El lugar era oscuro frío rancio y sin un futuro o siquiera un rumbo u objetivo financiero. Era llamado el bar de La Milla Verde. Era famoso porque se reunían mercenarios y uno que otro bueno para nada dispuesto a arriesgar sus vidas en apuestas locas como la más común, recibir un disparo y no morir o jugar a la sillita musical. Todos deportes extremos, el primero por riesgo de muerte y el segundo por el riesgo de sentarte sobre uno de tus compañeros lo cual podría continuar navegando en el mar y aunque no lo crean resulta muy peligroso cuando cuatro hombres navegan por meses sin ver un ápice de tierra en el horizonte o a alguna chica guapa y perfumada.
El día había sido agotador, caluroso y lleno de las tareas más complicadas del mundo cómo preparar una buena caipiriña, elegir un excelente outfit o seleccionar correctamente el perfume que va con tu personalidad del día de hoy cosas muy complicadas si eres hombre claro. Esa mañana, John Bonachón se había levantado con ganas de hacer un concurso. Era el dueño del local, bartender, conserje, electricista, mesero y lastimosamente llegó una que otra vez a ser dama de compañía cuando encontró una peluca abandonada en el baño de mujeres hace 14 días.
La algarabía se hizo temprano, había llegado una banda de salvajes del Sur y eran llamados “La Banda” porque su nombre de banda era banda no porque fueran algo oficial o conformado, eran iletrados, estúpidos y tenían ganas de pelear. Cuando entró la líder de ellos que se hacía llamar Rompeespinas, conversó alegre un momento con John y en nada surgió. La apuesta era simple pararse frente a la puerta y darle un golpe con todas sus fuerzas al primero que abriera la puerta, solo habría que correr con los gastos de los destrozos y quizás con los gastos de sepultura.
El día estaba tan flojo y falto de emociones que estaba dispuesto a pagar por ambas. Puso con energía 40,000 berries sobre la mesa y sobre ellos un vaso de whisky y al lado una banana ¿Porque una banana? porque se necesita potasio para hacerse un buen pirata.
Los calambres en el mar son algo terrible
Rompespinas aceptó la oferta sin más palabras. Se paró frente a la puerta y echó su cuerpo hacia atrás y preparó su puño. Uno de sus compañeros miraba por la ventana con la mano alzada envuelto en risas y de pronto una figura se paró frente a ella, el compañero llamado “Lanza” simplemente miró a Rompeespinas y Rompespinas sonrió con su gran sonrisa, apuntó a la puerta apenas vio el pomo moverse y gritó —Defiéndete grandísimo hijo de la pescada de tu madre— lanzando un puño al aire esperando ganarse esos 40,000 berries y la banana, increíblemente era una mujer que no bebía porque todos saben que beber está mal y ella no era una idiota, solamente era un aspirante a pirata.
Su puño estaba envuelto en una tela exquisita llena de sangre y estaba segura que no lo había lavado desde que la compró cuando tenía 5 años A veces usaba su puño vendado con esa tela para moler ajo, nueces y golpear la masa para ablandarla porque su gran pasión oculta era ser cocinera, una cocinera de platillos exquisitos, deliciosos y nunca antes visto, sin embargo nunca tuvo el dinero para estudiar en una escuela de cocina por eso se sentía avergonzada, no por ser cocinera sino por nunca ser lo suficientemente valiente como para intentar serlo ahora con la avanzada edad de 23 años siendo la media 30 años de vida cuando vives en las montañas, estaba muy cerca de morir sin haber cumplido su sueño.
El día había sido agotador, caluroso y lleno de las tareas más complicadas del mundo cómo preparar una buena caipiriña, elegir un excelente outfit o seleccionar correctamente el perfume que va con tu personalidad del día de hoy cosas muy complicadas si eres hombre claro. Esa mañana, John Bonachón se había levantado con ganas de hacer un concurso. Era el dueño del local, bartender, conserje, electricista, mesero y lastimosamente llegó una que otra vez a ser dama de compañía cuando encontró una peluca abandonada en el baño de mujeres hace 14 días.
La algarabía se hizo temprano, había llegado una banda de salvajes del Sur y eran llamados “La Banda” porque su nombre de banda era banda no porque fueran algo oficial o conformado, eran iletrados, estúpidos y tenían ganas de pelear. Cuando entró la líder de ellos que se hacía llamar Rompeespinas, conversó alegre un momento con John y en nada surgió. La apuesta era simple pararse frente a la puerta y darle un golpe con todas sus fuerzas al primero que abriera la puerta, solo habría que correr con los gastos de los destrozos y quizás con los gastos de sepultura.
El día estaba tan flojo y falto de emociones que estaba dispuesto a pagar por ambas. Puso con energía 40,000 berries sobre la mesa y sobre ellos un vaso de whisky y al lado una banana ¿Porque una banana? porque se necesita potasio para hacerse un buen pirata.
Los calambres en el mar son algo terrible
Rompespinas aceptó la oferta sin más palabras. Se paró frente a la puerta y echó su cuerpo hacia atrás y preparó su puño. Uno de sus compañeros miraba por la ventana con la mano alzada envuelto en risas y de pronto una figura se paró frente a ella, el compañero llamado “Lanza” simplemente miró a Rompeespinas y Rompespinas sonrió con su gran sonrisa, apuntó a la puerta apenas vio el pomo moverse y gritó —Defiéndete grandísimo hijo de la pescada de tu madre— lanzando un puño al aire esperando ganarse esos 40,000 berries y la banana, increíblemente era una mujer que no bebía porque todos saben que beber está mal y ella no era una idiota, solamente era un aspirante a pirata.
Su puño estaba envuelto en una tela exquisita llena de sangre y estaba segura que no lo había lavado desde que la compró cuando tenía 5 años A veces usaba su puño vendado con esa tela para moler ajo, nueces y golpear la masa para ablandarla porque su gran pasión oculta era ser cocinera, una cocinera de platillos exquisitos, deliciosos y nunca antes visto, sin embargo nunca tuvo el dinero para estudiar en una escuela de cocina por eso se sentía avergonzada, no por ser cocinera sino por nunca ser lo suficientemente valiente como para intentar serlo ahora con la avanzada edad de 23 años siendo la media 30 años de vida cuando vives en las montañas, estaba muy cerca de morir sin haber cumplido su sueño.
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