03-05-2026, 12:35 AM
—Yo no pensé en nadie, Hae-won. Solo en ti. Si me hubieran dicho que te dejarían marchar a cambio de todas aquellas vidas, incluso la mía, las habría entregado antes de darme cuenta de que eso no es lo que tú desearías.
—... Hmmm…
Decir que en ese momento abrió los ojos es decir bastante. Tal vez porque ella no piensa del todo de ese modo, pero no puede culparlo. La mirada que le dirige a él es completamente clara y desprovista de hostilidad o reproches; sí le ha sorprendido, pero no le ha provocado ningún sentimiento ajeno, contrario o negativo hacia él. Sus reflexiones son interesantes. Escucharlo hablar y expresar aquello que tiene dentro de su mente le permite comprender un poco más el espectro que compone a St. George.
—Bueno, si en algo nos parecemos, supongo que es en el hecho de que somos capaces de dar la vida por el otro —Le sonríe, esta vez, un poco más aliviada—. Si algo me motivó a dispararle a ese pirata, fue impedir que tú salieras herido. La verdad es esa —Suspira, para volver la vista al horizonte que se presenta ante ellos, por la ventana—... Por un momento, pensé que te enojarías o espantarías por verme así de violenta o reactiva. No sé, en realidad a la gran mayoría de los hombres les desagradan las mujeres que sabemos disparar. No porque me haya pasado, pero lo he visto.
¡Sí, hay hombres que huyen de las mujeres fuertes, los muy cobardes!
La sola idea le arranca una sonrisa divertida y una pequeña carcajada. Cuando se acomoda el cabello hacia atrás, de manera inconsciente, aprovecha ese instante para volver la mirada a su pareja. Es cierto que le había salvado la vida… Y no había sido la primera vez, de hecho.
—Aprendí varias cosas de mí misma que se reafirmaron, así como otras que cayeron por su propio peso y yo di por sentada. Entre estas últimas, la idea de que lo volvería a hacer es recurrente —La joven no se levanta de su lugar, pero sí lo confronta—. Soy capaz de disparar y arruinar una vida si alguno de los míos está en peligro. Lo haría una y mil veces sin importarme las consecuencias que eso pudiese traer.
Es la mentalidad más egoísta que tiene: saber que es capaz de lo que sea por lo que es importante para ella. Afila ligeramente la mirada al comprender que no siempre será una persona honrada.
—Puede dar un poco de miedo esa afirmación, pero esa es la verdad. Soy una persona vengativa, y en extremo rencorosa. Me di cuenta de que no puedo perdonar una traición, aunque esa es una de las posturas que se ha reafirmado gracias a esa maldita experiencia —Vuelve la mirada a la ventana, ligeramente sonrojada al pensar en lo siguiente que dirá—... y tampoco podría escatimar en esfuerzos por ponerlos a ustedes a salvo, en especial a ti.
Pueden llamarla de muchas maneras: niña mimada, mosquita muerta, falsa e incluso cruel y mentirosa, pero le da muy igual. Ella entiende que hay una rectitud que seguir para transitar por el sendero correcto… Pero ningún sendero es uniforme e intachable. Hae-won tuvo que recurrir a la trampa para deshacerse de sus padres, por la venganza y el egoísmo. No dudó.
—Aún así, espero que no te espantes por mi lado feo.
Y esta vez, sonríe, aunque no lo mira directamente.
—... Hmmm…
Decir que en ese momento abrió los ojos es decir bastante. Tal vez porque ella no piensa del todo de ese modo, pero no puede culparlo. La mirada que le dirige a él es completamente clara y desprovista de hostilidad o reproches; sí le ha sorprendido, pero no le ha provocado ningún sentimiento ajeno, contrario o negativo hacia él. Sus reflexiones son interesantes. Escucharlo hablar y expresar aquello que tiene dentro de su mente le permite comprender un poco más el espectro que compone a St. George.
—Bueno, si en algo nos parecemos, supongo que es en el hecho de que somos capaces de dar la vida por el otro —Le sonríe, esta vez, un poco más aliviada—. Si algo me motivó a dispararle a ese pirata, fue impedir que tú salieras herido. La verdad es esa —Suspira, para volver la vista al horizonte que se presenta ante ellos, por la ventana—... Por un momento, pensé que te enojarías o espantarías por verme así de violenta o reactiva. No sé, en realidad a la gran mayoría de los hombres les desagradan las mujeres que sabemos disparar. No porque me haya pasado, pero lo he visto.
¡Sí, hay hombres que huyen de las mujeres fuertes, los muy cobardes!
La sola idea le arranca una sonrisa divertida y una pequeña carcajada. Cuando se acomoda el cabello hacia atrás, de manera inconsciente, aprovecha ese instante para volver la mirada a su pareja. Es cierto que le había salvado la vida… Y no había sido la primera vez, de hecho.
—Aprendí varias cosas de mí misma que se reafirmaron, así como otras que cayeron por su propio peso y yo di por sentada. Entre estas últimas, la idea de que lo volvería a hacer es recurrente —La joven no se levanta de su lugar, pero sí lo confronta—. Soy capaz de disparar y arruinar una vida si alguno de los míos está en peligro. Lo haría una y mil veces sin importarme las consecuencias que eso pudiese traer.
Es la mentalidad más egoísta que tiene: saber que es capaz de lo que sea por lo que es importante para ella. Afila ligeramente la mirada al comprender que no siempre será una persona honrada.
—Puede dar un poco de miedo esa afirmación, pero esa es la verdad. Soy una persona vengativa, y en extremo rencorosa. Me di cuenta de que no puedo perdonar una traición, aunque esa es una de las posturas que se ha reafirmado gracias a esa maldita experiencia —Vuelve la mirada a la ventana, ligeramente sonrojada al pensar en lo siguiente que dirá—... y tampoco podría escatimar en esfuerzos por ponerlos a ustedes a salvo, en especial a ti.
Pueden llamarla de muchas maneras: niña mimada, mosquita muerta, falsa e incluso cruel y mentirosa, pero le da muy igual. Ella entiende que hay una rectitud que seguir para transitar por el sendero correcto… Pero ningún sendero es uniforme e intachable. Hae-won tuvo que recurrir a la trampa para deshacerse de sus padres, por la venganza y el egoísmo. No dudó.
—Aún así, espero que no te espantes por mi lado feo.
Y esta vez, sonríe, aunque no lo mira directamente.
