02-05-2026, 09:03 PM
En los ojos de la chica se veía el reflejo del revoloteo de la emoción en su pecho. ¡Un secreto es algo muy poderoso, después de todo! Y lo que le había dicho no es algo que soliera ir diciendo por ahí. ¡Me daba bastante corte!
―¡Promesa, promesa! ―exclamé con idéntico susurro, contagiada por su energía.
Tal y como le advertí, al acariciarlas se me movían solas las orejas. ¡No podía evitarlo! Tuve que controlar un par de risitas mientras me tapaba la cara, irremediablemente avergonzada por la situación.
¡Pero me dio tanta penita cuando Akura dijo que había sido poquito!
―Bueno, si te portas bien, te dejaré tocarlas también otro día, pero no se lo digas a nadie ―dije bajito, guiñándole un ojo.
Sin embargo, no me pasó desapercibida la mirada hacia mi cola y la ilusión que despertó. La agité un poco casi sin querer, ya que estaba muy orgullosa de ella y los cuidados que le daba para que estuviera siempre supersuave y esponjosa.
Iba a sugerirle tocarla, ya que la cola no me hace tantas cosquillas, pero ella también debía de tener muy buen oído, porque se escondió tras de mí mirando hacia la puerta. Por suerte, Uker llegó y la distrajo mientras yo me encargaba de la comida y procuraba recuperar así mi color de rostro habitual. ¡Venga, Nyra, céntrate en el presente! ¡Los platos, los platos!
―Tiene sentido ―reí un poquito al imaginarlos pelearse por la comida como los niños que eran, ya al fin terminando de recuperarme del todo―. Al contratarme ya me dijeron cuántos platos hay que preparar, así que puedo ayudar a emplatar.
Después de todo, la cantidad de gente afectaría a la cantidad de comida que debía de haber en cada plato.
Mientras servíamos la comida, la joven no tardó en volver. Con el mismo cariño de siempre, mi compañero no solamente le ofreció una tabla y el cuchillo más seguro de la cocina, sino que también le daba pequeños consejos que ella, muy obedientemente, iba poniendo en práctica.
―Vaya, ¡eres toda una chef, Akura! Uker, tenemos que tener cuidado ―lo menté, desviando hacia él un instante la mirada antes de volver a dividirla entre la chica y nuevos platos que íbamos llenando― o si no, va a quitarnos el puesto. ¡Con suerte la contratan como nuestra jefe!
Reí un poquito al tiempo que mi cola se movía con suavidad tras de mí, feliz del buen trabajo que estábamos haciendo en equipo. Para ese momento, ya estábamos por terminar de servir, así que se me ocurrió hacer una sugerencia.
―Oye, ¿servimos nosotros en el comedor los últimos platos? ―inquirí con cierta curiosidad hacia el chico que era mi superior.
La verdad es que me preguntaba cómo serían los chicos y si conocerlos pudiera ayudarme a entender un poco la dinámica con Akura. ¿Sería que Uker la elogiaría ante los demás por cortar la fruta? ¿O lo evitaría para que no la acusaran de favoritismo o algo similar? Ojalá pudiéramos encontrar una manera de intentar que se llevaran todos bien...
―¡Promesa, promesa! ―exclamé con idéntico susurro, contagiada por su energía.
Tal y como le advertí, al acariciarlas se me movían solas las orejas. ¡No podía evitarlo! Tuve que controlar un par de risitas mientras me tapaba la cara, irremediablemente avergonzada por la situación.
¡Pero me dio tanta penita cuando Akura dijo que había sido poquito!
―Bueno, si te portas bien, te dejaré tocarlas también otro día, pero no se lo digas a nadie ―dije bajito, guiñándole un ojo.
Sin embargo, no me pasó desapercibida la mirada hacia mi cola y la ilusión que despertó. La agité un poco casi sin querer, ya que estaba muy orgullosa de ella y los cuidados que le daba para que estuviera siempre supersuave y esponjosa.
Iba a sugerirle tocarla, ya que la cola no me hace tantas cosquillas, pero ella también debía de tener muy buen oído, porque se escondió tras de mí mirando hacia la puerta. Por suerte, Uker llegó y la distrajo mientras yo me encargaba de la comida y procuraba recuperar así mi color de rostro habitual. ¡Venga, Nyra, céntrate en el presente! ¡Los platos, los platos!
―Tiene sentido ―reí un poquito al imaginarlos pelearse por la comida como los niños que eran, ya al fin terminando de recuperarme del todo―. Al contratarme ya me dijeron cuántos platos hay que preparar, así que puedo ayudar a emplatar.
Después de todo, la cantidad de gente afectaría a la cantidad de comida que debía de haber en cada plato.
Mientras servíamos la comida, la joven no tardó en volver. Con el mismo cariño de siempre, mi compañero no solamente le ofreció una tabla y el cuchillo más seguro de la cocina, sino que también le daba pequeños consejos que ella, muy obedientemente, iba poniendo en práctica.
―Vaya, ¡eres toda una chef, Akura! Uker, tenemos que tener cuidado ―lo menté, desviando hacia él un instante la mirada antes de volver a dividirla entre la chica y nuevos platos que íbamos llenando― o si no, va a quitarnos el puesto. ¡Con suerte la contratan como nuestra jefe!
Reí un poquito al tiempo que mi cola se movía con suavidad tras de mí, feliz del buen trabajo que estábamos haciendo en equipo. Para ese momento, ya estábamos por terminar de servir, así que se me ocurrió hacer una sugerencia.
―Oye, ¿servimos nosotros en el comedor los últimos platos? ―inquirí con cierta curiosidad hacia el chico que era mi superior.
La verdad es que me preguntaba cómo serían los chicos y si conocerlos pudiera ayudarme a entender un poco la dinámica con Akura. ¿Sería que Uker la elogiaría ante los demás por cortar la fruta? ¿O lo evitaría para que no la acusaran de favoritismo o algo similar? Ojalá pudiéramos encontrar una manera de intentar que se llevaran todos bien...
