¡No quiero asustarte pero debemos ir al fondo del mar! :: Privado :: Pasado
#3
Narrador / María Merlot



Las promesas siempre se cumplen…
Las promesas son inquebrantables…
Y ella acababa de prometer algo…

María acababa de hacer una promesa al hombre casi muerto, solo ella fue testigo de la misma pero eso no significaba que iba a incumplirla: JAMAS. Si había algo que tenía la mestiza, algo muy importante para ella en su esencia errática, era no dar esperanzas vacías… esos anhelos inalcanzables por diversos motivos: falta de voluntad, mentiras o simplemente crueldad. ¿Cuántas veces le prometieron salvarla? Demasiadas ¿Cuántas veces le fallaron? Todas… hasta que un hombre de ojos fantasmales sin decir nada, solo actuar, le demostró la excepción a la regla en su miserable vida.

La cuerda raspaba las muñecas de la mestiza, quien no dejaba de mover las manos atadas al poste para intentar soltarse. ¡Hyakinthos se iba a molestar con ella! Él detestaba verla herida, él parecía apreciar su salud más que nadie en el mundo… María suponía se debía a que fue el médico quien la trato en su peor momento, quien la trajo de nuevo a la vida, por eso se sentía responsable por ella realmente él solo lo hacia por ser una valiosa y rara espécimen que cruzaba lo mejor de la especie humana y las sirenas.

Aaaagh

La voz forzada y quejumbrosa del Regaliz la hizo paralizar sus intentos de soltarse, se enfocó en el bulto negro y sangrante. Sabia que estaba vivo por el movimiento en su espalda, el subir y bajar de la respiración, sin embargo, escucharlo y confirmarlo le dibujó una pequeña sonrisa en sus finos labios rosados: ¡Ya no tendría que cargar con un cadáver! ¿Hubiese cargado con el cadáver? ¡Claro que sí! Después de todo prometió sacarlos de ese lugar... 

¿Quién....eres tú?

Los ojos ámbar siguieron al hombre, lo vio moverse, darse la vuelta y revelar al fin su cara. Y no cualquier cara, sino LA CARA. María parpadeo una, dos, tres veces… estaba acostumbrada a la belleza, ella misma era un ejemplo o el malvavisco con el que comería arroz cuando saliera de ahí, pero el toque divino nunca dejaba de sorprenderla porque cada individuo poseía una particular manera de proyectarlo. Dónde ella era etérea y encantadora, este hombre rayaba en una sobriedad elegante arrebatadora, inmediatamente pensó en Hyakinthos… pero la belleza del médico era más delicada como un ave majestuosa, en cambio la de este Regaliz sangrante… la percibió masculina y cruda como un gorila dominando la tropa con el dedo meñique levantado.

¿Qué estaba viendo exactamente María?

La tenue luz de la antorcha dibujando sombras y luces en aquel rostro de formas angulosas y acabados potentes que incitaban a recorrer con sus dedos cada arista para descubrir su tacto, piel de alabastro contrastando con el cabello azabache que le daba un aura solemne que la incitaba a caotizarlo, ojos como un abismo sin fin… aunque aún no podía discernir su color pero daba igual porque la esencia estoica estaba ahí... un lord macho espalda plateada. 

Luego de evaluarlo, sin pudor alguno, un suspiro escapo de sus pulmones, un hilo lleno de reverencia y admiración hacia el Regaliz frente a ella: Una maravilla para la visión de cualquier mujer, hombre o animal. No era del tipo aspectista pero apreciaba las buenas vistas… ¿Por qué últimamente solo se encontraba con hombres hermosos? El malvavisco también lo era, de una forma contraria al Regaliz… ¡El Malvavisco! Pensar en el hombre la hizo recordar que tenía una cita y dos promesas que cumplir esa noche: 1. Ir al festival. 2. Sacar al pelinegro de ese cautiverio. Obviamente no las cumpliría en ese orden.

¿Quién....eres tú? ¿Dónde...estamos? ¿qué...m-me ha pasado?

