porque le aseguro que no habrá visto a nadie mejor en el área —. Su confianza en sus habilidades era algo de lo que no temía presumir.
 
Apoyó su barbilla en el dorso de su mano, acomodándose en la silla mientras dejaba que el otro hombre le hablara, poniéndolo al tanto de la situación, una que, en verdad, poco le molestó…no es que le importara tener público.
 
—Bien, no me viene mal tener un asistente de vez en cuando para estos temas…espero que la persona que venga pueda adaptarse a mis exigencias en el área ¿Sabe? Es que hay cosas que me gusta hacer de maneras específicas para entregar un producto de buena calidad —. Al decir eso se levantó, dando a entender que aceptaba ver el laboratorio en el que iba a trabajar. —Por favor, si no es molestia guiarme al quirófano, estaré encantado de acompañarlo y…
 
¿Gatito?
 
Miró al pelirrojo con incredulidad y, antes de que el jefe pudiera responderle, se acercó a él y puso una mano sobre su hombro mientras le sonreía de oreja a oreja, claramente divertido.
 
—¿Si sabes que el gatito tiene el pelo blanco y rosa pálido y salió por esa misma puerta cuando llegamos? —Preguntó a modo de burla mientras que de la mano que se apoyaba en el hombro del pelirrojo se levantaba un dedo, el índice para ser exactos, y señalaba hacia la puerta. —¿Quieres ir a buscarlo? Aunque si haces eso, seguro nos desconcentrará en el trabajo y…eso no me agrada —. Eso último lo dijo con más seriedad, aunque tan disimulada que podría bien pasar como un comentario educado.
 
Cuando terminó de hablar con el pelirrojo, a quien recordó que había apodado “Chili”, se giró para quedar de nuevo frente a Jin.
 
—Por cierto, Señor Jin, dejando a un lado el tema del "gatito"… Hay algo que es preciso comentarle. Hasta ahora creo que hemos tenido una buena relación y tanto usted como Chili me han tratado muy bien, pero creo que no puedo decir lo mismo de los guardias en su entrada —. Más que una queja cargada de veneno, el tono usado por Hyak parecía cargar con una preocupación genuina y un leve destello de temor. Todo falso, pero era tan bueno fingiendo y haciéndose la víctima que era imposible de notar. —Por un momento creí que me golpearían cuando dije que tenía una cita con usted… ¿Suelen tratar así a los clientes del club? Podrían legar a ahuyentarlos… ¡Chili está de testigo del miedo que tuve! —Si se pudiera definir el rostro del médico en ese momento, con una sola palabra, esa sería “inocencia”. Sí, eso de fingir solía dársele especialmente bien.
 
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[Imagen: hyakocheja.png]
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Cuarto Frío [Priv. Jin] [Pasado] - por Hyákinthos - 21-04-2026, 08:35 AM
RE: Cuarto Frío [Priv. Jin] [Pasado] - por Hyákinthos - 01-05-2026, 08:10 AM

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