Las palabras continuaron fluyendo del sujeto mientras ella estaba ensimismada pensado en su apuesto cascaron. Parecía ir recobrando la conciencia poco a poco, entendiendo que “no estaban bien”. Su voz confirmaba esa impresión de solemnidad, nada divertido o cálido… solo sobriedad elegante, pero no podía culparlo considerando la situación en la que acababa de despertar. María miro la habitación, aquella bodega que usaban para mantenerlos prisioneros, también sentía el movimiento de las olas lo que significaba que estaban navegando hacia quien sabe dónde…

Qué tú... ¿nos sacarás? Y... ¿qué te hace decir eso? Es que tú... ¿tienes más libertad de la que poseo yo?

La atención volvió a él, cuando soltó aquella retahíla de vocablos. María inclino la cabeza unos pocos grados a la derecha, no podía descifrar el sentido de sus palabras: sorpresa, burla o desprecio a su buena voluntad. Vaya, parecía que su personalidad era inversamente proporcional a su buena apariencia… pero considerando que estaba herido y aturdido en una situación desagradable le daría el beneficio de la duda... — María Merlot… — se presentó esbozando su natural sonrisa llena de encanto — No Chardonnay, Sauvignon Blanc, Albariño o Riesling… tampoco Cabernet Sauvignon, Malbec, Tempranillo o Pinot Noir… solo Merlot… ¿Sabes, no? “el vino del paso manso y elegante, el que sabe esperar en la barca de roble, un licor que se siente, cordial y vibrante, con cuerpo de guerrero y alma de noble” — le explico alegremente como si estuvieran en el medio de un parque viendo el cielo azul y hablando del clima — … como estamos en una bodega y tienes ese beso sangriento en la cabeza no vayas a confundirte. Todos mis amigos me dicen MM así que tú también puedes… — hizo una pausa suspensiva inclinándose hacia delante... hasta donde las ataduras le permitieron — … ser mi amigo y decirme MM, o decirme MM y ser mi amigo, o no ser mi amigo y decirme MM, o no ser ni mi amigo ni decirme MM… eres libres de decidir aunque no seas exactamente libre ahora mismo pero bueno, ¿te gusta el arroz? — bromeo en un susurro como si estuviera contándole un secreto, divago un momento, posterior le guiñó uno de los orbes ámbar con travesura para finalizar regresando a su posición inicial y preguntándole algo totalmente aleatorio.

La joven volvió a intentar desatarse pero estaba muy bien amarrada, tal vez él tenía razón… no podría ayudarlo sin ayudarse primero a ella, estaban en una situación algo difícil pero no imposible, María era optimista por naturaleza — … si te acercas te limpio la sangre con mi lengua, como cuando te cortas el dedo y lo chupas. Ñam Ñam — le propuso, en su cabeza sonaba a una gran idea, además debían hacer que dejará de sangrar… tanta mermelada de fresa fuera del Regaliz seguro haría que perdiera consistencia — … mi plan infalible para salir de aquí es… vencer a los malos, desatarnos, saltar del barco, rescatar a otros si los hay… — propuso con entusiasmo en un desorden de pasos pero después de todo era desorientada — … tu hazte le muerto, yo empiezo a gritar, ellos vendrán, les pestañare con coquetería sufrida, me desataran, correré, saltaré al mar, luego recordaré que sigues aquí, regresaré, me ataran de nuevo entonces repito el plan pero esta vez llevándote conmigo y todos viviremos felices y comeremos arroz… tengo una cita para comer arroz Regaliz, no puedo llegar tarde… y ya voy tarde... sino voy ahora... nunca más lo volveré a ver... — le propuso totalmente decidida y sin aliento luego de la cascada de palabras que le soltó al aturdido hombre, lo ultimo lo dijo con una voz baja denotando una pizca de tristeza si se perdia aquel encuentro con su Malvavisco — ¿Estas listo? En 3… 2… — le pregunto comenzando el conteo para poner en marcha su descabellado plan…



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RE: ¡No quiero asustarte pero debemos ir al fondo del mar! :: Privado :: Pasado - por Maria Merlot - 02-05-2026, 02:51 PM

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